Por Gerardo De la Concha (*) para BLes.com.

En muchas regiones del mundo la migración ilegal y masiva es un gran problema. En Europa las sociedades se dividen frente a este fenómeno, pues entran en choque las políticas humanitarias con un factor de desequilibrio social muchas veces incontrolable.

Y es que si bien es cierto que grandes grupos de migrantes huyen de sus países porque padecen guerra o hay razones económicas graves que los motivan al no existir oportunidades en sus países de origen, también debe considerarse que existe una especie de invasión no siempre tolerable.

En el caso de América del Norte, el problema ha hecho crisis. El Presidente Donald Trump mantiene duras posturas anti migratorias al considerar su aspecto ilegal. En un principio su discurso se dirigía contra los migrantes mexicanos: “México no nos está enviando lo mejor” dijo como candidato.

Pero resulta que la migración mexicana ha disminuido últimamente. Por lo tanto, el muro que promueve el Presidente Trump en la frontera mexicano-estadounidense no se propone detener solo a los posibles mexicanos ilegales, sino a una verdadera oleada intermitente de migrantes centroamericanos.

El presidente electo mexicano Andrés Manuel López Obrador y el presidente estadounidense Donald Trump
El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y el mandatario estadounidense Donald Trump

El desequilibrio que se ha creado con este último aspecto del problema se anuncia grave para México, que no cuenta actualmente con la infraestructura ni con el impulso económico para absorber a esta migración. Además, el tema amenaza con alterar las relaciones bilaterales entre ambos vecinos.

México ha tratado de hacer a un lado la cuestión del muro y ha hecho hincapié en el ámbito económico por ejemplo, donde se acaba de firmar un tratado de libre comercio de amplios beneficios regionales, el cual se encuentra pendiente de ratificación en el Congreso estadounidense.

Pero al mismo tiempo, la postura oficial mexicana vive fuertes presiones como la deportación de ilegales centroamericanos a territorio mexicano por parte del gobierno estadounidense, algo inaceptable para la Cancillería, que lo termina aceptando a regañadientes.

La primera caravana de miles de migrantes centroamericanos –hondureños y centroamericanos- terminó por disolverse en territorio mexicano, no sin crear tensiones fronterizas y por primera vez una reacción contraria a la estancia de estos visitantes inesperados, por parte de pobladores de ciudades como Tijuana.

La organización de esta caravana ha sido atribuida a la organización Pueblos sin Fronteras, auspiciada por el polémico financiero George Soros, del mismo modo que esta segunda, de la cual ya están en marcha una vanguardia de miles, oscila entre una posible condición de posibles refugiados en México y potenciales migrantes hacia Estados Unidos. El hecho de que criminales identificados como miembros de peligrosas pandillas marchen junto a familias esperanzadas en buscar mejores condiciones de vida, gente que conmueve por el esfuerzo y riesgo que toman, convierte en muy compleja la situación.

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El gobierno de México quiere regular esta caravana, poner orden en su internamiento ante el hecho de que la cerrazón estadounidense le quiere dejar el problema casi en exclusiva, pero la realidad es que a muchas incertidumbres, debe ahora unirse la de la migración centroamericana.

¿Es posible solucionarla? Si la raíz es sobre todo económica y de seguridad, hasta ahora no se ve claro el esfuerzo de Estados Unidos y México para atacar el problema en sus lugares de origen, mediante esta dimensión decisiva. Y las condiciones mexicanas no aparecen como las óptimas para hacerse cargo del asunto en su territorio. La respuesta entonces, por desgracia, es que en este momento una solución de fondo se ve lejana.

(*) Escritor mexicano. Su último libro es la novela Las furias, Ediciones B de Random House.

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