Redacción BLes – Algunas ciudades de los Estados Unidos se vuelven cada vez más caóticas y con un rumbo incierto. Al mismo tiempo que los gobernantes demócratas insisten con políticas de cierre y bloqueo a comerciantes, destruyendo la economía, los lazos sociales y familiares, optan por desfinanciar la policía y por liberar a delincuentes y asesinos. 

El desastre y desconcierto en ciertas ciudades de los Estados Unidos, producto de las medidas tomadas por los políticos demócratas, no tiene precedentes en la historia moderna. La situación es realmente caótica. 

Ciudades como Nueva York, que ya fueron terriblemente golpeadas por la crisis provocada por la pandemia y profundizada por las medidas de cierre impuestas por sus políticos, acaban de anunciar que nuevamente cerrarán los restaurantes.

“Las comidas en interior deberán cerrar en la ciudad de Nueva York a partir del lunes. Las hospitalizaciones no se han estabilizado y con una tasa de infección en aumento y la densidad de la ciudad de Nueva York, esto significa que comer en el interior es un riesgo demasiado alto”, informó el viernes el gobernador de Nueva York.. 

La decisión se toma a base de métricas informadas por los Centros de Salud (CDC por sus siglas en inglés), que son puestas en duda continuamente, lo que genera mayor indignación en la ciudadanía. 

La ciudad de Nueva York fue una de las áreas más afectadas del país por el virus y sufrió bloqueos estrictos que cerraron negocios, escuelas, iglesias y restaurantes. En los últimos meses, se vieron micro avances en las reaperturas, por ejemplo los restaurantes, uno de los rubros más golpeados, pudieron reabrir sus locales para atender en su interior a un 25% de su capacidad. Sin embargo, semanas más tarde, los volvieron a cerrar. 

La gastronomía es un rubro muy activo en la economía neoyorquina, otorga ingresos millonarios para la ciudad, brinda decenas de miles de empleos y reactiva en cadena a una gran cantidad de otros rubros.

En medio de esta caótica situación, Nueva York sufrió durante todo el año protestas violentas por parte de grupos de izquierda que desataron destrozos, saqueos, asesinatos y una inseguridad generalizada. Como respuesta, el alcalde demócrata de Nueva York, Bill De Blasio, anunció lo menos esperado: un feroz desfinanciamiento a las fuerzas policiales de mil millones de dólares, casi un 20% del presupuesto en seguridad. 

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Lo que se vivió en Nueva York, se proyectó en la mayoría de las ciudades gobernadas por demócratas. Tal es el caso de la ciudad de Baltimore, quien acaba de anunciar que desde el viernes por la noche obligará a cerrar todos los restaurantes tanto en su interior como al aire libre. Las escuelas nunca volvieron a abrir luego del verano, al igual que las iglesias, pero sin embargo, hay una actividad que parece ser “esencial” para el gobierno y nunca cerró: el tráfico de drogas.

Según denuncian, al mismo tiempo que las autoridades amenazan a los comerciantes, asegurando que serán criminalizados en caso de que abran de forma “ilegal” sus negocios, han liberado a cientos de peligrosos criminales durante el verano, para “protegerlos del COVID”.

En San Francisco denuncian una situación muy similar. Es sabido que allí las restricciones debido a la pandemia son absurdamente exigentes. Las autoridades buscan infundir el miedo por el virus con la complicidad de los medios masivos de comunicación, para luego justificar la imposición de restricciones y aislamientos. 

Pero al mismo tiempo que aumentan las restricciones, también lo hace la violencia, el crimen, las drogas y la miseria. ¿Pero en que se concentran las autoridades? En criminalizar a los comerciantes, a los niños que no utilizan máscaras y a los religiosos que visitan las iglesias. 

Y así es como Estados Unidos se está convirtiendo en un país donde trabajar, estudiar, rezar y pasar tiempo con la familia resultan actividades criminales, pero los manifestantes violentos en las calles son aplaudidos, las drogas son aceptadas y los asesinos son liberados. Todo al revés.

Andrés Vacca – BLes