Redacción BLesEl régimen socialista de Venezuela ha estado en desacuerdo con la Iglesia católica nacional desde sus inicios hace más de 20 años, y llevó a cabo la misma lógica que otros gobiernos comunistas, al buscar la usurpación constante de la autoridad religiosa con el fin de “redefinir” el cristianismo y ajustarlo a sus objetivos autoritarios.

Venezuela tiene una larga historia de sólida fe cristiana. Actualmente, los demógrafos consideran que hasta el 96 por ciento de la población de Venezuela es católica, lo que ha significado siempre un escollo para la implementación del socialismo/comunismo dadas sus premisas claramente ateas.

En este sentido, el chavismo ha siempre tenido una relación basculante con la iglesia de Venezuela, buscando acercarse lo suficiente como para atraer a sus seguidores, pero enfrentando los valores tradicionales del catolicismo para lograr imponer el comunismo que de por sí es contrario a toda creencia religiosa.

Cuando la lucha de Hugo Chávez contra el cáncer se convirtió en la piedra angular del discurso del Partido Socialista, la hostilidad de la Revolución hacia la Iglesia católica venezolana se atenuó drásticamente: y en ese entonces el gobierno identificó en la religión y la fe una fuerza impulsora de la revolución y la campaña presidencial de 2012.

Pero claro, su acercamiento a la Iglesia católica solo podría ser posible distorsionando las enseñanzas e interviniendo en las tradiciones más profundas de la creencia cristiana. En este sentido, se transformó en una práctica común del discurso de la izquierda desde ese entonces distorsionar la figura de Jesucristo al afirmar que era un “socialista”. 

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Durante la celebración de la misa de Domingo de Ramos en el 2011, Hugo Chávez participó de la celebración casi como si fuese un sacerdote más, dando una especie de homilía donde aseguró que “el verdadero Jesús, hijo de María, aquel niño carpintero, pobre, antiimperialista y despojado de sí mismo, dio la vida por todos como un socialista”, además agregó que “Jesús de Nazareth, es el más grande y verdadero socialista de nuestra era”.

Durante esas palabras también llamó a crear “comités cristianos de base” en los barrios más humildes. De este modo Chávez lograba mezclar la religión con la política, o mejor dicho hacer política utilizando la religión como herramienta.

De todos los intentos parasitarios por unirse ventajosamente a la religión, la acción que sobresale del resto, es su intento de secuestrar y torcer el Padrenuestro y reescribirlo todo sobre la figura Hugo Chávez, tal como reportó oportunamente Breitbart. Afortunadamente, la intensa reacción hizo que la oración “Nuestro Chávez” fuera efímera.

La Conferencia Episcopal de Venezuela siempre ha tenido una postura crítica contra la Revolución Bolivariana, lo cual los ha llevado a soportar constantes hostilidades que fueron desde comentarios ofensivos hasta la profanación de imágenes religiosas, piratería de sitios web y ataques directos perpetrados por los colectivos izquierdistas y bandas paramilitares que sirven a la revolución socialista.

Recientemente la Beatificación del venezolano Dr. José Gregorio Hernández, generó un nuevo acercamiento del chavismo con el cristianismo. El cual obviamente fue utilizado por las autoridades socialistas para hacer uso político de la situación.

El actual líder venezolano Nicolás Maduro aprovechó esta oportunidad, para vender una “cura” falsa para el coronavirus que solo el socialismo podría producir.

Maduro estuvo a la vanguardia de las payasadas al usar el nombre y la historia milagrosa del Beato Gregorio Hernández para la publicidad y promoción de Carvativir, un producto a base de isotimol que, según Maduro, curará a cualquier paciente.

“Diez gotas debajo de la lengua cada cuatro horas y el milagro está hecho”, ha prometido en repetidas ocasiones Maduro en transmisiones televisadas.

El Partido Comunista Chino es el gran experto mundial en esta cuestión de politizar la religión hasta llevarla prácticamente a su extinción. Las únicas iglesias cristianas en China son aquellas aprobadas por el PCCh y hasta incluso sus obispos son nombrados por el partido.

A pesar de la renovación del acuerdo entre el PCCh y el Vaticano, que honestamente no tiene nada que ver con la religión y es más bien un acto político del Papa, el régimen comunista continúa su política de sinilización (hacer las cosas chinas) sobre el cristianismo, y recientemente el sitio web Bitter Winter gran defensor de la libertad religiosa en China, publicó una serie de reportes sobre cómo las autoridades chinas están reemplazando la cruces de las iglesias con símbolos del régimen como la estrella comunista.

Hay situaciones que pueden estar disfrazadas, pero hay realidades que son innegables. El socialismo y el comunismo son en esencia ateos y sus fundamentos están en contra de toda tradición y creencia religiosa, por lo cual, por más que por conveniencia política ciertos líderes izquierdistas se “unan a los religiosos”, la realidad muestra que el socialismo y la religión no son compatibles. 

Andrés Vacca – BLes.com