Un reciente documento del Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER en inglés) analiza la composición política de las burocracias federales de EE.UU. y concluye que los burócratas tienden a tener peor rendimiento cuando están “políticamente desalineados”.

Una de las características que definieron la presidencia de Trump fue la introducción del término “Estado Profundo” en el zeitgeist político. Aunque el término está asociado con las teorías de la conspiración, pone de manifiesto razonables preocupaciones las cuales son compartidas por muchos votantes.

El temor a un Estado profundo puede considerarse que tiene su origen en dos preocupaciones básicas. En primer lugar, existe la preocupación de que Estados Unidos cuente con una clase de burócratas no elegidos en Washington que están aislados de la responsabilidad democrática.

En segundo lugar, si esta clase burocrática aislada existe, ¿tiene un sesgo político? Esta parece ser la pregunta en la raíz del enfoque de Trump sobre el Estado profundo.

Un documento reciente de la Oficina Nacional de Investigación Económica parece aportar pruebas de que ambas preocupaciones están justificadas. En Ideology and Performance in Public Organizations los autores analizan los registros de la burocracia estadounidense entre 1997 y 2019 y destacan algunas conclusiones interesantes.

La primera conclusión es que la composición de las burocracias federales estadounidenses tiende a tener un sesgo anti-conservador. Los demócratas representaron alrededor del 50% de los burócratas entre 1997 y 2019, mientras que los republicanos sólo representaron el 32% en 1997 y cayeron al 26% en 2019. Además, a medida que se observan los puestos más altos, la sobre representación burocrática de los demócratas aumenta.

El estudio también encuentra pruebas de que esto no es claramente el resultado de alguna conspiración. Más bien, los republicanos más educados tienden a no convertirse en burócratas, mientras que los demócratas más educados sí lo hacen. Además, incluso los republicanos que se auto seleccionan para ocupar puestos de trabajo burocráticos tienden a abandonarlos voluntariamente con mayor frecuencia.

Sin embargo, la razón de los resultados sesgados no altera el hecho de que los burócratas tienden a inclinarse hacia la izquierda y esto tiene importantes implicaciones para la política.

Otra de las conclusiones del estudio es que los burócratas estadounidenses no rinden cuentas de los resultados democráticos.

A partir de los datos analizados, los autores no encuentran un aumento claro de la salida de las burocracias en la transición de Clinton a Bush, la transición de Bush a Obama o la transición de Obama a Trump. En otras palabras, las burocracias no cambian de composición de forma significativa cuando cambia el presidente.

Al principio, esto puede no parecer malo. Si todo el mundo renunciara o fuera despedido cada vez que el presidente cambia de partido, es posible que se pierdan algunos conocimientos importantes en la transición. Sin embargo, un último hallazgo en la investigación hace que esta burocracia apática sea preocupante.

Los autores descubren que los burócratas tienden a rendir peor cuando están “políticamente desalineados” (cuando el burócrata es de un partido diferente al del presidente). Cuando esto ocurre, los proyectos tienden a ser más costosos y esto lleva a los autores a la conclusión de que “la desalineación política es perjudicial para la ejecución de los contratos”.

Por lo tanto, sea intencionado o no, las burocracias parecen no responder a la voluntad de la mayoría. Si los burócratas no rinden cuentas por su ineficacia, son menos eficaces bajo un presidente del partido contrario y la mayoría de los burócratas son demócratas, parece que las preocupaciones de los conservadores están justificadas, al menos hasta cierto punto.

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Incluso a pesar de que la sobrerrepresentación de los demócratas se deba a la autoselección y no a la conspiración, el resultado será una burocracia ineficaz para trabajar con presidentes republicanos.

¿Por qué tenemos una clase burocrática que no representa las opiniones de la nación en su conjunto, ni responde a los deseos del pueblo?

Si los políticos y los burócratas estuvieran puramente interesados en apoyar la voluntad del pueblo, sería una expectativa razonable. Sin embargo, como señala la tradición económica de la “elección pública”, no hay razón para esperar que los objetivos de los burócratas individuales se alineen con los objetivos de los votantes.

Para encontrar ese tipo de “armonía de intereses”, no hay que mirar al gobierno, sino al libre mercado, donde, como explicó Adam Smith, el interés propio del productor tiende a alinearse con el interés propio del consumidor.

No esperamos nuestra cena de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero, sino de su propio interés. No nos dirigimos a su humanidad, sino a su amor propio, y nunca les hablamos de nuestras propias necesidades, sino de sus ventajas

Eso sólo ocurre porque la “zanahoria” de los beneficios y el “palo” de las pérdidas motivan a las empresas a actuar de manera que ganen y mantengan el negocio de sus clientes.

Pero no existe ese mecanismo para las burocracias. Si los burócratas quieren oficinas más grandes o títulos más importantes, pueden intentar producir servicios que parezcan importantes para los políticos que toman las decisiones presupuestarias.

Sin embargo, estos servicios no tienen por qué beneficiar a los votantes. Sin la posibilidad de obtener pérdidas, los burócratas podrían invertir en la fabricación de productos inútiles o de ningún producto, siempre que lo justifiquen ante los políticos. Esta idea, muy influida por los trabajos de William Niskanen y Gordon Tullock, explica por qué parece que a los burócratas no les interesan los deseos de los votantes.

Por el contrario, quizás estén reacios a apoyar las políticas que corresponden a resultados democráticos con los que no están de acuerdo, como sugieren las estadísticas. Así pues, el Estado profundo no tiene por qué ser un asunto de conspiración: se trata simplemente de individuos que persiguen su propio interés dentro de la perversa estructura de incentivos de la burocracia.

Peter Jacobsen – fee.org.es