El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, confirmó que el 13 de agosto se encontrarán en tierras aztecas los representantes de Maduro y Guaidó para firmar un memorando de entendimiento. El resultado no se espera que sea distinto al de las negociaciones anteriores

Con supervisión internacional y una hoja de ruta que incluye la celebración de elecciones regionales comenzará la próxima semana en México el nuevo episodio de diálogo entre la oposición dirigida por Juan Guaidó y el régimen de Nicolas Maduro. Una agenda con las condiciones impuestas por el chavismo y sin ninguna concesión real distinta a las establecidas en la Constitución, lo que convierte a este nuevo acercamiento en un nuevo pacto de cohabitación.

El presidente de la nación azteca, Andrés Manuel López Obrador, confirmó que albergará las negociaciones en el país porque aboga por un “acuerdo entre las partes”, a pesar de que su despacho no reconoció a Juan Guaidó cuando se juramentó como presidente interino.

El presidente de la Asamblea Nacional chavista, Jorge Rodríguez, y el gobernador del estado Miranda, Héctor Rodríguez, negociarán en nombre del régimen de Maduro, mientras que la oposición liderada por Guaidó, enviará al exlegislador y exalcalde de Baruta, Gerardo Blyde, junto con un representante de cada uno de los principales partidos.

Todos firmarán el 13 de agosto un memorando de entendimiento que regirá las conversaciones pautadas para septiembre, las cuales supuestamente llevarían a acuerdos sobre las condiciones y términos de la celebración del proceso comicial del 21 de noviembre.

Se trata de unas elecciones de gobernadores y alcaldes en las que solo habrá un reparto de parcelas de poder, aunque sin mucha autonomía, pues el régimen seguirá instalado en el palacio de Miraflores condicionando la entrega de recursos al reconocimiento a su investidura y a sus instituciones, así como recordándole al país que nunca ocurrió el cese de la usurpación que prometía Juan Guaidó.

Noruega, que medió en las estériles negociaciones de 2019, supervisará las nuevas conversaciones junto con delegaciones de Rusia, Francia, Argentina y los Países Bajos. Con este intento suman 14 acercamientos en toda la era chavista en busca de un supuestos diálogos que, de acuerdo con el resultado de todos los anteriores, solo han servido para oxigenar al régimen y extender su permanencia en el poder.

Intereses en la mesa

Los motivos para el régimen sentarse son evidentes. Van desde imponer un freno al derrumbe de la economía, considerando que la irrupción de la pandemia aceleró su desplome con la contracción de un 85 % de su Producto Interno Bruto (PIB) hasta obtener un relajamiento de las sanciones impuestas por Estados Unidos durante la Administración de Donald Trump.

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«El chavismo hará concesiones viables, las suficientes para que la comunidad internacional y Estados Unidos se sientan más cómodos aflojando las sanciones», proyecta Expansión, pero está claro que «Maduro no cederá el poder, sino permitirá que dirigentes de la oposición ganen alcaldías y gobernaciones en las próximas elecciones regionales de noviembre porque está en condiciones de controlarlos». Se trata de un reparto de pequeñas parcelas para seguir cohabitando, pero con el chavismo al frente.

Una estrategia del chavismo

Esta estrategia logra varias cosas a la vez: divide aún más a la oposición y crea una imagen de mayor pluralismo ante los ojos de la comunidad internacional. Nadie puede engañarse. El ganador será solo el régimen.

«Es mucho lo que Maduro tiene para ganar siendo más flexible, y por eso vamos a ver un nivel de flexibilidad que probablemente no hayamos visto en muchos años», asegura la revista mexicana.

Mientras tanto, Juan Guaidó justifica el acercamiento con la dictadura asegurando en su cuenta de Twitter que «la emergencia es insostenible» y la «gente clama una solución».

La exsubsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de EE. UU., Julie Chung, dijo al día siguiente de dejar el cargo que la Administración de Joe Biden apoya a Guaidó y su «Acuerdo de Salvación Nacional», pero advirtió que la Casa Blanca no quiere ver “una negociación interminable como se ha visto en el pasado».

Pasado sin éxito

María Corina Machado, coordinadora nacional del partido Vente Venezuela, asume esta nueva convocatoria a diálogo como otra trampa con la que el régimen busca seguir ganando tiempo.

El pasado le da la razón, considerando que desde que Maduro llegó a Miraflores en 2013, ninguno de los cinco intentos de negociación ha dado resultados. El último, en 2019 en Barbados bajo la facilitación del Gobierno de Noruega, terminó con la retirada del régimen de Maduro.

Los repetidos fracasos no permiten abrigar expectativas con respecto a los resultados que tendrán las nuevas conversaciones.

Gabriela Moreno – Panampost.com

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