Quedando propensos a separaciones familiares forzadas, extorsiones y discriminación hoy venezolanos caminan junto a guatemaltecos, hondureños y salvadoreños en búsqueda del llamado sueño americano. El recorrido lo hacen desde Tapachula, en el estado de Chiapas (sureste) hacia la frontera norte de México.

Escapar del chavismo por tierra y a pie, con sol, lluvia y hambre, mientras las costillas resisten el peso de un equipaje corroído y los brazos contienen a los hijos que lloran cansados, así como sedientos, es el plan de los venezolanos que buscar llegar a Estados Unidos. Solo que esta travesía la hacen a través de las caravanas migratorias en México.

Ahora caminan junto a los guatemaltecos, hondureños y salvadoreños en búsqueda del llamado sueño americano. El recorrido lo hacen desde Tapachula, en el estado de Chiapas (sureste) hacia la frontera norte de México.

Bajo esta modalidad, según sus planes, se facilita el proceso porque al estar en grupos reciben más asistencia. Sin embargo, se equivocan. El tránsito es lo más cercano a una pesadilla, ante los operativos del Instituto Nacional de Migración (INM) en el país azteca, cuyo objetivo es dispersarlos.

Un calvario

El testimonio de Alejandra Gutiérrez en El Universal de México confirma el calvario que representa ser uno en las filas de esos migrantes que quieren ir contra todo pronóstico a Estados Unidos. Ella perdió a uno de sus cuatro hijos en medio de forcejeos con autoridades migratorias mexicanas, quienes le pedían entregarse.

«Una agente migratoria tiró al piso a mi hija de 13 años que llevaba al niño más chico, de un año. Yo tenía a mis dos niñas agarradas, la de cinco y la de tres años. A mí me agarraron por una mano y me hicieron que la soltara. Les gritaba que me dejaran agarrar a mi niña y no me dejaron (…) No era necesaria la violencia. Nosotros no íbamos a correr y no íbamos a hacer nada porque estábamos con niños”.

La familia entera se entregó para volver a Tapachula y buscar a la niña de tres años. Tres días después la encontraron; estaba bajo resguardo de otro venezolano que logró ayudarla a contactar a sus familiares en Venezuela. Así en todo el año fiscal 2020, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU (CPB por sus siglas en inglés), encontraron a 4520 venezolanos en las fronteras estadounidenses, un número que se multiplicó más de ocho veces en lo que va de año fiscal 2021 (octubre-septiembre), llegando a los 39555. Es una cifra récord en las últimas dos décadas.

Con maltrato

Intentar salir a suelo estadounidense desde México implica una odisea migratoria donde abundan las separaciones familiares. La experiencia descrita anteriormente es un mínimo ejemplo de lo que puede llegar a ocurrir en estos escenarios en los que también se evidencia el uso desproporcionado de fuerza por parte de cuerpos de seguridad en contra de adultos y niños, al igual que el robo y la destrucción de los documentos de identidad que avalan la estancia legal en México.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador no puede negarlo, especialmente cuando el Consejo Interamericano de Derechos Humanos (Coindeh) del estado Quintana Roo reprochó el maltrato contra extranjeros detenidos y retenidos ilegalmente hasta por tres meses en celdas de la Estación Migratoria de Cancún. El organismo incluso divulgó que tiene en su poder denuncias por la “saña particular contra migrantes de Centroamérica y de países como Venezuela, Brasil y Colombia”. Por ello, AMLO está acusado ya en tribunales.

Víctimas de corrupción

Estos venezolanos que intentan emigrar desde México están expuestos a irregularidades por parte de las autoridades aztecas. Según el informe sobre el Desplazamiento forzado hacia México desde Centroamérica 2014-2019″, de la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados, hay una “incidencia de actos de corrupción por parte del INM para regularizar la estancia de algunos venezolanos en México”, entre ellos, “deportaciones forzadas y extorsiones por parte de los agentes migratorios”, así como también el “rechazo a ciudadanos venezolanos en los aeropuertos mexicanos, incluso sin la opción de que ejerzan su derecho a solicitar asilo”.

El secuestro de 22 migrantes —entre ellos venezolanos, cubanos y haitianos— por un presunto grupo armado hace una semana en un motel de San Luis Potosí, al centro de México expone esta trágica realidad, al considerarse que la Fiscalía General de Potosí informó que establecería contactos con los parientes de los afectados, para evitar que fueran víctimas de extorsiones.

Hasta la fecha, casi 1600 venezolanos tienen casos activos de asilo que están siendo procesados por la justicia estadounidense. Sus expedientes forman parte de los 26000 que están en las mismas condiciones con solicitantes de otras nacionalidades.

Gabriela Moreno – Panam Post

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