Desde octubre de 2020 al 30 de septiembre de 2021, los guardacostas estadounidenses detuvieron en el mar a 838 cubanos y desde el 1ro. de octubre de 2021 a la fecha ya reportan 402 casos, para un total de 1240

Disparan balas de goma directo a la frente para hacer daño, para dejar huella, pero sobre todo para intimidar. Generan temor, les gritan que se detengan, embisten sus embarcaciones militares contra sus débiles balsas, los obligan a retornar en contra de su voluntad, tras su captura los multan con 30000 pesos (1200 dólares) y les impiden acercarse a las playas. Así actúa la guardia costera del régimen castrista en alta mar para frustrar el deseo de los balseros cubanos de huir del comunismo.

En vísperas de año nuevo lo denunció Alberto López Montes de Oca, uno de los últimos cubanos sorprendidos en su intento de migrar en grupo. “Esto es a tiros”, recuerda que les dijeron. Después, les lanzaron una soga que los enredó, le quemó el cuello a uno, partió el tubo de escape mientras le quemó el brazo a otro.

Su caso divulgado en la cuenta de Twitter de ADN Cuba refleja que no se ha frenado el flujo de balseros de La Habana a Florida a cinco años de la derogación de la normativa “pies secos, pies mojados” –que se cumplen este 12 de enero– por parte del expresidente de EE. UU. Barack Obama, que permitía a los balseros cubanos que tocaban suelo estadounidense permanecer de manera legal en el país y acceder a la residencia, salvo si eran interceptados en alta mar.

Cifras reveladoras

Los números demuestran que zarpar en estas embarcaciones improvisadas es una necesidad para los cubanos. Desde octubre de 2020 al 30 de septiembre de 2021, los guardacostas estadounidenses detuvieron en el mar a 838 cubanos y desde el 1ro. de octubre de 2021 a la fecha ya reportan 402, para un total de 1240.

Solo en los últimos días, la Guardia Costera y funcionarios de la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. (CBP, en inglés) han detenido a otros 30 balseros cubanos en tres incidentes separados a 35 y 45 millas del sur de Cayo Hueso, el punto más meridional de Estados Unidos cercano a Cuba marcado con un cono de hormigón en forma de boya que delimita los 160 kilómetros que separan a las playas de Varadero, de la provincia de Matanzas, del territorio estadounidense.

Una isla envejecida

La edad de los cubanos interceptados ronda los 30 años. Son jóvenes con deseos de escapar del drama que les ha tocado vivir a sus abuelos y padres: calamidad, escasez, sumisión. Todo indica que no serán los últimos que busquen este escape, considerando que las proyecciones migratorias apuntan a la salida anual de 40000 a 44000 cubanos con los mismos deseos.

Se van. No quieren estar en una “nación sin futuro inmediato, en ruinas y fallida que no brinda esperanzas ni garantías a un pueblo que se agarra a la emigración como única salvación”, afirma el periodista y columnista cubano del Washington Post, Abraham Jiménez.

Las consecuencias de ello ya se perciben. Cuba acabó el año 2020 con 21,3 % de su población con una edad superior a los 60 años y para 2025 la cifra alcanzará el 25 %. Con estos números, se sitúa como uno de los países más envejecidos de América Latina y, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas, para 2050 la isla perderá 1.000.000  de sus ciudadanos a raíz del escape de aquellos dentro de la tasa de fertilidad.

Las probabilidades de un giro en este escenario son bajas cuando “el régimen estrangula la llama social contrariada que nace”. Una evidencia es el arresto de menores de edad que se manifiestan en las calles por un cambio político y libertades.

Un camino cuesta arriba

Pero tocar suelo estadounidense no significa haber llegado a Estados Unidos, considerando que todo ciudadano procedente de Cuba, balsero detenido en el mar o capturado después de haber llegado a tierra, ahora es repatriado.

La única alternativa es solicitar protección con miras a iniciar un proceso de asilo político porque los extranjeros que requieren protección contra la persecución o la tortura en su país de origen no son repatriados.

Al argumentar temor a ser deportado, el balsero tiene derecho a una entrevista de miedo creíble con un agente del Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USIC). En este encuentro, el funcionario determina si hay mérito o no para conceder miedo creíble. Si lo hay, el migrante es transportado a la Base Naval de Guantánamo para tramitar el proceso de asilo. Por lo menos este año, dos balseros se acogieron a ese beneficio y fueron trasladados a la instalación militar.

Sin embargo, Primer Informe revela que siete de cada diez cubanos pierden la solicitud. Ernesto Urgellés, un exmiembro de la Policía Nacional Revolucionaria, en Moa, Holguín, repatriado a Cuba en agosto, un mes después de su detención sirve de ejemplo de esta tragedia.

Gabriela Moreno — Panampost.com

 

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