Países europeos anularon el mandato de mascarillas. Estados Unidos tomó medidas similares pero gran parte de América Latina sigue estancada. En paralelo, una nueva subvariante de omicron sigue propagándose.

Son varias las noticias relacionadas con el coronavirus que han surgido desde que Vladímir Putin ordenó invadir Ucrania el pasado 24 de febrero. Aunque la prensa mundial pasó la pandemia a un segundo plano frente a la vorágine de información sobre el avance de tropas, muertos, heridos y desplazados como consecuencia de la guerra, el COVID-19 ya supera los seis millones de fallecidos y 450 millones de contagiados.

Numerosos gobiernos europeos y americanos dieron por terminadas las restricciones, incluyendo el uso de mascarillas en ambientes cerrados. Por su parte, China, donde posiblemente se originó el virus, atraviesa el mayor pico de contagios desde que comenzaron los confinamientos hace tres años, a pesar de la campaña «tolerancia cero» del régimen de Xi Jinping. Mientras eso ocurre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) prepara un «pasaporte» de vacunación internacional y aparece una subvariante de la cepa omicron, considerada «de preocupación».

Lo cierto es que en mayor o menor medida, el virus no ha desaparecido. En paralelo, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) están pidiendo suspender la venta de mamíferos salvajes vivos en mercados de alimentos como «medida de emergencia». «El virus sigue evolucionando y el riesgo de aparición de variantes en el futuro es alto», exhortaron de acuerdo con un comunicado replicado por Europa Press.

No más mascarillas

Nueva York anunció que suspendió el mandato de mascarillas en escuelas, así como la obligatoriedad de la prueba de vacunación para acceder al interior de restaurantes, teatros u otros espacios. La prolongación de estas medidas para hacer frente al coronavirus estaba generando el repudio de los ciudadanos por coartar las libertades, no solo en esa sino en otras ciudades del país. La molestia escaló al punto que más de 1000 camiones partieron hacia Washington para exigir el fin de las restricciones. El 2 de marzo EE. UU. dijo que daba por superada la ola de omicron e inauguró una nueva etapa sin mascarillas en gran parte del país.

Por estos días de guerra y tensiones globales, Irlanda, Hungría, Bélgica y Grecia también decidieron eliminar el uso de mascarillas. Algunas naciones levantaron el requisito del pase sanitario y permitieron el aforo completo en espacio cerrados. Regresando a América, en Puerto Rico y en Río de Janeiro tampoco será necesario usar tapabocas. Costa Rica retomó los aforos completos para actividades deportivas, académicas, discotecas, bares y restaurantes a partir del 1 de marzo.

Pero en el resto de la región las cosas siguen estancadas. Ni siquiera el sistema educativo ha reabierto por completo. La interrupción desmedida de clases excusada en el coronavirus calificó como una de las tres “crisis silenciosas” que hoy atraviesa la región, según la CEPAL.

El próximo «pasaporte» de la OMS

Ese es el próximo proyecto de la OMS para exigirlo en viajes internacionales a pesar de que muchos países relajaron las medidas. El organismo de salud mundial, entre las incoherencias que le preceden, ahora apuesta por este requisito. Será un identificador, como un código QR, que se vincularía a los registros de vacunación de una persona, reveló CNN. Una evolución del registro en papel.

La idea sería conectar programas de certificación a gran escala, como «el certificado digital COVID-19 de la Unión Europea, el programa DIVOC de la India, el VDS-NC de Australia y el pase de salud inteligente utilizado por corporaciones como Apple y Walmart».

En agosto de 2021, la OMS había dicho que un certificado de vacunación no debería ser un requisito para viajar. De acuerdo con la reseña en EFE, el organismo exhortó a que la información personal sobre la vacunación contra el COVID-19 debía aplicarse solo para reducir el periodo de cuarentenas o la necesidad de someterse a uno o más pruebas de diagnóstico de coronavirus a la llegada a un país.

Contagios récord en China

La nación bajo el mando de Xi Jinping aún no saldrá del sistema «tolerancia cero» contra el coronavirus a pesar de que la pandemia ya está en su tercer año. Las prohibiciones draconianas incluyen cierres en comunidades enteras y, a veces, incluso en ciudades cuando se han detectado unos pocos casos.

A pesar de eso, y de que el país no ha superado las 5000 muertes, los contagios siguen aumentando. El territorio continental registró el 7 de marzo 214 nuevos casos de infección durante las 24 horas anteriores, de acuerdo con un informe de la Comisión Nacional de Salud de China. Es el número de casos más altos desde marzo de 2020.

Las estimaciones apuntan a que las prohibiciones no terminarán hasta la celebración del XX Congreso del Partido Comunista (PCCh) en octubre.

La subvariante BA.2

Por último, pero no menos importante, aparece la subvariante de omicron, bautizada como BA.2. De esta comenzó a hablarse pocos días antes de que las tropas rusas entraran oficialmente en Ucrania. Para el 21 de febrero trascendió que ya representaba 21 % de los nuevos contagios en el mundo.

La OMS comunicó para esa fecha que debía continuar considerándose «una variante de preocupación» y que debía permanecer clasificado como omicron. Científicos japoneses concluyeron tras experimentos que BA.2 puede causar una enfermedad más grave en hámsters en comparación con BA.1, la variante original de omicron.

Hasta el momento del informe, la subvariante era la causa dominante de las infecciones por COVID-19 en al menos 10 países, incluidos India y Dinamarca.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

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