Hasta ahora quienes más han sufrido las consecuencias de la violencia de los manifestantes ha sido precisamente la comunidad negra.

Las principales ciudades de EE. UU. se sumaron al clamor por lo que llaman racismo institucional; luego de la muerte de George Floyd, un hombre negro asfixiado por un policía blanco. En la práctica, han sido las comunidades de negros las más afectadas por los manifestantes de «Black Lives Matter».

El estallido social se dio luego de semanas de cautiverio por causa de la cuarentena del coronavirus. Dicho periodo afectó duramente al sector productivo, en particular a los negocios pequeños que en EE. UU. llaman «de mamá y papá (mom and pop)», dado que son mayormente negocios familiares. Luego de ese duro golpe a la economía, vino uno peor: la devastación y el saqueo.

Alrededor 60 millones de personas, casi la mitad de la fuerza laboral de los EE. UU., obtiene empleo de pequeñas y medianas empresas. Ahora sumado al desempleo del 20 % de la población laboralmente activa por causa de la cuarentena, los lugares que hoy llevan meses sin producir dinero deben reabastecer la mercadería robada y reconstruir lo destrozado.

«¿De quién son las empresas que están siendo destruidas? Empresas de propiedad de minorías y negras», dice Marie Fischer de directora de Project 21, una iniciativa que da voz a jóvenes negros conservadores, agregando que muchos de los mismos funcionarios que no le ponen un dedo encima a los manifestantes irán tras ciudadanos respetuosos de la ley si violan la cuarentena.

Las manifestaciones pacíficas, a la par de la ola de saqueos y vandalismo empezaron en la ciudad donde Floyd murió, Minneapolis, Minnesota, hogar de «Mercado», el nombre en español se debe a que es hogar de minoristas y restaurantes para la comunidad hispana. Mercado estuvo cerrado desde marzo debido al brote de virus. Los restaurantes debían estar habilitados para sentarse al aire libre el lunes 1 de junio, pero la violencia y el saqueo de la semana pasada forzaron un retraso, dijo el gerente general, Eduardo Barrera para US News.

«Perdí todo en una noche», aseguró en el mismo reportaje Sam Mabrouk, comerciante nacido en Egipto y habitante de Columbus, Ohio. Suplicó a los saqueadores que dejen a su tienda en paz, lo mismo respecto a otros negocios pertenecientes a minorías cercanas. Les dijo que entendía su causa pero no sirvió. Su local de jeans fue vaciado, 70.000 dólares en mercancía fue robado. “Ese fue mi ahorro de 11 años de trabajo. Eso es lo que duele más que nada», lamentó.

Muertos por defender a su comunidad

Hasta ahora quienes más han sufrido las consecuencias de la violencia de los manifestantes ha sido precisamente la comunidad negra, no solo con la destrucción de sus barrios y ciudades, sino también de sus vidas, en particular los policías como Patrick Downing en Oakland, California, y el policía retirado de 77 años David Dorn en St. Louis, Missouri, cuando acudió al llamado de un amigo cuya casa de empeño fue saqueada.

Dorn intentó dialogar con los saqueadores sobre el daño que hacían a su comunidad. Y en respuesta recibió disparos. Su asesino ya fue capturado, gracias en buena medida a que fue filmado el asesinato en vivo y difundido en redes sociales.

No quieren justicia

La violencia se vive a lo largo y ancho del país. Y casos como el este muestran que los robos y saqueos no se trataban de productos de primera necesidad. Al contrario, en Filadelfia, Pennsylvania, donde el 53.7 % de los negocios tiene apenas entre 1 y 4 empleados, se vaciaron hasta 200.000 dólares en mercadería de una joyería, cuyo propietario es un migrante de Bangladesh.

«No tengo dinero en este momento», declaró el Señor Siddiquee ante periodistas de The Wall Street Journal que recorrieron los barrios más afectados por los saqueos. Su esposa le consoló en medio del robo: «No te deprimas. No te estreses. Déjalos ir.»

Es que la preocupación de Siddiquee no solo era por él. El propietario de la galería (Paradise Gallery) donde está la joyería y los locales conjuntos también fueron destruidos y vaciados por las turbas.

Sumado a la pérdida económica de la mercancía robada y el gasto que implica reconstruir un negocio que fue destrozado, los inquilinos deben pagar un arriendo de un promedio de 2.000 dólares mensuales.

Melaku Antoine, que nació en Etiopía, alquila un local dentro de una galería comercial. Calculó su pérdida en $ 80.000 y no tiene seguro frente a la destrucción de la cual fue víctima. Esto le afecta no solo a él sino a toda su familia. Vive en Filadelfia hace más de 30 años, es padre de dos hijos nacidos en EE.UU., uno universitario y otro por graduarse del colegio.

«Está vacío», dijo, señalando los estantes desnudos. Su preocupación más inmediata, dijo, es encontrar el alquiler mensual de aproximadamente $ 2.000 que debe por el espacio.

No buscan justicia, solo quieren todo gratis, exclamó indignada la propietaria de otro local comercial en el mismo reportaje en Filadelfia.

Destructores blancos, policías negros

Vale señalar que la población negra no es la única que participa en los destrozos, también blancos, sobre todo miembros de brigadas autoproclamadas antifascistas se han destacado como protagonistas en la destrucción.

De hecho, un hombre blanco, Matthew Lee Rupert, de 28 años, fue el primer detenido por un crimen federal, acusado de desorden civil, posesión de explosivos no registrados y participación y organización de disturbios.

Luego de investigar su perfil en redes sociales, las autoridades encontraron una declaración de él luego del triunfo de Trump en el 2016 diciendo: «Voy a extrañar mucho a Obama, me preocupo por el bien de EE. UU.«..

El discurso de fragmentación social también pasa por alto que los policías de primera línea en las comunidades negras son a menudo negros nacidos y criados allí, comenzando por el jefe de la policía de Minneapolis, a quienes los manifestantes buscan dejar desempleados con su pedido de desmantelar a la policía.

Comúnmente se llama afroamericana a la población negra, aunque hayan nacido en EE.UU. Pero lo cierto es que han sido los nacidos en África quienes están dando una lección. Entre ellos los propietarios de negocios que han prosperado, mostrando que el sueño americano es posible para todos.

Pero sobre todo Nestride Yumga, migrante de Camerún, exmiembro de la fuerza aérea de EE.UU., quien increpó o los miembros de Black Lives Matter llamándolos una farsa.

Pues asegura, fiel a la estadística, que los mayores índices de violencia suceden dentro de las comunidades negras. Por tanto, si en verdad les importasen esas vidas, mejorarían la situación en sus ciudades, no las destruirían, como ha sucedido hasta ahora.

Fuente: Panam Post.