La lista de todos los candidatos para Diputados, Senadores y puestos clave de poder en los Estados para evitar el fraude electoral de cara a 2024, donde sin lugar a dudas buscará la presidencia nuevamente.

Desde que dejó la Casa Blanca en enero de este año, Donald Trump está teniendo un nivel de actividad político pos-presidencial nunca antes visto para un ex mandatario estadounidense. Lejos de retirarse de la escena política como hacen todos los que dejan el poder, tengan uno o dos mandatos, el compromiso de Trump con sus simpatizantes y su agenda política es total.

Desde su centro de operaciones políticas ubicado en Mar-a-Lago, Florida, el ex presidente pasa sus días diagramando lo que será su estrategia para el año que viene; entrevistándose con potenciales candidatos, participando de galas con funcionarios republicanos y posibles donantes, y comunicándose con sus seguidores mediante su casilla de emails.

Trump entiende que para volver a lanzar su candidatura presidencial en 2024 es menester que los republicanos recuperen el Congreso, además de que también es necesario armar una red política propia que se extienda a cada rincón del país y que no dependa del control de la vieja guardia del Partido Republicano.

El takeover trumpista del partido más antiguo del continente es total y comenzó hace meses desde el más bajo peldaño de la estructura partidaria.  De acuerdo a datos de ProPublica, en lo que va del año más de 8.500 militantes trumpistas se han hecho con posiciones de poder, ya sea administrativas o políticas, dentro de las sedes republicanas locales.

Muchos respondieron a la llamada del ex estratega político de Trump, Steve Bannon, quien en su podcast reconoció que ha estado en contacto con su antiguo jefe. “Volveremos a tomar el partido barrio por barrio, distrito por distrito”, fueron las palabras que pronunció el estratega en su programa.

El primer objetivo que se ha puesto el magnate para el año que viene es cobrar venganza ante la facción denominada RINO (“Republicans In Name Only” – “Republicanos Solo en Nombre”) del Congreso, que lo traicionaron y votaron a favor del juicio político inconstitucional impulsado por los demócratas el pasado enero.

Esta facción cuenta con 10 diputados y está liderada por Liz Cheney, diputada por Wyoming e hija del ex vicepresidente Dick Cheney, quien hace meses fue expulsada del liderazgo republicano de la Cámara de Representantes no solo por su ferviente anti trumpismo sino también por estar emparentada más con la agenda demócrata que con la republicana.

La pasada semana, Cheney conoció que su rival en la interna será Harriet Hageman, una abogada local que decidió cortar vínculos con la familia Cheney y los acusó de traidores luego de su voto en el juicio político. Hageman, como Cheney, forma parte de una dinastía política local, siendo su padre un histórico legislador del Estado, pero desde 2017 apoyan a los Trump. La nueva aliada de Trump se define a sí misma como una derechista libertaria. 

Fuera de Cheney, según un análisis del sitio FiveThirtyEight, los restantes 9 republicanos que votaron a favor del juicio político se enfrentan a una situación muy compleja — tan solo 2 diputados se encuentran en distritos demócratas con posibilidades de sobrevivir y los otros 7 se encuentran en distritos ganados ampliamente por Trump. Éstos deberán enfrentarse a la maquinaria trumpísta, que ya logró que sean censurados por las filiales locales del Partido Republicano y reconocen que este es el final de su carrera política.

Algunos, como el congresista Anthony González de Ohio, prefirieron evitar la ignominia política y ya anunciaron su retiro de la política. Otros, como los congresistas Jaime Beutler de Washington o Fred Upton de Michigan, ensayan una leve resistencia a la arremetida trumpista.

Para estos tres distritos, Trump ya ha lanzado a sus candidatos:  para el primero apoyó a su asesor Max Miller, para el segundo al derechista-populista Joe Kent—un abogado que fue apadrinado políticamente por el conductor Tucker Carlson—y para el tercero al legislador local Steve Carra, autor de un proyecto de ley que propone auditar el fraude electoral en Michigan.

Esquema de FiveThirtyEight que reconoce la difícil situación que enfrentan los diputados anti-Trump. Se esperan que Trump presente más candidatos propios en las siguientes semanas.

En el Senado, la batalla por el control de la Cámara y por el control de la bancada también es total. Trump se centrará principalmente en derrocar a la senadora por Alaska, Lisa Murkowski, una política moderada cercana al bloque demócrata que, junto a 7 de sus colegas republicanos, votó a favor de condenar a Trump cuando el impeachment llegó a la Cámara Alta.

De los restantes seis senadores, hay dos que ya anunciaron su retiro de la política: Richard Burr de Carolina del Norte, y Pat Toomey de Pensilvania. Otros, como Mitt Romney, si bien no reeligen hasta 2024, es muy poco probable que retengan su bancas debido al creciente repudio que experimentan dentro de las filas republicanas.

