La Constitución de los Estados Unidos prevee mecanismos para situaciones donde no haya un claro ganador de la elección, debido a irregularidades o fraude tal como el que está siendo destapado tras la elección del 3 de noviembre.

Como todos sabemos a esta altura, el día 3 de noviembre de 2020 se llevó a cabo otra histórica elección en los Estados Unidos, donde el Presidente Donald J. Trump se impuso en una mayoría de Estados.

Sin embargo, ningún ganador fue declarado oficialmente y desde el 4 de noviembre se han ido modificando los resultados en cada Estado. Ahora, el candidato demócrata Joe Biden se auto-proclama ganador con la complicidad de los medios, en medio de incontables irregularidades y pruebas de fraude electoral.

Mientras el equipo legal del Presidente ha solicitado recuentos, ha judicializado las elecciones en múltiples Estados, y se encuentra recolectando evidencias del fraude, surge una pregunta: ¿Qué sucede si la Justicia no se expide a tiempo, y no hay un ganador definido antes de los plazos estipulados legalmente?

Para responder esta interrogante, lo primero que se debe tener en cuenta es que, como afirmó el ex asesor presidencial y ex jefe de campaña de Trump, Steve Bannonel tiempo está del lado del Presidente Trump

FILE PHOTO: Former White House Chief Strategist Steve Bannon gestures as he speaks during a conference of Swiss weekly magazine Die Weltwoche in Zurich, Switzerland, March 6, 2018. REUTERS/Moritz Hager/File Photo

Bannon afirma que la bomba de tiempo la tienen ellos, en referencia al Partido Demócrata. Y es que, si los casos de fraude son suficientes y no están totalmente resueltos en el plazo de un mes, Donald Trump va a ser reelecto.

Esto ocurre porque en los Estados Unidos la elección es indirecta, lo que se llevó a cabo el pasado 3 de noviembre es tan solo la votación para, además de elegir a los integrantes del Congreso, definir quiénes serán los 538 electores del Colegio Electoral, divididos por Estados. Será este Colegio Electoral el que finalmente vote para elegir al Presidente y al Vice-Presidente el 14 de diciembre.

Tras la votación del 3 de noviembre, son cuatro los plazos legales a tener en cuenta hasta la asunción de quien gobierne durante el período 2021-2025: 6 de diciembre de 20208 de diciembre de 202014 de diciembre de 2020, y el día previsto de manera obligatoria en la Constitución para la asunción del nuevo mandato, el 20 de enero de 2021.

El día 6 de diciembre de 2020 es la fecha límite para que se certifiquen los resultados electorales de cada Estado. Es decir, antes del día 7 de diciembre, la Justicia de cada Estado debe contar con resultados definitivos, finales y oficiales de la elección presidencial en su territorio. En base a esos resultados, con métodos variados según el Estado, cada uno determina la asignación de Electores del partido ganador para conformar el Colegio Electoral. Es decir que, si los resultados certificados afirman por ejemplo que el Partido Republicano ganó Texas, entonces el Partido Republicano de Texas seleccionará 38 electores entre sus miembros, para enviar al Colegio Electoral y que voten por Donald Trump (aunque no todos los Estados obligan a votar a quien ganó el voto popular en dicho Estado)

La última fecha para seleccionar a esos electores es el 8 de diciembre de 2020, conocida como la fecha “safe harbor”, o “puerto seguro“. Si el día 6 de diciembre, los resultados de la votación de un Estado no han podido ser certificados, sea por la existencia de denuncias de fraude no resueltas o cualquier otro factor, entonces será la legislatura de dicho Estado quien tendrá la potestad de elegir los Electores antes del 8 de diciembre

Esta elección será a discreción, ya que, al no haber resultado oficial de la elección para ese Estado, no hay un punto de partida para determinar el partido ganador.

De los 50 Estados más el Distrito de Columbia (Washington D.C.), 7 podrían considerarse disputados tras la noche del 3 de noviembrePennsylvania, Georgia, Michigan, Carolina del Norte, Arizona, Wisconsin y Nevada.

En 6 de estos 7 Estados (todos menos Nevada), las legislaturas estatales son controladas por el Partido Republicano. En resumen, esto significa que, si no hay resultados finales y oficiales en algunos o todos estos Estados antes de finalizado el día 6 de diciembre de 2020, sea a causa de juicios o de cualquier otro factor, esos Estados elegirán electores republicanos, que ciertamente votarán a Donald Trump en el Colegio Electoral, permitiéndole ser reelecto.

Otra alternativa que se presenta, menos extrema, en caso de que estos Estados no puedan certificar sus resultados, es que dichos Estados seleccionen electores “neutrales”, es decir que, en vez de votar por cualquiera de los 2 candidatos, se abstengan, a modo de representación de la falta de resultados oficiales.

En ese caso, cuando el Colegio Electoral vote el 14 de diciembre de 2020, ni Trump ni Biden llegarían a 270 votos electorales para ser electos Presidente. Y muy probablemente, a la hora de elegir al Vicepresidente, ni Mike Pence ni Kamala Harris obtendrían dicha cantidad tampoco.

¿Qué pasaría, entonces, si ni Trump/Pence ni Biden/Harris obtiene 270 votos electorales el día 14 de diciembre de 2020?

En tal caso, se inicia un proceso denominado informalmente como “contingent election”, o elección de contingencia. Este procedimiento está previsto, aunque no nombrado de tal forma, en la 12va enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

Una “elección de contingencia” consiste en una votación en el Congreso de los Estados Unidos, mediante sus integrantes electos por el pueblo norteamericano. Es decir, es otra forma de voto indirecto, con la institución del Congreso tomando el lugar del Colegio Electoral. Pero además, la metodología de elección es distinta.

