El galón pasó de 2,42 dólares por galón a 4,86 dólares evidenciando el resultado de infortunios como la pandemia, pero también la aplicación de decisiones ineficientes que a la larga convierten a EEUU en un país energéticamente vulnerable.

El precio de la gasolina en Estados Unidos aumentó en más del doble desde que el presidente Joe Biden inició su mandato. Es decir, de un promedio de 2,42 dólares por galón en enero de 2021 registrados por la Administración de Información Energética (EIA, en inglés); el combustible pasó a costar 4,86 dólares al 6 de junio de 2022. En porcentaje, sería 101 %.

No es para menos que el suceso esté ocupando las primeras planas de los medios de Estados Unidos. Sus ciudadanos prestan especial atención a este rubro y tal como han dicho expertos «la gasolina es la que quita y pone presidentes en EE. UU». De hecho, en un sondeo que la firma Gallup hizo en mayo para medir la opinión que tiene la ciudadanía sobre la economía se mostró que en el índice —que mide entre +100 y -100—, arrojó un resultado de -45. Esto se traduce en la cifra de confianza más baja registrada desde el final de la Gran Recesión a principios de 2009.

Que el precio de la gasolina aumente también influye en el cálculo de la inflación, porque aunque esta disminuyó dos décimas en abril (8,3 %), no deja de ser elevada. En consecuencia, termina siendo un efecto dominó que la Administración Biden trata de apaciguar sin resultados útiles.

Si miramos hacia California los precios de la gasolina son aún mayores con 6,34 dólares por galón de acuerdo con la Asociación Automovilística (AAA, en inglés). Y si bien la diferencia radica en temas de impuestos, no deja de ser una fotografía del reto que hoy padece la Casa Blanca.

Políticas insuficientes

Los precios de la gasolina en EE. UU. son bastante susceptibles. Cuando comenzó la pandemia en 2020 disminuyeron por la falta de demanda, pero se dispararon cuando el país retomó sus actividades. Posteriormente, en marzo pasado Biden prohibió las importaciones desde Rusia por la guerra en Ucrania y eso influyó en más aumentos. Él mismo admitió el «costo» de la decisión y se comprometió a «hacer todo lo posible para minimizar el incremento de los precios».

Pero hasta ahora nada apacigua los aumentos en el costo de la gasolina que se exhiben en grandes avisos dentro de las estaciones de servicio. Ni siquiera las excepciones en la agenda verde —al permitir la venta de gasolina con 15 % de etanol— o el anuncio en abril de liberar un millón de barriles diarios durante seis meses, lo cual posiblemente estuvo guiado más por aspiraciones políticas para no perder en las próximas elecciones de medio término, de acuerdo a voces expertas. Como resultado, los afectados son los bolsillos estadounidenses.

De manera que bajo todo este contexto se deja ver lo vulnerable del mercado energético nacional en tiempos de la Administración demócrata. Es que no es la primera crisis relacionada con la gasolina. Hace un año piratas informáticos atacaron los sistemas del oleoducto Colonial Pipeline dejando casi sin suministro a gran parte del país. El episodió demostró que decisiones como la suspensión del oleoducto Keystone XL tampoco fueron acertadas al dejar a Estados Unidos sin una fuente de crudo adicional.

Decisiones débiles

Sin embargo, lejos de haber escarmentado, Biden se refirió recientemente al aumento de los precios de la gasolina como una «transición increíble» que tiene como fin ser «menos dependientes de combustibles fósiles». Por su parte, la anterior secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, prefirió culpar al presidente de Rusia.

«Permítanme decir primero que los estadounidenses están pagando un precio más alto en la bomba debido a las acciones del presidente Putin», dijo. «Este es un aumento de Putin en la bomba de gasolina, no uno motivado por nuestras sanciones».

Ahora bien, hay un dato destacable y es que los estadounidenses aún no han recortado gastos debido al elevado precio de los combustibles. El motivo es que podrían estar conduciendo hasta conseguir precios más bajos, otros pudieran estar usando menos sus vehículos, según un reporte de CNN. Pero podría llegar el escenario de que estos decidan recortar gastos (ropa, vacaciones o espacirmiento). Ahí vendría otro golpe a la economía. Si hacen estos recortes, cambiaría todavía más la percepción «lo que llevaría a un cambio en el comportamiento».

Por ningún lado estos factores son beneficiosos para la Administración demócrata que sigue aplicando políticas insuficientes, mientras culpa a otros de las consecuencias de sus decisiones.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

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