El crecimiento económico fue principalmente impulsado por el dinamismo del sector industrial, liberado por las políticas pro-mercado de Bolsonaro, y la fuerte recuperación en los servicios.

La economía más grande de Sudamérica registró un crecimiento anual del 4,6% en 2021, superando ligeramente la expectativa de los analistas de Bloomberg que esperaban un 4,4% para el cierre del año.

A partir de los datos relevados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Brasil obtuvo un crecimiento trimestral del 0,5% en el último cuarto del año pasado. A su vez, esta cifra fue impulsada por un fuerte repunte del nivel de actividad mensual entre noviembre y diciembre de 2021, medido a partir del índice IBC-Br que también releva el IBGE.

El dato de crecimiento resultó ser extremadamente positivo pues se logró sortear con éxito una muy incipiente recesión que se vislumbraba hacia el segundo trimestre de 2021, y que se extendía hasta el mes de octubre. Se entiende como “recesión técnica” a la caída consecutiva de dos trimestres, y esta situación fue finalmente dejada atrás en el último trimestre del año pasado.

La actividad mensual medida al término del mes de diciembre de 2021 creció un 0,3% con respecto a febrero de 2020, el último mes antes de la pandemia de Covid-19. El efecto recesivo de la pandemia ya fue completamente superado por la economía de Brasil.

El crecimiento del 2021 fue impulsado principalmente por dos sectores clave: el sector industrial y el sector de los servicios, el primero creciendo a razón del 4,5% anual contra 2020 y el segundo llegando a crecer hasta 4,7% anual. Según informó el IBGE, el único sector que registró un retroceso fue la agricultura, que se contrajo un 0,2% en 2021.

Al mismo tiempo en que se producía una tenue recuperación en el nivel de actividad, el Gobierno de Bolsonaro impulsó un drástico ajuste fiscal para equilibrar las cuentas del sector público. El Gobierno federal logró equilibrar su déficit operativo, mientras que el sector público consolidado ya tiene superávit primario por primera vez desde 2014.

Junto con la extrema disciplina fiscal, el presidente del Banco Central de Brasil, Roberto Campos Neto, impulsa una política monetaria fuertemente contractiva a partir de aumentos en la tasa de interés de referencia. Este tipo de política se asemeja a la que llevó a cabo Paul Volcker al frente de la Reserva Federal desde 1979.

La política antiinflacionaria busca anclar expectativas y recrear la confianza de los agentes, sin importar cuestiones de otra índole que no atañen al problema inflacionario. La principal responsabilidad del Banco Central de Brasil es atacar la inflación.

Campos Neto ya estableció una tasa de política monetaria en torno al 10,75% anual, pese al impacto sobre el crecimiento económico. Esto demuestra la convicción de la autoridad monetaria para bajar la inflación a toda costa. 

Fuente: derechadiario.com.ar

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