Redacción BLesEl Índice de Precios al Consumidor (IPC) en el mes de abril publicados por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, anunció el miércoles un pico inflacionario del 4,2 por ciento anual. Sin embargo, esto no debería sorprender, porque absolutamente todas las medidas económicas implementadas por la administración Biden durante sus casi cuatro meses de gobierno provocarían un marcado aumento de precios, tal como lo advirtieron repetidamente los sectores más conservadores.

Múltiples factores se suman para llegar hoy a un nivel de inflación que en Estados Unidos no se veía por lo menos desde el año 2008, sin embargo, era de esperar teniendo en cuenta cada una de las políticas implementadas desde que Joe Biden asumió como presidente. Si bien todos esperaban la llegada de la inflación, pero hasta los economistas críticos se quedaron cortos con las estimaciones informadas.  

En general, los economistas anunciaban una inflación interanual del 3,6 y una mensual del 0,2 para el mes de abril, pero los datos informaron que el IPC “subyacente” subió un 0,9 por ciento en comparación con hace un mes, cuatro veces más que la estimación.

Entre los factores que habrían generado el aumento generalizado de los precios se encuentra la normal recuperación económica luego de un año de pandemia en que los mercados estuvieron en gran parte paralizados, por la disminución en el consumo minorista. 

Por otro lado, los asalariados que no perdieron su fuente de ingreso generaron ahorros extraordinarios por el estilo de vida de encierro durante el último año, y ahora con mayores libertades comenzaron a gastar más holgadamente, generando una mayor demanda. 

Pero se suma otra cuestión no menor, que es el exagerado paquete de estímulos de 1,9 billones de dólares de los contribuyentes promovido por Biden que se implementó el mes pasado. Esta enorme inyección de dinero, junto con los cheques de estímulo, sumado a una demanda reprimida por parte de los consumidores y un exceso de ahorro, generaron un combo explosivo que no tiene otra forma de traducirse que con aumento de precios. 

Lo más preocupante, dicen algunos economistas, es que los efectos del paquete de estímulos aún no ha impactado en la economía, por lo cual se espera un futuro aún más caótico.

Paralelamente, un aumento del gasto público sostenido como el planteado por los demócratas, solo puede ser compensado con un aumento de impuestos que equilibre la balanza entre los ingresos y egresos de los fondos federales. Al aumentar los impuestos a los sectores productivos, estos inevitablemente aumentan sus precios para hacer frente al aumento de costos. Y ¿Cómo se traduce esto? en mayor inflación.

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Varios críticos advirtieron que llegaría esta situación cuando aún se debatía en el senado el paquete de estímulos promovido por los demócratas. Uno de ellos fue el periodista investigador Mark Levin, quien lanzó fuertes críticas al partido demócrata y concretamente a la administración Biden por implementar políticas que inevitablemente llevarían a un desequilibrio fiscal por el enorme gasto público que, según asegura, sólo podrá ser compensado con un exponencial aumento de impuestos e inflación.

Otra situación preocupante que afecta directamente a la problemática de los aumentos de precios, son las políticas energéticas de la administración Biden. 

El precio del combustible en Estados Unidos se ha disparado un 30 por ciento desde el año pasado, en parte por la coyuntura internacional, pero principalmente potenciado por las nuevas políticas energéticas impuestas por el presidente Biden, quien pareciera estar interesado en aumentar aún más los precios para desarrollar los negocios asociados a las energías renovables, advierten expertos. 

La demanda de los combustibles ha aumentado al comenzar a reactivarse la economía, pero las políticas demócratas están también reduciendo la oferta de petróleo, desincentivando las inversiones en el sector y quitando toda promoción federal en el rubro. 

El aumento de demanda combinado con una reducción de la oferta, se traduce en un inmediato aumento de precios. Paralelamente, el aumento de precios de los combustibles se traslada automáticamente en los precios de bienes de consumo masivo, como por ejemplo los alimentos. 

Para confirmar lo que presagia Levin, basta observar lo que sucedió durante las últimas décadas en las economías latinoamericanas, las cuales estuvieron plagadas de políticas izquierdistas con promesas de redistribución de ingresos, que implicaron un desmedido gasto público financiado con impuestos a los sectores productivos, que finalmente trasladaban sus costos impositivos a los precios generando una espiral inflacionaria incontrolable, seguida de miseria y pobreza estructural. Cabe preguntarse: ¿Hacia dónde se dirige Estados Unidos?

 Andrés Vacca– BLes.com

 

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