Quien cuenta con el apoyo de Trump en Alaska para destronar a Murkowski es la joven política derechista y emprendedora Kelly Tshibaka. Para las bancas de Toomey y Burr, el ex presidente eligió al actual diputado Ted Budd y a Sean Parnell, este último un ex marine que ya es una estrella dentro del Partido y que el fraude demócrata lo privó de acceder al Congreso el año pasado.

Con la esperanza de retomar el control de la Cámara Alta, Trump también ha dado su aval a dos candidatos que buscarán arrebatarle las bancas a dos senadores demócratas de extrema izquierda como lo son Catherine Cortez Masto de Nevada y Raphael Warnock de Georgia. En Nevada, el ex mandatario ha elegido a su abogado personal y ex fiscal Adam Laxalt, y en Georgia ha dado su bendición a la leyenda del fútbol americano, Hershel Walker, un candidato trumpista de pura cepa.

Otros avales que Trump ha emitido son de corte más institucionalista. En Florida, apoyará en su reelección al actual senador Marco Rubio, quien a pesar de ser parte del establishment, lo ha defendido en las situaciones más difíciles; en Kentucky, al senador libertario Rand Paul; en Kansas, al actual incumbente Jerry Moran; en Alabama, al diputado Mo Brooks; en Carolina del Sur, al incumbente Tim Scott y en Wisconsin, al senador trumpista Ron Johnson, un gran aliado de Trump que defendió ante la Justicia que el mandatario perdió por el fraude electoral.

Trump se encuentra en guerra con el jefe de la bancada republicana en el Senado, Mitch McConnell, quien le soltó la mano el 6 de enero y permitió que prosperara el fraude y que los demócratas le hagan un segundo impeachment.

Si Trump logra instalar a por lo menos 4 de los 7 senadores que lo desafían, podría sacarle a McConnell el liderazgo del bloque republicano en el Senado. McConnell sostiene que el partido debe separarse de la figura de Trump y de sus militantes, por lo que está dirigiendo su propio comité político y financiando a candidatos cercanos al establishment partidario.

Con vistas a su casi confirmada segunda candidatura presidencial en 2024, Trump quiere asegurarse tener bajo control la cuestión del fraude electoral para que los demócratas no vuelvan a salirse con la suya, especialmente en los Estados claves que deciden la elección presidencial.

Para ello, que ha estado eligiendo a sus más leales colaboradores para que ocupen posiciones de poder en los Estados fraudulentos y combatan la corrupción demócrata:

– En Texas, el actual Fiscal General, Ken Paxton, disputará la interna con el sobrino del ex presidente George W. Bush y Trump promete hacer campaña a favor de Paxton.

– En Georgia, el diputado trumpista Jody Hice se presentará a internas para ser el nuevo Secretario de Estado.

– En Arizona, el legislador Mark Finchem buscará junto con Trump destronar a Katie Hobbs, la militante ultra demócrata responsable del fraude electoral en ese Estado.

– Y en Michigan, Matthew DePerno, uno de los integrantes del equipo legal del ex mandatario durante el proceso electoral del año pasado, será candidato a Fiscal General.

Trump aún no se ha expedido en muchas de las elecciones gubernamentales que sucederán el año que viene, pero sí ha mostrado su apoyo a las reelecciones del gobernador de Texas, Greg Abbott, y buscará que su ex Secretaria de Prensa, Sara Huckabee Sanders, siga los pasos de su padre y se convierta en gobernadora de Arkansas.

El Estado de Virginia elige gobernador el próximo noviembre, y Trump ya ha manifestado su apoyo al empresario Glenn Youngkin. Esta elección será clave para medir al electorado de cara al próximo año y servirá como termómetro social para ver cuán descontentos están los americanos con la presidencia de Biden. Virginia, que hace décadas que está bajo control demócrata, estuvo muy cerca de ser ganado por Trump en 2020, a pesar del fraude electoral.

Aún quedan algunas elecciones en las que aún Trump no ha anunciado su candidato, entre ellas una la cual será, para las internas del Partido Republicano, la madre de todas las batallas como es la primaria republicana para elegir al nuevo candidato a senador por el Estado de Ohio.

En tan solo meses y faltando más de un año para las elecciones de medio término, Trump ya ha lanzado y aceitado su maquinaria política como nunca antes un presidente ha logrado, llevándose el reconocimiento de los oficiales de más alto rango del partido.

“Trump ha reformado el partido. Ahora somos un partido de clase obrera. Somos el partido de ‘América Primero’”, dijo Michael Whatley, el líder republicano de Carolina del Norte. “Es un partido totalmente diferente, y yo, personalmente, no creo que vuelva a ser como antes. Es ser duro con China, proteger la frontera, luchar por la Segunda Enmienda y la vida — esa es la fórmula para el éxito”. 

Fuente: La Derecha Diario

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