Redacción BLes El precio del combustible en Estados Unidos se ha disparado un 30 por ciento desde el año pasado, en parte por la coyuntura internacional, pero principalmente potenciado por las nuevas políticas energéticas impuestas por el presidente demócrata Joe Biden, quien pareciera estar interesado en aumentar aún más los precios para desarrollar los negocios asociados a las energías renovables, advierten expertos. 

Desde noviembre de 2020, el precio promedio nacional por galón de combustible aumentó de 2,20 a 2,85 dólares y durante este último fin de semana en al menos 9 estados el galón superó la barrera de los 3 dólares. 

Lo más preocupante es que los precios no muestran señales de desaceleración y el compromiso del gobierno federal claramente no apunta a colaborar con la reducción del precio del combustible, más bien pareciera verse beneficiado con este aumento ya que lo posiciona en un terreno más favorable para desarrollar el mercado de las energías renovables y cumplir con la agenda izquierdista del “Green News Deal”.

Según expertos, el aumento de precios se debe en parte a una cuestión de oferta y demanda, luego de la reactivación de la economía tras levantarse las cuarentenas a finales del 2020, hay una mayor demanda de combustible que se enfrenta a una menor producción y venta de petróleo a las refinerías. Pero estos aumentos se vieron potenciados y podrían incluso empeorar, tras las políticas ambientales y energéticas implementadas por la administración Biden.

Myron Ebell, director del conservador Centro de Energía y Medio Ambiente del Competitive Enterprise Institute, dijo al Washington Times: “La demanda de petróleo y gas está aumentando después de casi un año de calma. Los estadounidenses están comenzando a volver a una apariencia de normalidad a medida que mejoran los números de la pandemia de COVID-19”. 

Pero también está disminuyendo la oferta del petróleo y el combustible. Los pozos de petróleo y las refinerías estadounidenses han desacelerado su actividad considerablemente por la crisis. Desde el inicio de la pandemia, se han perdido más de 120.000 empleos energéticos debido a la disminución de la demanda de petróleo y gas. Solo en Texas, se perdieron casi 60.000 empleos en la industria energética en 2020.

Y lo más preocupante es que las medidas impuestas por Biden apuntan a desacelerar aún más la producción de petróleo y desincentivar el uso de combustibles fósiles y el carbón. 

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Una de las primeras acciones de Biden como presidente fue revocar los permisos para el oleoducto Keystone XL, que habría transportado 800.000 barriles de petróleo por día desde Canadá a las refinerías en la región de la costa del Golfo de Texas. También emitió una moratoria para suspender nuevas perforaciones de petróleo y gas en tierras federales.

Ambas medidas atentan contra los intentos de aumentar la producción de energía nacional para satisfacer la creciente demanda, lo que permitiría equiparar la oferta y la demanda y reducir los precios. 

“También es de interés para sus políticas tener altos precios de la gasolina, le sirve para convencer a la gente de que se baje de los automóviles a gasolina y se cambie a los vehículos eléctricos”, dijo Ebell.

El aumento en el combustible se refleja inmediatamente en un aumento en el costo de vida de los ciudadanos. Los viajeros frecuentes padecen el impacto en sus bolsillos cada vez que llenan los tanques de sus automóviles, pero el aumento del precio de los combustibles se refleja también, más temprano o más tarde, en todos los bienes de consumo masivo. 

El efecto inflacionario es inevitable y realmente devastador para una economía en crisis con millones de desocupados y empresas todavía afectadas por la pandemia producto del virus PCCh y las medidas izquierdistas que promueven cierres y cuarentenas exageradas. 

Andrés Vacca – BLes.com