Las mismas agrupaciones feministas que hacen campaña contra la LUC del gobierno, reciben un dineral del Ministerio de Desarrollo Social, a través de Inmujeres.

Según documentos oficiales, el gobierno de Lacalle Pou ha destinado desde que asumió, alrededor de 8 millones de dólares a organizaciones feministas radicales. Muchas de estas contrataciones fueron observadas por organismos de contralor de Uruguay, debido a irregularidades en procesos de contratación.

La izquierdista Mónica Bottero que preside INMUJERES, designada por recomendación de vicepresidente Beatriz Argimón (principal promotora de la ideología de género en Uruguay), ha continuado el nefasto modelo del Frente Amplio, financiando a organizaciones feministas radicales que se benefician con el negocio de la llamada “violencia de género”, las que llenan con millones de dólares sus bolsillos de dinero todos los años, a costa de impuestos que pagan todos los contribuyentes.

Muchos de estos servicios que brindan estas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) financiadas por el Gobierno, no tienen una evaluación y un monitoreo acorde a los montos millonarios que reciben, existiendo un gran desconocimiento por parte de los ciudadanos que financian estas políticas con sus impuestos.

No existen evaluaciones de impacto de estos programas, y además de eso, se desconoce si estas organizaciones rinden cuentas ante el gobierno en tiempo y forma.

Además, existen gastos que figuras como reservados, motivo por los cuales los ciudadanos de Uruguay no pueden acceder a información clasificada como confidencial, lo que genera una fuerte falta de transparencia, el caldo de cultivo para la corrupción en el Estado.

Ahora, además de contratos secretos por vacunas contra la COVID-19, se sumarían los gastos reservados en políticas de género, específicamente, los gastos en “violencia de género”.

Falta de transparencia, contrataciones a dedo, irregularidades. Un conjunto de elementos que estructuran la tormenta perfecta para la corrupción.

Ejemplo de las licitaciones del Ministerio de Desarrollo Social para gastos en “violencia de género”:

Irregularidades: caldo de cultivo para la corrupción feminista.

Las contrataciones a dedo de estas organizaciones feministas radicales, han sido cuestionadas por organismos de contralor en Uruguay. No obstante, se han reiterado gastos que implican grandes transferencias de dinero a estas organizaciones que lucran con la ideología de género, vinculadas a la extrema-izquierda uruguaya.

Gran parte de estos millones de dólares observados por el Tribunal de Cuentas (principal organismo de contralor en Uruguay), sumados a la vulneración de normativa que regula compras públicas, da cuenta del compromiso y la cercanía de este gobierno supuestamente “conservador” con las organizaciones feministas.

Este vínculo es tan grande que hasta los funcionarios del Gobierno están dispuestos a vulnerar la institucionalidad con el principal objetivo de satisfacer a estas organizaciones radicales de izquierda, vinculadas a 15 años de gobiernos del Frente Amplio.

Endeudamiento para gastar en políticas de género

El gobierno “liberal” de Lacalle Pou apoya incondicionalmente a feministas radicales, tanto es así, que ha firmado un préstamo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por 4 millones de dólares, sumándole 1 millón de dólares más para mujeres migrantes usuarias de los programas de INMUJERES.

El 80% de este presupuesto se destina a las mismas organizaciones radicales feministas que hacen campaña política contra el gobierno, agrupadas en la Intersocial Feminista, que buscan derogar (anular) 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC), buque insignia de gobierno de Lacalle Pou.

La estrategia de corte piñerista-macrista de Lacalle Pou es evidente, basándose en la Big Data, que tanto pregonan sus asesores, busca conseguir votos de la izquierda uruguaya regalándole plata a los peores sectores de la izquierda feminista.

Esto nunca funcionó. Lo intentó hacer Mauricio Macri a través de su ministra Carolina Stanley y terminó perdiendo una elección imposible y permitió la vuelta del kirchnerismo. Lo intentó también Sebastián Piñera y en tan solo 2 años quemó la alta popularidad que tenía, perdiendo prácticamente todo el apoyo que tenía al derechista José Antonio Kast.

Y a Lacalle Pou ya le está fallando, ya que estas mismas organizaciones hacen campaña en su contra. En otras palabras, se alimenta con dinero público a las campañas de odio de estas organizaciones ultraizquierdistas, radicales y proabortistas contra las bases del propio gobierno.

Se desconoce si Lacalle Pou se siente más cómodo con el feminismo radical y el lenguaje inclusivo, o lo hace mal-influenciado por sus asesores, pero la realidad es que ha dejado de lado a la base de votantes tradicionales que lo puso en la presidencia en 2019.

Fuente: La Derecha Diario

Suscríbete para recibir nuestras últimas noticias

Al enviar este formulario, acepto los términos.