La dictadura instalada hace más de 60 años en la isla no se mantiene sola de pie, necesita de aliados externos que le rindan pleitesía y suavicen las sanciones económicas que limitan a los Castro.

Mantener una dictadura por más de 60 años no solo se limita al control ideológico, institucional o económico dentro de un territorio. Esto lo sabe el régimen de los Castro. Los hermanos se han valido durante décadas de estrategias que les han permitido mantenerse a flote.

En un intento por simular un país con libertades legítimas, la Constitución de la isla establece en su artículo 1 que se trata de una república «unitaria y democrática», que apunta al disfrute de la «libertad política y la justicia
social». De por sí, hablar de un país con un único partido contrapone cualquier ápice de democracia.

Ha sido mucha historia: una revolución que ya no existe, detenciones arbitrarias, arremetidas contra las cubanos y extremo adoctrinamiento ideológico. Todo sea por hacer prevalecer al comunismo a pesar de sus múltiples fracasos. Dentro de este accionar hay peones que la dictadura en Cuba ha logrado manipular, o simplemente ha encontrado la manera de apaciguarlos.

No son figuras políticas abiertamente socialistas, ni siquiera con nacionalidad cubana. Es más, desde sus cargos han dicho que rechazan lo que sucede. Pero por otro lado parecen condescendientes e incluso han mostrado signos de admiración o simpatía hacia el régimen.

Un ejemplo es José Luis Rodríguez Zapatero, quien se reunió de manera inesperada en 2015 con Raúl Castro en La Habana. Instantáneamente la diplomacia española lo tildó como un acto de «extraordinaria deslealtad” porque justamente Castro no recibió al entonces ministro de Exteriores español, José Manuel García-Margallo, durante una visita meses antes. Cuando murió Fidel, Zapatero se refirió al difunto como una figura clave de la historia contemporánea.

Pero más allá de las palabras, están los hechos y las posturas que estos personajes tienen. Al final, fungen más como cómplices del régimen de Cuba que como figuras que deberían objetar y rechazar la abusiva dictadura.

Barack Obama, un presidente tibio

En lugar de plantarse ante la dictadura, prefirió estrechar la mano de Raúl Castro en varios encuentros. Esto a pesar de que fue víctima de un desplante en 2016 cuando aterrizó en la isla y no fue recibido por el mandatario, como dicta el protocolo de visita de Estado.

El presidente de la primera potencia mundial había prometido no viajar a la isla hasta que hubiesen mejoras en la situación de los derechos humanos. Pero durante la primera quincena de marzo (el mes de la visita), se llevaron a cabo al menos 526 detenciones. Horas antes del aterrizaje del avión presidencial, una marcha pacífica de las Damas de Blanco fue reprimida. La falta a su promesa generó molestias entre los cubanos que apuestan a la libertad.

Quizás su decisión más criticada fue la derogación de la política conocida como “pies secos, pies mojados” que amparaba a los cubanos y les permitía acceder a la residencia en EEUU. Obama también relajó las sanciones hacia el régimen bajo un supuesto acercamiento diplomático, cuando es más que conocido que tales acercamientos no funcionan. En resumen, su gestión no marcó diferencias positivas para los cubanos, al contrario, sirvió para legitimar aún más al régimen.

Para Joseph Borrell, la culpa es de EEUU

El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores ha rechazado directamente las sanciones que Estados Unidos impuso al régimen desde su llegada al poder. Se reunió con el dictador Miguel Díaz-Canel donde hablaron de las «consecuencias económicas que el bloqueo de EE. UU.» está generando en la isla.

En su reclamo usó el término «bloqueo» el concepto usado en la jerga comunista cubana y no «embargo», empleado regularmente con la diplomacia española y el resto del mundo. Para Borrell fue un «abuso de poder» que EE. UU. bajo la presidencia de Donald Trump haya reactivado sanciones contra compañías que obtuvieran ganancias con confiscadas desde 1959. Acá se vieron involucradas algunas empresas españolas, sobre todo del sector turismo.

