El republicano buscó crear lazos diplomáticos apelando a la confianza de Kim Jong-un. En contraste, Joe Biden apela a una retórica del enfrentamiento despertando las molestias de Pionyang

Desde el año 2018 se habían dado importantes avances en el diálogo entre Estados Unidos y Corea del Norte. El país más hermético del mundo finalmente comenzaba a abrirse diplomáticamente a la presidencia de Donald Trump para llegar a algún tipo de acuerdo respecto a su programa nuclear. Hoy las cosas son diferentes, el dictador Kim Jong-un se niega a reunirse con Joe Biden, actual presidente de EE. UU.

Recientemente el enviado especial de EE. UU. para Corea del Norte, Sung Kim, emitió una invitación a Pionyang para retomar el diálogo sin «condiciones previas». El pronunciamiento se produjo luego de que el dictador asiático exhortara a sus ciudadanos a prepararse «tanto para el diálogo como para la confrontación» hacia la nación norteamericana.

Pero la devolución no fue positiva. Kim Yo-jong, la influyente hermana del dictador aseguró que «las expectativas que han elegido tener de forma falsa podrían hundirles en una decepción aún mayor».

En pocas palabras. Se trata de una relación que volvió a ser hostil entre ambos países, con el peligro de incluir armas nucleares ya que Corea del Norte desarrolla un programa de armas que viola disposiciones de la ONU. El escenario se veía venir desde que Joe Biden advirtió a Kim Jong-un en marzo de 2020 por hacer pruebas con misiles.

«Habrá una respuesta si eligen una escalada», declaró el demócrata. Desde ese momento quedó claro que las relaciones serían antagónicas a las establecidas durante la presidencia del republicano.

«Si desea dormir bien durante los próximos cuatro años, sería mejor no crear desde el principio un trabajo que le haga perder el sueño”, respondió Kim Yo-jong.

¿Por qué Trump y no Biden?

Entre 2018 y 2020 hubo tres encuentros entre Kim Jong-un y Donald Trump. El primero de ellos ocurrió en Singapur. Ambos reconocieron que la construcción de la confianza podía llevar a la desnuclearización de la Península de Corea. Esta quizás fue la clave para una relación que llamó la atención del resto del mundo: la confianza.

La declaración conjunta firmada en junio de 2018 plasmó el establecimiento de nuevas relaciones entre EE. UU. y la República Popular Democrática de Corea (RPDC); el compromiso de trabajar hacia la desnuclearización completa de la Península Coreana; la repatriación de prisioneros de guerra y desaparecidos, entre otros. Aunque han pasado cinco meses desde que Biden asumió el cargo, no han habido indicios de llegar a acuerdos similares.

Trump cultivó las relaciones con su homólogo norcoreano sin descuidar los intereses norteamericanos. Una cumbre celebrada en Hanói, Vietnam en 2019 terminó sin consenso. Corea del Norte pidió que se levantaran todas las sanciones. «No podíamos darle eso», declaró el expresidente.

Pero luego pasó algo que marcó un antes y un después político: Trump se convirtió en el primer mandatario norteamericano en pisar Corea del Norte. Ocurrió luego de una visita a Corea del Sur. A través de su cuenta de Twitter, Trump preguntó a Kim Jong-un si quería verse con él en la frontera para saludarse.

El norcoreano le invitó a pisar su país, y allí tuvieron un encuentro de casi una hora. El republicano apeló a la diplomacia en lugar del enfrentamiento frontal.

Las cartas entre Trump y Kim Jong-un

«Seguimos esperando que la República Popular Democrática de Corea responda positivamente a nuestro acercamiento y a nuestra oferta de reunirnos en cualquier lugar y en cualquier momento sin condiciones previas», declaró desde Seúl el enviado especial de Joe Biden.

Analistas reseñados por Washington Times señalan que las medidas tomadas por Biden indican un regreso a algo parecido a la política de «paciencia estratégica» adoptada durante los últimos años de la administración de George W. Bush y durante la era de Barack Obama, cuando Biden era vicepresidente. Esta estrategia tampoco dio demasiados resultados en las administraciones anteriores, dirigidas hacia la criminalidad en el Triángulo Norte de Centroamérica, la dictadura en Venezuela, las guerrillas en Colombia e incluso las relaciones con Cuba.

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En su lugar, Trump tendió puentes directos con el dictador. A pesar del altercado en 2017 —donde ambos intercambiaron calificativos por la prueba de misiles balísticos— el republicano extendió las reiteradas invitaciones.

El año pasado se reveló el contenido de varias cartas enviadas entre Trump y Kim Jong-un. Bob Woodward, autor del libro «Rage» examinó 25 cartas de lo que llamó un «cortejo diplomático». Allí el expresidente dejó claro que apostaba por «un gran resultado» entre los dos países.

Finalmente, la presidencia de Trump culminó. No hubo acuerdos escritos en materia diplomática y nuclear pero sí un piso político. Aquel momento contrasta con lo que ocurre hoy: un presidente que busca activar algún tipo de diálogo, y otro que se niega hasta que EE. UU. elimine sanciones económicas. ¿Recurrirá Biden a otro tipo de estrategia para mantener la paz en ambos hemisferios?

Oriana Rivas – Panampost.com