(Redacción Bles) El próximo 27 de mayo los colombianos acudirán a las urnas para elegir al nuevo presidente de su país y las encuestas favorecen al candidato Gustavo Petro con un 22% de intención del voto, la segunda más alta después de Iván Duque, con el 35.4%, candidato del partido Centro Democrático, liderado por el expresidente Álvaro Uribe.

En el escenario político del país más septentrional de Suramérica también apareció el nuevo partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), tras los Acuerdos de Paz del gobierno con la ahora disuelta guerrilla de las FARC, que asolara al país durante las últimas décadas, pero, a pesar de postular a su dirigente como candidato a la presidencia, este se retiró de la contienda por cuestiones de salud.

¿Por qué, entonces, para muchos, Gustavo Petro podría significar el triunfo definitivo para las aparentemente eclipsadas FARC, cuya bandera política agrupa a los exintegrantes de la recientemente transformada guerrilla?

Tomemos como referencia a Fernando Londoño Hoyos, abogado y economista colombiano que ocupó el cargo de Ministro de Interior y Justicia y que ahora como periodista publicó una columna de opinión con el título de “Petro es el de Santos y las Farc” en la cual dice: “Santos y las Farc necesitan un tipo mucho más hábil, más ladino, mejor demagogo, más radical pero melifluo, más perverso y comprometido. Y ese tal tiene nombre hace rato: es Gustavo Petro y su candidatura quedó convenida en las conversaciones de La Habana”.

Gustavo Petro y Juan Manuel Santos, Presidente de Colombia.

Y ciertamente sus argumentos no carecen de fundamento. Por una parte, es notorio que el partido político del gobierno actual, en cabeza de Juan Manuel Santos, no esté impulsando, aparentemente, no apoye a un candidato en particular y que el perfil y trayectorias de Gustavo Petro se ajusten al rol atribuido por Fernando Londoño.

Petro fue elegido alcalde de Bogotá, para el período 2012-2015, y tuvo un desempeño administrativo muy controvertido, llegando a ser destituido e inhabilitado durante 15 años por la Procuraduría General de la Nación, acusado de extralimitación de funciones, en primera instancia, posteriormente revocada. Luego la Contraloría de Bogotá lo sancionó con una multa de alrededor de 13 millones de dólares por malos manejos administrativos.

Como guerrillero, Gustavo Petro integró al grupo M-19, organizado por disidencias de las FARC, entre cuyos tristes recuerdos se hallan asesinatos, el robo de más de 5.000 armas del ejército, que luego fueron recuperadas, la toma de la embajada de Republica Dominicana, de la cual salieron con mucho dinero hacia Cuba, fruto de la negociación de las vidas de los embajadores allí secuestrados.

Gustavo Petro y los líderes de las FARC, en La Habana, Cuba.

También se les acusa de haber formado una alianza con el reconocido narcotraficante Pablo Escobar, quien se libró de la extradición a Estados Unidos por el asalto del M-19 al Palacio de Justicia, el cual fue incendiado, perdiéndose todos los archivos sobre ese proceso, y con gran pérdida de vidas humanas entre magistrados y otros civiles.

Petro y el movimiento al que pertenecía fue beneficiado con amnistía y pasó a la vida pública. El mismo Fernando Londoño lo ubica ideológicamente como marxista, de donde se encuentran raíces profundas que nutren la barbarie que tanta sangre humana ha derramado en Colombia, en un pasado no muy distante, y que vinculan estrechamente a las FARC y al candidato presidencial que ya ocupa el segundo lugar en intención de voto en Colombia.

¿Habrá entonces indicios claros de que las FARC, sin candidato propio, lleguen al poder gubernamental del país con el que han firmado el Acuerdo de Paz? El próximo mes de mayo se despejarán todas las dudas.