El mandatario peruano, que defiende la nacionalización como prioridad en su agenda, dijo que los resultados en Nicaragua “vulneran la democracia”. El rechazo internacional creció con los pronunciamientos de Colombia, Uruguay y Ecuador

Sorprendentemente el gobierno del izquierdista Pedro Castillo rechazó de manera oficial los resultados de las cuestionadas elecciones en Nicaragua. De acuerdo con el comunicado emitido desde la Cancillería peruana, las votaciones en el país centroamericano no han sido «libres, justas y transparentes» y, por tanto, «vulneran su credibilidad, la democracia y el Estado de Derecho».

Si bien el gesto de Castillo se distancia de las felicitaciones emanadas de otros gobiernos de izquierda en la región, también es cierto que el profesor peruano ha dado señales de supuestamente querer distanciarse del ala radical de su partido Perú Libre, tal como ocurrió con la renovación del Gabinete tras conocerse los presuntos nexos de ministros con el terrorismo o por ejercer presión en las decisiones de Castillo. Esto lo llevó a ganarse el apodo de «traidor» dentro de la organización política que respaldó su candidatura. Sin embargo, la defensa de propuestas fracasadas en otros países como las expropiaciones lo mantienen en la acera de la izquierda autoritaria.

“El Perú ha apoyado las resoluciones adoptadas en la Organización de Estados Americanos para evitar esa grave situación, así como todos los esfuerzos colectivos dirigidos a favorecer el restablecimiento del diálogo y el entendimiento entre los nicaragüenses”, indica parte del texto.

El último conteo del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua (CSE) le atribuye a Daniel Ortega 75,92 % de los votos. El dictador, junto a su esposa y vicepresidente Rosario Murillo, oficializaron su cuarto periodo consecutivo, provocando el rechazo de Estados Unidos, la Unión Europea, Costa Rica y Chile. A la lista ahora se suma Perú.

Más rechazo internacional

El repudio internacional a los resultados en Nicaragua se amplió con el paso de las horas. Iván Duque, presidente de Colombia, también hizo mención a la Carta Democrática Interamericana y agregó que “lo que viene pasando en Nicaragua genera muchos cuestionamientos e inquietudes sobre la solidez de la democracia en ese país». De eso no hay duda, la dictadura sandinista encarceló a los principales precandidatos opositores. Además, horas antes de que abrieran las urnas, la Policía Nacional encarceló al menos a nueve dirigentes adversos a su gestión.

“Uno tiene que llamar las cosas por su nombre: lo que hay hoy en Nicaragua no fueron unas elecciones libres, esto no nos tiene que sorprender porque esto era crónica de un fraude anunciado”, dijo Duque. El Gobierno de Ecuador también se sumó a los pronunciamientos contra los resultados en Nicaragua y pidió la liberación de los presos políticos.

Más al sur de la región, la Cancillería uruguaya exigió a Ortega que «libere de inmediato» a los presos políticos, asegure el respeto a su libertad, integridad personal y derecho a participación política. «Tampoco las autoridades nicaragüenses aseguraron la plena vigencia de la libertad de expresión, participación y reunión».

El consenso internacional es que no fueron elecciones, sino votaciones. La ciudadanía del país centroamericano no tuvo la oportunidad de elegir, ya que el resto de partidos jugaron de forma complaciente para el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Una de tantas razones que explican cómo dichos comicios fueron una «farsa».

El amiguismo de Irán

No podían faltar las excepciones. A la felicitación de Venezuela, Rusia, Bolivia y Cuba se unió nada menos que Irán, interesado desde hace años en ganar influencia en occidente. Le llamó «gobierno amigo» a la dictadura centroamericana.

“Que viva la libertad y la resistencia valiente del pueblo revolucionario de Nicaragua”, tuiteó el Ministerio de Exteriores iraní. Al igual que Maduro, se refirió a las «elecciones soberanas y en paz”. La misma retórica, mismos intereses en consolidar el autoritarismo latinoamericano.

El amiguismo entre Nicaragua e Irán es innegable. A pesar de las sanciones económicas que EE. UU. impuso a Teherán en 2019, ambos países firmaron un acuerdo de cooperación y comercio. Casi dos años después, establecieron un memorando de entendimiento para la colaboración tecnológica. Los lazos son estrechos y los frutos —en detrimento de la población nicaragüense— se dejarán ver en el corto plazo.

Oriana Rivas – Panampost.com

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