En la década de los 60, el fenómeno de la guerra de guerrillas en Latinoamérica comienza a desarrollarse, influenciado por el triunfo de la Revolución Cubana

“El pueblo unido jamás será vencido, el pueblo unido jamás será vencido…” Esta consigna ha sido repetida miles de veces en toda Latinoamérica, ha sido impulsada principalmente por grupos de izquierda que han estado involucrados en toda clase de disturbios, ataques terroristas y revoluciones inspiradas en la búsqueda de un paraíso socialista que ha degenerado en un infierno terrenal en diversos países latinoamericanos.

Entre canciones y consignas encontramos la promoción de guerrillas que, abanderadas por la ideología marxista promueven la lucha de clases, el igualitarismo, la centralización de los medios de producción por parte del Estado y que podríamos resumir como el evangelio del odio y la santificación del Estado.

El siglo XX estuvo inundado de levantamientos y sublevaciones de grupos que propagaron esta ideología, pero ¿En qué consiste el fenómeno guerrillero? ¿Por qué se forman estas guerrillas? ¿Cuál es propósito de ellas?

En la década de los 60, el fenómeno de la guerra de guerrillas en Latinoamérica comienza a desarrollarse, influenciado por el triunfo de la Revolución Cubana (1958-1959), que originó los elementos esenciales de la identidad de las guerrillas posteriores: células guerrilleras, el carácter antiimperialista, la ideología socialista-comunista, y el anhelo de edificar un orden social inspirado en el modelo cubano, algo así como una reingeniería social.

La revolución cubana inspiró a otras guerrillas, pero su historia está envuelta en mitos muy coloridos y románticos que atrajo la atención de jóvenes idealistas “bien intencionados”, pero recordemos que de buenas intenciones está pavimentado el camino hacia el infierno.

La guerrilla cubana liderada por Fidel Castro, inicialmente estaba compuesta por apenas 82 personas ¿Cómo podrían 82 personas derrotar por si solos a un ejército que tenía al menos 30,000 militares? Bueno, simplemente era imposible.

En los dos años de enfrentamiento solo murieron 200 hombres del ejército, que representaba menos del 1 % de la fuerza total. La guerrilla castrista se valió de la existencia de un descontento entre las esferas militares con Fulgencio Batista (dictador de Cuba en ese momento) debido a los abusos de poder cometidos por él en el ejército.

La desmoralización del ejército de turno y el vacío de poder político imperante en Cuba, fue aprovechada por Castro, quien inició su insurrección final, contando con la adhesión de miles de soldados del ejército de Batista, incluyendo altos oficiales, que habían desertado.

Fidel Castro, a través de la radio logró convertirse en una celebridad, como esas que abundan actualmente en las redes sociales e hizo creer con engaños y artimañas que era un numeroso movimiento guerrillero.

Esta guerrilla no libró excepcionales batallas, ni enfrentamientos masivos, simplemente Batista con su huida le sirvió el país en bandeja de plata, ya que el ejército no demostró resistencia. El “gran comandante” Fidel Castro, solo tuvo que llegar a La Habana e instalarse.

Otro de los mitos, es que la revolución siempre ha sido comunista. Fidel Castro y su movimiento guerrillero no poseían una ideología política clara, los pequeños grupos comunistas que existían en Cuba no tuvieron ningún papel en la revolución.

El 13 de enero de 1959, Fidel Castro les aseguró a los habitantes de Cuba: “Sé que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas. Yo no soy comunista ni tampoco nuestro movimiento”

Lo reafirmó en una segunda ocasión, el 17 de abril de 1959, frente a la comunidad internacional en Washington, Estados Unidos: “Con respecto al comunismo, solo puedo decirles una cosa: no soy comunista”.

Dos años más tarde, el 1 de diciembre de 1961, en una comparecencia en el programa de televisión “La universidad popular”, declaró: “Puedo decir con satisfacción plena que soy marxista-leninista y lo seré hasta el último día de mi vida”.

Efectivamente, en esos dos años pasaron muchas cosas. Entre ellas, que Estados Unidos y el mundo veían con ingenuidad o mal cálculo político que Castro coqueteaba con las ideologías socialistas y la creación de un Estado totalitario, a pesar de que él intentó buscar la aprobación de Estados Unidos, falló en su intento.

Una vez que Castro se sintió rechazado por Estados Unidos, tuvo que aliarse por su audaz oportunismo con la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que para ese entonces le interesaba propagar la ideología Marxista por el mundo para reafirmar su influencia hegemónica en el tablero geopolítico.

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Pero no crean que la URSS no le había echado el ojo a Cuba, ellos estuvieron interesados en la isla desde la dictadura de Fulgencio Batista. Establecieron contacto con las pequeñas células comunistas, sin embargo, no vieron ningún avance con ellas. Al instalarse el gobierno de Castro investigaron si Fidel simpatizaba con ellos, pero al ver que el movimiento se pronunciaba como alejados del comunismo, perdieron el interés.

La extinta URSS supo esperar el momento oportuno para poder ganar influencia y aprovechó la fallida invasión por el gobierno norteamericano a la Bahía de Cochinos en Cuba. A partir de ese momento el gobierno castrista se distanció de las democracias occidentales y declaró la revolución socialista para aliarse con la URSS.

Irving Cordero – Escritor invitado al Panampost.com