Un nuevo informe del Departamento de Estado de Estados Unidos denuncia que el régimen de Nicolás Maduro fomenta un «ambiente permisivo» para grupos terroristas en Venezuela.

El documento señala que el territorio venezolano se ha convertido en refugio de criminales donde actúan con libertad «los disidentes de las FARC, el ELN y Hezbolá».

De acuerdo con las investigaciones del Departamento de Estado el desarrollo de los grupos criminales facilitan la corrupción en el país suramericano salpicando directamente a funcionarios de la Fuerza Armada venezolana.

El Departamento de Estado afirmó también que son preocupantes los informes que señalan la existencia de cooperación entre las disidencias de las FARC y el ELN en las áreas de control de carreteras y fronteras, en la distribución subsidiada de alimentos, en el reclutamiento y desplazamiento forzado de comunidades indígenas vulnerables y en el tráfico de narcóticos y oro ilegales.

El informe denuncia «la creciente presencia y control territorial del ELN» en Venezuela, señala además que en el país «se incrementaron las confrontaciones entre el ELN, otros grupos armados ilegales colombianos y venezolanos y las fuerzas gubernamentales venezolanas».

Tierra fértil para la criminalidad

El país suramericano es investigado en el mundo por permitir el desarrollo de actividades terroristas, de narcotráfico, lavado de dinero internacional, corrupción y violación a derechos humanos; todo esto, bajo la mirada complaciente de las autoridades y la Fuerza Armada.

A pesar de que la mayoría de los venezolanos luchan por la caída de Nicolás Maduro, y de que los países democráticos exigen que en Venezuela exista democracia; la verdad es que el régimen está aupado por la criminalidad nacional e internacional que encontró en ese país «licencia libre» para ejercer fechorías. Maduro se aferra al poder pues con su caída, también destruiría la logística de grupos criminales.

Al menos tres grupos terroristas operan desde Venezuela, gracias al chavismo: El ELN, las FARC y hasta el islámico Hezbolá. Por ejemplo, el país gobernado por Maduro se convirtió en un búnquer para el ELN, por lo que la Justicia colombiana se ve impedida de actuar y emprender operativos.

En primer lugar, los máximos líderes del ELN están en Venezuela; mientras que dicha organización criminal tiene en sus manos parte del manejo y tráfico del oro venezolano.

Por su parte, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) también han hecho vida en suelo venezolano y han usado ese país como refugio y escapatoria de las autoridades colombianas.

A esto se suma el informe estadounidense presentado en junio de 2017 en Washington por el instituto American Enterprise, donde se señaló que elementos del Gobierno venezolano “administran y respaldan operaciones de narcotráfico, lavado de dinero, financiamiento al terrorismo, respaldo a los movimientos guerrilleros y de corrupción”.

Según el informe, Venezuela siempre fue un pasillo natural para las exportaciones de cocaína provenientes de Colombia hacia Europa y Estados Unidos, pero el tráfico se incrementó con Hugo Chávez en el poder tras que este respaldara a las FARC.

Señala el documento que gracias a la alianza entre guerrilla y chavismo, Venezuela es ahora un centro de distribución para la cocaína producida por las FARC y otros grupos narcotraficantes.

Como si no fuera suficiente la presencia de estos dos grupos terroristas en Venezuela, los regímenes de Chávez y Maduro también han respaldado las operaciones del los iraníes y el Movimiento de la Resistencia Islámica del Líbano (Hezbolá).

Hezbollah, cuya traducción sería “El partido de Dios”, es una organización que nació en el Líbano en 1982 tras la ocupación israelí, que cuenta con un brazo político y otro armado, y funciona con el respaldo de Irán y del Gobierno sirio de Bashar Al Assad, actuales aliados y amigos del régimen madurista.

En el libro Búmeran Chávez se revela, de acuerdo con testimonio de Rafael Isea -entonces viceministro de Finanzas y presidente del Banco de Desarrollo Económico y Social (Bandes)-, quien estuvo presente en la reunión que se realizó en Damasco en el año 2007, entre Maduro -para entonces ministro de Relaciones Exteriores-, y el jefe de Hezbolá, Hassan Nasrallah, líder del grupo terrorista, que se firmó un pacto que amparaba actividades de narcotráfico, blanqueo de dinero, suministro de armas y entrega de pasaportes, así como el despliegue de células de esa organización radical chiita en Venezuela.

Pero hay más pruebas de que el chavismo ha decidido aliarse con el grupo terrorista. Un reportaje del diario ABC de España reveló que entre 2008 y 2012, aproximadamente 173 individuos provenientes de Siria, Líbano, Jordania, Irak e Irán se registraron como ciudadanos venezolanos para facilitar su participación en el negocio del narcotráfico y ayudar en el transporte de la droga.

En 2015 un funcionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), identificado como Misael López Soto, quien supuestamente fue consejero de la embajada venezolana en Irak, confesó que fue testigo de que el Gobierno venezolano entregó documentos diplomáticos a terroristas del Medio Oriente.

Fuente: Panam Post.

Categorías: América EE. UU. Venezuela

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