El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, gira su postura crítica a China con el argumento de la “cooperación estratégica”

El tiempo está revelando los intereses políticos del presidente salvadoreño Nayib Bukele y en dos años de gobierno van desde los grises a la penumbra por tejer, sin ningún tipo de consideración ética o prejuicio ideológico, alianzas que lo alejan de la democracia y lo acercan al comunismo chino.

Bukele sigue los pasos del izquierdista Salvador Sánchez Cerén, quien antes de entregarle el poder estrechó sus vínculos con China congelando sus relaciones con Taiwán, la isla que históricamente mantiene una disputa con China para que le reconozca su independencia.

Él mantiene intacta esta disposición y su gesto ha tenido frutos. Un doctorado honoris causa otorgado a Nayib Bukele por la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín por ser “una figura importante a nivel mundial, con un nivel de aceptación histórico y un líder transformador de la política en el mundo” abrió el camino a la “cooperación estratégica” con el régimen de Xi Jinping.

Esa senda cada día se amplía para convertir al país centroamericano en un “hub” asiático. Para alcanzar este cometido, Pekín aprovecha el ego y la volatilidad del carácter del mandatario millennial para fustigar a Estados Unidos en una región que ha sido su área de influencia natural por décadas. Para allá se inclina la balanza.

Encuentros estratégicos 

Los pasos para avanzar con China se dan desde todos los costados. El legislador recién elector por su partido Nuevas Ideas, Ernesto Castro, ya se reunió con la embajadora de China en El Salvador, Ou Jianhong, para intercambiar ideas sobre “futuros programas de cooperación” entre la nación asiática y el país.

No solo parlamentarios del partido de Bukele mueven las relaciones, también su vicepresidente Félix Ulloa. En la cuenta en Twitter de la embajada de China en el país centroamericano divulgan los «logros de la cooperación» que se están «profundizando» entre ambos países porque son «espontáneos y generosos».

De lo hondas que están las relaciones hay pruebas. Ya Xi Jinping le regaló recursos —sí, le regaló porque fue una “gigantesca cooperación no reembolsable” según Bukele— para construir un nuevo estadio nacional de fútbol, una nueva biblioteca nacional, una planta potabilizadora de agua y entre otros proyectos.

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Todavía hay miradas con recelo por estos obsequios socialistas, entre ellas las del diputado Norman Quijano, miembro del principal partido opositor Alianza Republicana Nacionalista (Arena) quien se pregunta, ¿qué tipo de compromisos adquirió El Salvador a cambio de esa ayuda?.

Parece que la respuesta está de anteojo. Ya no quedan rastros de aquel presidente recién electo hace dos años que criticó al gigante asiático por no ser —dijo— respetuoso con su país, faltar a las reglas del comercio, manipular la moneda y entrometerse en las democracias.

Cambio sin relevancia 

Su giro político en Estados Unidos no inquieta. El vocero del Departamento de Estado, Ned Price, resta importancia a su acercamiento con China por el envío de dos millones de vacunas desde Pekín.

“No va a ser política de Estados Unidos forzar a nuestros aliados a escoger entre Estados Unidos y China. Ofrecemos una alianza que sea de beneficio para nuestros aliados y para los intereses de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental”.

Al margen de esta postura diplomática queda sobre las brasas que “Nayib Bukele se ha tornado en un personaje absolutamente impredecible. Luego de entablar lo que parecía una franca relación de amistad y respeto con Estados Unidos —y en específico con el expresidente Donald Trump— su cercanía con Norteamérica parece haberse difuminado en los últimos meses”, asegura La Gaceta.

Censura e intolerancia 

Quien no ha dejado pasar las prácticas de Nayib Bukele es José Manuel Vivanco, director de la división para las américas de Human Rights Watch, quien le cuestiona su «carácter autoritario».

Basado en un “Estado de emergencia nacional” y un decreto que restringe garantías constitucionales impulsa detenciones arbitrarias, según un veredicto del máximo tribunal constitucional.

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia ordenó frenar las detenciones el pasado 8 de abril aclarando que Bukele, la Policía Nacional Civil, la Fuerza Armada y cualquier otra autoridad tienen constitucionalmente prohibido privar de libertad en la forma de confinamiento o internamiento sanitario forzoso a quienes incumplan la orden de cuarentena domiciliar.

Pero el presidente no ha dado señales de querer acatar la orden judicial y se desquitó con Vivanco bloqueándolo en Twitter por visibilizar su arbitrariedad. «Prefiere rodearse de halagos y que ante la crítica no tiene ninguna tolerancia». Quizás eso es lo encuentra en la muralla.

Gabriela Moreno – panampost.com