Rachel Levine, de 64 años, quien nació como Richard Levine antes de su transición en 2011, está al mando de la subsecretaría de salud de Estados Unidos para el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos.

Un hombre se encuentra entre los ganadores del premio a la «Mujer del año» de USA Today. Aunque parece la realidad de un futuro distópico o una revista de sátira, es lo que se vive en el 2022. Este es el caso de Rachel Levine, de 64 años, quien nació como Richard Levine antes de su transición en 2011.

Levine hoy es la «Mujer del año» de USA Today, lo que significa que fue nombrado como una de las mujeres más exitosas del país quien vivió como un hombre durante 54 años.

Sin embargo, lo más llamativo de su nombramiento es que además de no ser mujer, tampoco se ha destacado por sus méritos. Es decir, la evidencia señala que no ganó el premio ni por ser mujer, ni por ser la más sobresaliente, sino por ostentar ser mujer y así desafiar a la ciencia misma. En lugar de destacarse como médico, estuvo envuelto en escándalos por el mal manejo de la salud.

Actualmente, Levine está al mando de la subsecretaría de salud de Estados Unidos para el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos. A su vez, está a cargo del Cuerpo Comisionado del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos, bajo la administración de Joe Biden, que se ha empeñado en revocar las políticas de su predecesor, Donald Trump, al permitir y promover la participación masculina en ámbitos femeninos, sobre todo a nivel deportivo. En este caso, Levine se posicionó en el gobierno nacional.

Ahora obtuvo el el premio de «Mujer del año», por supuestamente ser una de las «mujeres de todo el país que han tenido un impacto significativo”.

“Realmente siento que todo lo que he hecho, ya sea en medicina académica, en educación, en investigación clínica, viendo a mis pacientes desde mi rol en la salud pública, en Pensilvania y ahora mi desde mi papel a nivel nacional, todo me ha llevado a este momento en términos de ayudar a la nación a lo largo de la mayor crisis de salud pública que hemos enfrentado en más de cien años», dijo Levine.

No obstante, Washington Examiner señala que su impacto ha sido más negativo que positivo. Primero porque forma parte de la administración que vio las peores cifras ante una pandemia en la historia. Luego, su nominación por parte de Biden fue seguida por un deterioro y no una mejora en la situación. Hay poco de qué alegrarse por el mandato de Levine, recalcan.

Señalan cómo los casos y las muertes debido a COVID-19 aumentaron, y Levine, como la persona encargada de la dirección del HHS, ha jugado un papel completamente olvidable, si es que ha tenido alguno.

Levine ha implementado políticas cuestionables en materia de salud

Antes de su nombramiento a nivel federal, Levine fue secretario del Departamento de Salud de Pensilvania. Durante su gestión el estado ocupaba el quinto lugar en el país en muertes relacionadas con COVID-19 y el séptimo puesto en casos confirmados.

El portal antes mencionado afirma que muchas personas mayores murieron específicamente debido a la desastrosa decisión de Levine de ordenar que los «hogares de ancianos readmitieran» a los pacientes con COVID-19. El Congreso incluso escribió una carta expresando su preocupación por el liderazgo y las políticas de Levine, que supuestamente fueron responsables de «al menos el 63 % de las muertes en todo el estado» en Pensilvania.

Lo más llamativo (y reprochable) es que mientras promovió reingresar a los ancianos, la población de mayor riesgo, a un entorno de alto contagio, Levine sacó a su madre de 95 años de un asilo y la puso en un hotel de lujo.

El feminismo promueve que la mujer no es una realidad biológica

Esta línea de pensamiento obedece a la herencia de la tercera ola del feminismo, el de género, que sostiene en palabras de su autora Simone de Beauvoir: «Mujer no se nace, se llega a serlo». Así, el feminismo contemporáneo en vez de exaltar a la mujer y sus logros vuelve heroico el hecho que un hombre se asuma mujer.

Actualmente está en marcha la cuarta ola del feminismo, el interseccional, que aplica la lógica hegeliana del opresor y el oprimido, la lucha de clases del marxismo llevada a la guerra entre sexos. Bajo esta dialéctica no se premia el esfuerzo, sino que se reivindica al oprimido, en este caso a una supuesta mujer reprimida en el cuerpo de un varón.

La cultura del mérito está siendo sistemáticamente suplantada por las cuotas y asignaciones, la esencia se reemplaza por la presencia. Y por medio de la dialéctica de la contradicción, también hegeliana, ostenta luchar contra la superficialidad, mientras contradictoriamente se destaca a quien parece mujer, en lugar de serlo, y además se premia dicha apariencia, no su aporte a la ciencia.

Al contrario, a se le ha cuestionado Levine por pregonar ideología sin sustento académico. Tal fue el caso de la promoción del uso para menores de edad de hormonas que bloquean el pleno desarrollo de su pubertad y que incluso pueden anular su fertilidad.

Entre las críticas contra Levine por dichas declaraciones está el testimonio de una mujer que fue sometida a hormonización masculina en su juventud y ahora lucha por impedir que otros menores sean tratados como un experimento.

Implementar políticas como esta ha demostrado daños serios en niños, según declaró el doctor David Bell, gerente del personal de un hospital público británico.

El caso más claro es el de David Reimer. Luego de una circuncisión fallida a los siete meses de nacido, su órgano sexual masculino se vio seriamente dañado. En lugar de afirmar su identidad masculina, se convirtió en un experimento de un sexólogo y psiquiatra precursor de la transición en menores: John Money.

Tras la operación fallida, Money convenció a la familia de quien en aquel entonces se llamaba Bruce Reimer de convertirlo en niña y tratarlo como tal. Le hicieron una cirugía para cambiar sus órganos sexuales y le suministraron hormonas femeninas y llamaron Brenda. Pero Reimer jamás adoptó dicha identidad.

Al desarrollar una conducta solitaria e infeliz como mujer, los padres de Brenda le contaron, una vez que llegó a ser adulto, que había nacido como niño. De acuerdo con lo expuesto por BBC Mundo, semanas después Brenda eligió volverse David. Fue sometido a cirugía reconstructiva y eventualmente se casó.

Aunque no pudo tener hijos, fue el feliz padrastro de los tres hijos de su esposa, hasta que se enteró que su caso había sido expuesto como un conejillo de indias en revistas científicas para justificar la hormonización de miles de menores de edad. A pesar de las nefastas consecuencias en la vida de Reimer, forzado a vivir como mujer.

Posteiormente, Reimer sufrió depresión y crisis de identidad a lo largo de su vida a la que puso un abrupto fin por medio del suicidio. Lo cual sirve de ejemplo para desmontar el el alegato de Levine, que hormonizar a los menores de edad reduce sus probabilidades de suicidio.

En vista de sus cuestionables prácticas médicas y políticas, Levine ha no sido premiado como mujer del año por sus logros, sino por ostentar ser mujer.

Mamela Fiallo Flor – Panampost.com

 

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