Pero el máximo representante en asuntos exteriores de la UE no mira el verdadero origen. No ha sido crítico respecto a la mano dura del régimen cubano que viola derechos humanos. Para Borrell el problema son los demás y contra ellos hay que ir. Este año también se conoció que será mediador para que EE. UU., ahora bajo el Gobierno de Joe Biden, elimine a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo.

Papa Francisco, ¿el conciliador?

En su visita a La Habana en 2015 pidió mayor libertad religiosa para los católicos. También instó a los ciudadanos a servir a la gente, no a las ideas. Era alta la expectativa que había con su visita. Se esperaba que hiciera un pronunciamiento similar el del papa Juan Pablo II en 1998 cuando pidió por «el gran cambio» en Cuba. Sin embargo, algunos conservadores señalaron a Francisco por mostrarse suave con el comunismo, reseñó en ese entonces CNN.

El pontífice se reunió con Fidel Castro e intercambiaron libros. Recibió de parte del difunto dictador «Fidel y la Religión». Su discurso conciliador incluso llamó la atención de Raúl Castro, dijo que si el papa continúa hablando así, él «podría regresar a la iglesia y empezar a rezar de nuevo».

El mismo portal reseñó que en 2014 el papa presionó a Obama para que levantara las sanciones contra Cuba. De nuevo, no hubo posturas que criticaran a la dictadura en Cuba y exigieran parar con las continuas violaciones a los derechos humanos. No vio, y sigue sin ver la otra cara de la moneda donde la población está empobrecida, limitada y sometida.

La pleitesía de Zapatero

Era el año 2007 cuando el entonces presidente del Gobierno español ya simpatizaba con los dictadores. e ignoraba a los disidentes. Su antecesor, José María Aznar, criticó su política hacia Cuba, marcada por la pleitesía.

Su amistad con la dictadura cubana es más que conocida. Estuvo a su favor cuando exigió suspensión de la medida Posición Común, establecida por José María Aznar en el año 1996 en la Unión Europea. Todo acuerdo con La Habana quedaba desde ese año sujeto a que Fidel Castro respetara los derechos humanos de la población. La medida quedó suspendida en 2017.

La prensa estatal celebraba los encuentros del español con la dictadura en Cuba. No solo eso, un año antes el régimen facilitó el encuentro entre el líder opositor venezolano Leopoldo López y Zapatero.

Barack Obama le pidió en 2009 una mediación con Cuba previo a que su exministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, viajara a la isla. El País replicaba la tesis de Zapatero, de que no hay que forzar la democracia en Cuba «sino fomentarla pacíficamente».  Es decir, el diplomático ha servido más como un mensajero del régimen.

La ceguera de Alberto Navarro

Por último, pero no menos importante está Alberto Navarro, una figura no tan conocida pero que ha sorprendido con sus declaraciones.

“Yo no considero que Cuba sea una dictadura”, dijo recientemente el embajador de la Unión Europea en Cuba. Los años viviendo en el país caribeño no le han servido para clarificar la precaria calidad de vida del ciudadano de a pie.

El rechazo fue contundente porque el embajador también firmó una carta junto a 790 personas pidiendo a Joe Biden, que levantara el embargo ante esto, 40 eurodiputados conservadores exigieron a Josep Borrell que lo despidiera. Casualmente Borrell sigue su misma línea a favor de Cuba. Sin embargo llamó al embajador a consulta.

Se desconoce cómo fluyó el encuentro, pero Borrel hizo ver que se han cometido errores en la delegación del bloque en Cuba. «Cuando la valoración esté terminada, contestaré a los diputados”, declaró.

No es de gratis que todos los personajes de esta lista estén relacionados unos con otros. Es evidente que hubo conversaciones, mediaciones y hasta favores. Un entorno de complicidades que ha servido al régimen castrista para mantenerse en pie.

Por Oriana Rivas – Panampost.com