Redacción BLesMientras las políticas energéticas impulsadas por la administración Biden siguen el lineamiento de la agenda verde en virtud de disminuir la producción de hidrocarburos, esta semana ha solicitado a los países de Medio Oriente que aumenten su producción, argumentando que los bajos niveles no permiten la recuperación económica luego de la pandemia provocada por el virus PCCh.

Mientras que la administración les ruega a los adversarios extranjeros que incrementen la producción de petróleo con empleos y desarrollo económico en beneficio de los ciudadanos extranjeros, los estadounidenses se ven perjudicados por las políticas energéticas de los demócratas orientadas a reemplazar la extracción de combustibles fósiles en tierras nacionales.

En un comunicado oficial publicado el miércoles 11 de agosto por el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan, la administración Biden interpeló a los productores miembros de la  Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para que aumenten su producción de petróleo incluso cuando localmente han promovido una serie de políticas destinadas a limitar considerablemente la explotación.

Mientras Estados Unidos padece una inflación histórica debido en gran parte al aumento desmedido del gasto público, sumado al incremento del precio de los combustibles debido en parte a los límites impuestos para la explotación de petróleo localmente, Sullivan desvió la atención buscando encontrar un culpable externo a los problemas locales. 

En el comunicado, Sullivan escribe que “los costos más altos de la gasolina, si no se controlan, corren el riesgo de dañar la recuperación global en curso”, y destacó que si bien la OPEP anunció recientemente su intención de aumentar la producción, estos aumentos no serían suficientes para acompañar la recuperación económica mundial.

Por su lado, el presidente Biden aprobó los comentarios de Sullivan y lo acompañó en su mensaje diciendo: “También le dejamos en claro a la OPEP…que los recortes de producción realizados durante la pandemia deberían revertirse a medida que…la economía global se recupera, con el fin de reducir los precios para los consumidores”.

Mientras la administración Biden concentra la problemática inflacionaria en la faltante de petróleo, en Estados Unidos existen millones de personas afectadas por las políticas impuestas para reducir la producción local. 

 

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Biden ha estado retirando permisos de explotación petrolífera y exigiendo nuevas evaluaciones ambientales en distintas zonas afectadas, como en el estado de Alaska, en un gran esfuerzo por cancelar proyectos por completo y desincentivar la actividad. 

La semana pasada, el Departamento del Interior descartó el análisis completado bajo la Ley Nacional de Política Ambiental (NEPA), que se mantuvo durante mucho tiempo como el estándar de oro para evaluar los impactos ambientales, y ordenó una nueva revisión complementaria para los arrendamientos en el refugio del Ártico dos meses después de la suspensión de los permisos. 

“Todo lo que queremos hacer, ellos lo quieren detener”, dijo con resignación el gobernador republicano de Alaska, Mike Dunleavy, a The Federalist, sobre la nueva administración. “Pasamos de tener un presidente que buscaba crear oportunidades a una administración que solo trataba de cancelarlas”.

Una de las acciones que más afectó a la industria del petróleo fue la cancelación del proyecto del Oleoducto Keystone XL, el cual, durante la administración Trump, había acordado la contratación de 52 mil puestos laborales. La medida fue tomada en el primer día como presidente de Joe Biden, como parte de las medidas implementadas en defensa del polémico Acuerdo Climático de París.

Andrés Vacca – BLes.com