En medio de la nueva política de represión integral que el recién publicado informe de febrero del Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) bautiza como El Gran Terror (represión brutal e indiscriminada + promoción de éxodos masivos + destierro forzoso de activistas destacados) ocurrieron el mes pasado en Cuba: 207 protestas.

Con este cómputo, en los siete meses posteriores al 11J se han contabilizado más demostraciones de inconformidad (2.035) que en los siete meses anteriores (1.163), reportó FhrCuba.

Esa ola nacional de terror desatada después del levantamiento popular del 11 y 12 de julio (11J) incluyó en el segundo mes del año sentencias de hasta 20 años de prisión a decenas de acusados por los sucesos del 11J ─incluidos menores─ bajo cargos fabricados de desorden público, desacato, atentado, sedición, instigación a delinquir, propagación de epidemias, resistencia y sabotaje.

Asimismo, se aceleró el endurecimiento de instrumentos legales como el código penal y el Código de Familia, que refuerza el poder del Estado sobre los menores de edad.

Sin embargo, continuaron las protestas, tanto contra las arbitrariedades, condenas, torturas y maltratos a manifestantes pacíficos del 11J, como contra la enorme inflación provocada por la “tarea ordenamiento”; el desabastecimiento, la inseguridad ciudadana y la flagrante discriminación de vender artículos básicos en las llamadas tiendas en MLC que solo aceptan moneda convertible depositada desde el exterior.

El OCC subrayó en su reporte que las acciones contestatarias han adoptado un estilo de guerrilla no violenta (individuales o en pequeños grupos), y que incluyen pintadas antigubernamentales, distribución de volantes con fichas de represores en lugares públicos, denuncias de la represión en las redes sociales, huelgas de brazos caídos, distribución de materiales informativos por aplicaciones digitales y cartas de solidaridad con Ucrania suscritas con nombre y apellidos, separándose de la postura pro-rusa del gobierno.

Las pintadas mantienen en vilo al gobierno, pues las fotos captadas por transeúntes se abren paso rápidamente a las redes sociales, donde pueden verlas millones de internautas que las reproducen. Han aparecido en paredes y muros, pero también bajo un puente y en un balcón Y aunque rápidamente son enviados pintores para cubrirlas, al menos en un caso en Vila Clara apareció otra en el mismo muro.

El “conflictómetro” de febrero destacó en su parte analítica que un sector creciente de personalidades nacionales que históricamente se identificaban con “la Revolución” hoy desaprueba la ruptura del gobierno con la realidad del ciudadano común y la represión empleada para acallar las protestas.

Acotó el Observatorio que la mayor debilidad del Gran Terror es que se enfoca en erradicar a toda costa la posibilidad de nuevas protestas masivas como la del 11J, mientras se siguen soslayando las causas de la conflictividad social (inseguridad alimentaria, falta de medicinas, crisis de los servicios públicos, etc.) que emanan de los problemas estructurales de la economía y de las políticas totalitarias vigentes.

La “continuidad” que impone el gobierno frente al reclamo de cambios raya en la irracionalidad al pretender repetir errores catastróficos del pasado (como la siembra de café en el llamado “Cordón de La Habana”) y endurecer mecanismos económicos disfuncionales como el de Acopio para la producción agrícola.

Las tiendas dolarizadas están desabastecidas y el mercado negro también por la asfixia a la producción campesina y de los emprendedores privados.

La inflación en el mercado informal rebasa el 6,000%. Y el peso cubano es, según Bloomberg, la moneda más desvalorizada del mundo. Y la culpa no es de la CIA ni del embargo, sino del bloqueo interno a las fuerzas productivas que impone el régimen.

La población, en tanto, se mantiene crispada y contestataria, de lo cual dan fe no solo las protestas clandestinas, sino también otras colectivas y espontáneas a cara descubierta como los gritos de “¡Abajo el MININT!” en el funeral del músico baracoense Roldy Polo Pérez, asesinado por un policía ebrio; una conga callejera contra la escasez en Santiago de Cuba; y un coro de desafío a la policía en el estadio Van Troi de Guantánamo.

En el ámbito internacional, una muestra del precio que está pagando la política de Gran Terror ha sido el éxito del boicot al evento San Remo Music Awards Cuba, organizado por la esposa del gobernante Miguel Díaz-Canel, al anunciar prestigiosos invitados internacionales que no participarían para no apoyar a la dictadura.

Parafraseando a Antoine Lavoisier, el padre de la Química, podría decirse que en Cuba las protestas “ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman”.

Quienes creyeron que eran creadas por la CIA y soñaron con hacerlas desaparecer a base de represión están despertando a la realidad de que no se desvanecerán si no se erradican sus causas estructurales.

El reto no es hacer desaparecer las protestas sino los conflictos que las generan (por violaciones de derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales).

No es un asunto policial, sino estructural. Pero la mediocridad intelectual y la arrogancia de la élite de poder no le permite comprender esa verdad.

Fuente: miamidiario.com

 

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