Nicolás Maduro pidió el levantamiento de las sanciones “criminales” y dijo que Venezuela está en “crecimiento sostenido”, pero olvidó su responsabilidad en la corrupción histórica que ha llevado al país a la miseria

El discurso de Nicolás Maduro en la ONU fue más de lo mismo. No viajó a Nueva York, por eso envió un mensaje pregrabado que se proyectó en las pantallas del hemiciclo de la Asamblea General. Desde allí otra vez tildó a las sanciones de Estados Unidos como «criminales», habló de la construcción «de un nuevo mundo de paz» y «sin colonialismo, ni imperialismo». Durante su reciente visita a México para participar en la cumbre e la Celac, Washington ratificó la recompensa de 15 millones de dólares por su captura. Por ello no se atrevió a pisar suelo estadounidense.

Maduro olvidó las precariedades que padece el país producto de dos décadas de corrupción. En su lugar, se encargó de esbozar una supuesta imagen impoluta de su régimen, edificada sobre la miseria, los presos políticos y sus abusos constantes contra la población. Ni hablar de las alianzas tejidas con países como Rusia y China que hacen tambalear su argumento de «un mundo sin hegemonías». Es bien sabido cómo ambos países se han apoderado de recursos mineros y petroleros servidos en bandeja de plata por el chavismo.

El dictador denunció «una campaña feroz» y «agresión permanente» contra Venezuela. El mismo argumento que su antecesor, Hugo Chávez, repitió una y otra vez. Así lo hizo en el 2009, culpando a Colombia y EE. UU. de un supuesto ataque militar; y lo repitió constantemente mientras estuvo en la presidencia. De hecho, en el año 2006 —en ese estrado donde Maduro no estuvo este año— llamó a rebelarse «contra el imperialismo».

Nicolás Maduro continuó exigiendo el levantamiento de las sanciones que también tildó como «crueles». A su juicio, van «contra los derechos económicos y las garantías económicas que deben gozar todos los pueblos del mundo». Mencionó una «persecución a cuentas extranjeras», el supuesto «bloqueo» del oro de las reservas internacionales legales del Banco Central en Londres y que a las empresas extranjeras «se les impide» abrir cuentas bancarias en el exterior. Cada una de estas afirmaciones son objetables. Adicionalmente, todas parten de lo mismo: el robo histórico del chavismo que asciende a 500.000 millones de dólares, según la organización Iniciativa para la Recuperación de Activos Venezolanos (Inrav).

¿Cuál crecimiento sostenido?

Queriendo parecer diplomático, Maduro recordó aquel informe de la relatora Alena Douhan cuando exigió el levantamiento de sanciones. Para Maduro fue un documento «objetivo». No obstante, los venezolanos son conscientes de que la crisis humanitaria y económica que atraviesa el país comenzó mucho antes de que EE. UU. anunciara las medidas. El balance de la relatora, fue sorprendentemente el mismo del régimen.

Pero durante su discurso ante la ONU, el heredero del chavismo aseveró que los venezolanos «se han puesto de pie», gracias a «su gran capacidad de resiliencia». Según él, este año el país pasó de «una fase cruel, dolorosa y de resistencia a una fase de recuperación y crecimiento sostenido con la ciencia, la innovación, la tecnología y la capacidad espiritual». Cabe destacar que detrás de la supuesta mejora que ha tenido el país, con bodegones, dolarización o autos de lujo de dudosa procedencia, los ciudadanos aún se enfrentan a apagones, escasez de agua y, peor aún, sin acceso a un sistema de salud decente. Están obligados a recurrir a la buena voluntad de otros, muchas veces en redes sociales, para acceder a tratamientos médicos de familiares.

Maduro de nuevo volvió a su argumento del «bloqueo infernal» y directamente, en su mensaje pregrabado, pidió de nuevo «que se levanten todas las sanciones contra la economía, la sociedad venezolana por parte de EE. UU. y de gobiernos de la Unión Europea».

El triunfalismo por el diálogo en México

Entre todo el palabrerío, donde no hubo un ápice de reflexión sobre sus propias políticas autoritarias. El mandatario se refirió al diálogo en México que logró apaciguar a la oposición y garantizar su participación en las próximas elecciones regionales en 21 de noviembre.

«El diálogo busca que sus sectores opositores más extremistas, que estuvieron buscando un golpe de Estado en Venezuela, que propiciaron una invasión extranjera, que esos sectores extremistas vuelvan a la política y a la Constitución. Puedo decir ante la Naciones Unidas que lo hemos logrado», vociferó.

Así, con este aire triunfalistas y culpando a otros países de sus desgracias, Nicolás Maduro pronunció su discurso. Nada nuevo.

Oriana Rivas – Panam Post

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