El Pentágono se disculpó por el ataque que provocó la muerte de 10 civiles, el cual pretendía ser una respuesta contra ISIS-K por el atentado en las afueras del aeropuerto de Kabul que dejó 170 muertos, entre ellos 13 soldados estadounidenses. Pero ningún miembro del grupo terrorista fue alcanzado

Ningún integrante del Estado Islámico resultó afectado en el ataque con dron ejecutado por Estados Unidos el pasado 29 de agosto en la provincia de Nangahar, Afganistán. Solo hubo víctimas civiles inocentes. En total fueron 10 personas, siete de ellos eran niños. «El ataque fue un error trágico», dijo el general de la Infantería de Marina y el jefe del Comando Central (CENTCOM), Frank McKenzie.

El militar no tuvo otra opción que disculparse durante una rueda de prensa televisada. Cuando ocurrió dicho ataque, funcionarios del Pentágono estaban casi seguros que el objetivo había sido alcanzado. Sin embargo, paralelamente circulaban en redes sociales fotos de padres enterrando a su hijos en esa parte del país. Ellos aseguraban que habían sido víctimas de un atentado estadounidense no tripulado. Ahora sus testimonios quedan confirmados.

El dron atacó un Toyota Corolla sedán blanco. Fuerzas estadounidenses creyeron que había militantes del grupo terrorista Estado Islámico cuando en realidad lo conducía Zemari Ahmadi, un trabajador de una ONG estadounidense, replicó EFE.

«En nombre del Departamento de Defensa, ofrezco mis más profundas condolencias a las familias de quienes fueron asesinados, incluido el señor Ahmadi y al personal de Nutrición y Educación Internacional, compañía del señor Ahmadi».

Error tras error

El ataque fue el último antes de que EE. UU. se retirara por completo de Afganistán y se suma a la larga lista de errores cometidos por la Casa Blanca. El jefe del CENTCOM descartó cualquier nexo entre Ahmadi y el grupo ISIS-K, autor del atentado en las afueras del aeropuerto de Kabul que dejó 170 muertos y provocó la respuesta de EE. UU.

Pero queda en evidencia que la respuesta fue totalmente desacertada. El secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, dijo que se esforzarán «por aprender de este horrible error». Una frase que podría indignar a cualquiera. Error tras error fue lo que caracterizó la salida estadounidense de ese país. El Pentágono había calculado que los talibanes iban a tomar el poder en 30 días, pero realmente ocurrió en una semana.

Soldados no se daban abasto en el aeropuerto de Kabul ante miles de afganos que rogaban para que los dejaran pasar. No hace falta recordar la imagen del bebé levantado por el aire para que un militar lo agarrara al otro lado del muro. O varios afganos cayendo de una avión que despegó, desesperados por huir.

La inteligencia estadounidense dice que el vehículo atacado por el dron había sido utilizado por el ISIS-K para planificar y facilitar ataques 48 antes. Fue rastreado por aviones no tripulados estadounidenses por varias rutas antes de tomar la decisión de dispararle. Sin embargo, se equivocaron. Se equivocaron a los grande. «Claramente, nuestra inteligencia estaba equivocada en este Toyota Corolla blanco en particular», añadió McKenzie.

Oriana Rivas – Panampost.com

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