En una entrevista reciente, el economista Lawrence Summers dijo que las jugosas prestaciones gubernamentales por desempleo han creado una escasez de mano de obra sin precedentes.

Durante los últimos 10 años, Larry y Roxane Maggio manejaron una tienda de delicateses –Ludovico’s en el centro de Haddonfield, un municipio de Nueva Jersey.

El mes pasado, sin embargo, prepararon sus últimos pedidos de comida. La pareja decidió cerrar su negocio, “y no porque el negocio anduviese mal”.

“Simplemente no encontramos a nadie que trabajara”, declaró Roxane Maggio al Philadelphia Inquirer.

Se pueden encontrar historias similares en todo Estados Unidos, donde las empresas tienen dificultades para encontrar empleados. En Spokane (Washington), las ofertas de empleo “parecen estar a la vuelta de la esquina“, pero los empresarios sencillamente no encuentran personas para cubrir los puestos de trabajo.

“Ha sido todo un reto”, afirma Matt Jensen, Director de Ventas y Marketing de Davenport Hotels, una de las muchas empresas de Spokane que buscan docenas de empleados.

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Estas anécdotas no son poco frecuentes. Las estadísticas muestran que las pequeñas empresas están informando de un número récord de ofertas de empleo.

“Creo que estamos viendo una creciente evidencia de escasez de mano de obra”, dijo el economista Lawrence Summers en una reciente entrevista de Bloomberg, que destacó una reciente encuesta de la Federación Nacional de Empresas Independientes.

“Se puede ver en las encuestas de las pequeñas empresas, donde estamos llegando a niveles récord en cuanto a dificultades para encontrar mano de obra. Se puede ver en términos de estadísticas sobre el número de puestos de empleo vacantes, que están en niveles casi récord”, dijo Summers, ex presidente de la Universidad de Harvard.

Cuando se le preguntó a Summers si el gobierno “fue demasiado lejos” en su último paquete de ayuda, que incluía subsidios de desempleo complementarios, que en muchos casos hacían que los estadounidenses recibieran más ingresos al no trabajar, no dudó.

“Sí”, respondió Summers. “Si le damos a la gente más dinero por no trabajar que el que recibían cuando trabajaban, entonces van a quedarse al margen”.

Summers, quien formó parte de las administraciones de Clinton y Obama, describió la medida como una política “mal diseñada” por la Administración de Biden que podría tener consecuencias económicas de gran envergadura.

Algunos podrían atribuir el fracaso del desempleo a la “ley de las consecuencias imprevistas”, como lo hizo David Westin en su entrevista con Summers.

Aunque la consecuencia pudo haber sido involuntaria, no era difícil de predecir. De hecho, fue precisamente lo que muchos economistas dijeron que ocurriría.

“Ampliar las prestaciones de desempleo durante una recesión tiene un resultado predecible: una recuperación más lenta del empleo”, dijo el profesor de Economía de Texas Tech, Alex Salter, a Brad Polumbo de la Fundación para la Educación Económica (FEE) en febrero. “Deberíamos ayudar a la gente para que vuelvan a trabajar, no hacerles que sea más atractivo económicamente quedarse en casa”.

Por eso Summers calificó la medida de “error no forzado”. Era la consecuencia obvia al aumentar las prestaciones por desempleo.

Después de todo, es difícil culpar a la gente por no querer ir a trabajar cuando puede ganar más dinero quedándose en casa escribiendo la novela de sus sueños, jugando a Call of Duty, leyendo a Jane Austen o intentando convertirse en la próxima estrella de TikTok

Hay un adagio famoso entre los economistas: los incentivos importan.

Nada armoniza mejor los incentivos que los mercados, que los crean indirectamente. Los incentivos creados directamente, en cambio, suelen tener consecuencias perversas. Por ejemplo, el economista Dwight Lee ha señalado que la antigua Unión Soviética sufrió todo tipo de resultados perversos al crear directamente los incentivos.

“Los directivos respondían a los incentivos para aumentar la producción de zapatos, por ejemplo, fabricando sólo unas pocas tallas, sin importarles qué tallas se ajustaban mejor a los consumidores”, señaló Lee. “Tales incentivos afectaban al comportamiento de la gente, pero no promovían la cooperación social necesaria para una economía productiva”.

Esto contrasta fuertemente con los mercados, que no “crean” activamente los incentivos, sino que permiten que surjan de forma natural.

“La economía de mercado es el ejemplo definitivo de cómo un conjunto de reglas puede crear un entorno en el que los incentivos privados motivan la cooperación social”, escribió Lee. “Los incentivos más importantes provienen de los deseos subjetivos de los individuos: el incentivo de encontrar el amor, de ganarse el respeto, de hacer del mundo un lugar mejor, de mantener a sus familias. Los mercados son las reglas de conducta que armonizan estos diversos incentivos, haciendo posible que las personas comuniquen sus deseos a los demás”.

Los subsidios de desempleo fueron esencialmente un doble golpe. No sólo eran un ejemplo de incentivos creados directamente, sino que incentivaban directamente algo indeseable: el desempleo.

Al hacerlo, crearon una escasez de mano de obra que dejó a Larry y Roxane Maggio -y sin duda a muchos otros- sin negocios.

Las subvenciones complementarias por desempleo pasarán a la historia como una advertencia más sobre lo que ocurre cuando los legisladores se inmiscuyen en los mercados laborales. La única cuestión que se plantea ahora es cuán adversas serán las consecuencias.

Jon Miltimore – fee.org.es