El ex gobernador republicano Charlie Crist se pasó al Partido Demócrata en 2014 y desde entonces ha sido un as bajo la manga para presentar un candidato moderado, prácticamente republicano, en Florida.

Tras la histórica derrota de la dinastía Cheney en Wyoming la semana pasada, este martes las últimas elecciones primarias del ciclo electoral se celebraron en los Estados de Florida y Nueva York, preparando el terreno para lo que serán las esperadas elecciones generales de noviembre, donde se decidirá qué partido controlará el Congreso de los Estados Unidos.

En Florida, los afiliados demócratas eligieron sabiamente al ex gobernador republicano Charlie Crist para disputarle la gobernación al actual gobernador Ron DeSantis, que derrotó de manera decisiva (60%-35%) a la actual Secretaria de Agricultura de Florida, la izquierdista Nikki Fried, que basó su campaña en liberalizar las drogas y el aborto en el estado.

La creciente popularidad de DeSantis en Florida, que es visto como el gran favorito para reelegir en noviembre, obligó a los demócratas a nominar como aspirante a un ex republicano convertido en demócrata moderado de centroderecha para poder tener una ínfima chances de recuperar el estado.

Sin embargo, como es evidente, las convicciones de Christ no son las más fuertes. El ahora demócrata ocupó la gobernación como republicano durante el periodo de 2006-2010, retirándose del partido luego de ser derrotado por un joven candidato, el actual senador Marco Rubio, en la elección para el Senado en 2010 y pasando a ser un independiente.

En 2014, Crist anunció que volvía a cambiar de partido y se convertía en un miembro del Partido Demócrata. De esta manera, el ex gobernador logró volver a la escena política y ocupar una banca en el Congreso como diputado nacional, que dejará vacante para competir contra DeSantis este noviembre.

El flamante candidato compartirá boleta con la ex policía y actual diputada Val Demmings, que será la oponente del ya mencionado Rubio para el Senado. Como Crist, Demmings tiene muy pocas probabilidades de éxito en la elección, según señalan todas las encuestas.

Ciertamente, no son buenos tiempos para ser un demócrata en Florida, un estado que se consideraba como “violeta” hace tan solo pocos años, y que gracias a la figura del expresidente Trump, se convirtió en uno fuertemente rojo (republicano).

Los republicanos toman control de los consejos escolares

Gracias a la creciente a la influencia de Donald Trump en Florida y el liderazgo de DeSantis, los republicanos también lograron arrebatarle a los demócratas la mayoría de los asientos disponibles para ocupar un lugar en los distintos Consejos Escolares del estado.

De los 30 candidatos que Trump y DeSantis públicamente apoyaron, 25 ganaron sus elecciones, de los cuales 19 ganaron por una diferencia tan abultada que ni siquiera deberán ir a un ballotage. Los restantes 6 pasarán a una segunda vuelta y solo 5 se vieron derrotados.

Estos cargos, históricamente menospreciados por un Partido Republicano enfocado en cuestiones económicas en vez de culturales o educativas, se tornaron en uno de los puestos más codiciados por el trumpismo, que entiende que combatir el adoctrinamiento en las aulas es tan importante como liberalizar la economía.

El Consejo Escolar es un comité de 30 miembros que se encarga de todo lo relacionado con la educación de una ciudad, área, o escuela en particular. En los últimos años, los demócratas decidieron usar como un arma estos comités para lograr introducir contenidos obligatorios de lectura sobre los estudios de género y la teoría crítica de la raza, por lo que tener el control de estos organismos educativos en manos es un gran paso en la batalla cultural que se está librando en el país.

Mientras tanto, los candidatos apoyados por Trump en sus primarias también disfrutaron de una sólida noche. En ambos estados, todos los candidatos, de todos los niveles, salieron con la victoria en sus espaldas, siendo el único traspié una victoria demócrata en el distrito 19 de Nueva York.

En las últimas semanas, el expresidente presentó un total de 30 candidatos que contaban con su apoyo en diversos distritos de diferentes estados. Entre este grupo, la abrumadora suma de 28 de ellos ganaron sus primarias por un cómodo margen.

Además de la derrota en el distrito 19 de Nueva York, la otra carrera que no todavía no puede ser marcada como una victoria republicana es la segunda vuelta en Alaska, donde la icónica Sarah Palin busca regresar al Congreso guiada por Trump, pero aún los resultados están pendientes.

Fuente: La Derecha Diario

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