En este escenario, no deseado por ninguna de las dos partes y considerado una última instancia, corresponde a la Cámara de Representantes elegir al Presidente, mientras que corresponde al Senado votar por el Vicepresidente. Una situación que se popularizó en la serie de Netflix, House of Cards.

Los Senadores cuentan con 1 voto cada uno, igual que en cualquier otro procedimiento normal del Senado. Pero en la Cámara Baja, funciona muy distinto: los Representantes votan en bloque, según el Estado al cual pertenecen. Todos los Representantes de un mismo Estado se agrupan en “Delegaciones Estatales“, y entre ellos deciden 1 único voto en nombre de su Estado. Es decir, por ejemplo, que California, el Estado más poderoso del país, tiene 1 solo voto, al igual que Wyoming, el Estado más pequeño.

De ocurrir esta votación, tanto Trump como Pence serían re-electos cómodamente en sus cargos. Esto se debe a que el Partido Republicano controla el Senado, y a pesar de que no controla la Cámara de Representantes, sí controlaría la mayoría de las “Delegaciones Estatales” que se conformarían, ya que en una mayoría de Estados (26 del total de 50) cuentan con más diputados que el Partido Demócrata.

Este voto lo llevaría a cabo el nuevo Congreso, es decir, aquel que fue electo el pasado 3 de noviembre y que asumirá en enero de 2021. Esta provisión está estipulada en la 20va enmienda de la Constitución, desde el año 1933.

¿Hay precedentes? Sí. En la historia de los Estados Unidos, se han llevado a cabo 3 elecciones de contingencia: en 1800 (por la presidencia y la vicepresidencia), 1824 (solo por la presidencia), y 1836 (solo por la vicepresidencia).

En 1824, la última vez que se realizó este procedimiento para elegir al Presidente, resultó en que John Quincy Adams fuera electo como el 6to Presidente de los Estados Unidos, derrotando a Andrew Jackson, a William Crawford y a Henry ClayUn recorrido por lo acontecido entonces trae a colación interesantes paralelismos con la situación actual.

En la elección de 1824, el candidato más votado a nivel nacional había sido Andrew Jackson, en aquel entonces Senador por Tennessee, obteniendo 151.271 votos de un total de 365.833, es decir, el 41,4%. Segundo terminó John Quincy Adams, oriundo de Massachusetts y por entonces Secretario de Estado del Presidente James Monroe, quien obtuvo 113.122 votos, un 30,9%.

Tercero resultó Clay, Presidente de la Cámara de Representantes y proveniente de Kentucky, con 47.531 (13,0%), y cuarto finalizó Crawford, oriundo de Georgia y Secretario del Tesoro de los Presidentes James Madison y James Monroe, con 40.856 votos (11,2%). En esa época todavía no estaba popularizado el sistema bipartidario y muchas elecciones tenían múltiples participantes con alta popularidad.

El problema: en términos de votos electorales, ninguno de los 4 candidatos llegó a la mayoría necesaria.

Jackson obtuvo 99, Adams 84, Crawford 41 y Clay 37. Habiendo en ese entonces un total de 261 electores, ninguno llegó a la mayoría necesaria, es decir, 131 electores. Por ende, cuando el Colegio Electoral votó, ninguno de los cuatro hombres fue electo Presidente. No fue así el caso del Vicepresidente: John C. Calhoun obtuvo 182 electores, ya que contaba con el apoyo de tanto Jackson como Adams, y por tanto fue electo Vicepresidente… Pero sin Presidente aún.

Según la Constitución, solo los 3 candidatos con más electores a su nombre pasan a la elección de contingencia, por lo cual Henry Clay fue descalificado, quedando solo Jackson, Adams y Crawford. 

En la votación de la Cámara de Representantes, los 24 Estados que conformaban la Unión en ese entonces votaron de la siguiente forma: 13 por Adams, 7 por Jackson, 4 por Crawford. De esta manera, John Quincy Adams fue electo Presidente, con John C. Calhoun como su Vicepresidente.

El apoyo del descalificado Clay fue determinante para la victoria de Adams, quien terminó siendo Presidente a pesar de resultar segundo en términos tanto de voto total como de Electores del Colegio Electoral. A cambio de su apoyo, Adams designó a Clay como su Secretario de Estado durante sus 4 años de presidencia.

Anecdóticamente, Adams buscaría su re-elección en 1828, y sería el mismísimo Jackson quien lo derrotaría en esa ocasión, esta vez sin necesidad de una elección de contingencia: con 178 votos electorales contra 83.

Volviendo, entonces, al presente, quedan claros los escenarios alternativos que podrían llevarse a cabo en caso de que la Justicia no se expida de forma suficientemente veloz y satisfactoria. Una elección de contingencia, como se mencionó, no es deseable para ninguno de los dos bandos, ya que reduciría la legitimidad del ganador.

Sin embargo, la política no es el arte de lo deseable, sino, en palabras de Otto von Bismarck, de lo posible. Y una elección de contingencia es una posibilidad real, que puede darse en los próximos meses tras casi 200 años, y por ende amerita atención y análisis.

Y dicho análisis da como resultado, tal como se ha expuesto, que todos estos escenarios alternativos terminarían favoreciendo a Donald Trump y a Mike Pence. Es por eso que el ya mencionado Bannon afirmó: los que tienen el tiempo en contra son los Demócratas. El tiempo (y la ley) están del lado del Presidente Trump.

Por Iván Ramos, para La Derecha Diario.