El pasado jueves, durante un discurso en el Museo Presidencial Gerald R., en Michigan, Estados Unidos, el fiscal general William Barr denunció las “tácticas ilegales” que el Partido Comunista chino (PCCh) emplea para lograr la supremacía global.

“El PCCh gobierna con puño de hierro sobre una de las grandes civilizaciones antiguas del mundo. Busca aprovechar el inmenso poder, productividad e ingenio del pueblo chino para derrocar el sistema internacional basado en normas y hacer que el mundo sea seguro para la dictadura”, expresó el fiscal general.

Barr se remitió a las declaraciones del director del FBI, Christopher A. Wray, quien la semana pasada acusó al PCCh de perseguir sus ambiciones a través de conductas nefastas e incluso ilegales entre las que destacó el espionaje industrial, robo, extorsión, ataques cibernéticos y operaciones de influencia encubierta.

Barr señaló que los piratas informáticos son utilizados por el régimen chino buscando robar la propiedad intelectual de empresas y universidades estadounidenses relacionada con tratamientos y vacunas para el virus del PCCh.

Como consecuencia de esto, el fiscal señaló que China está “robando el futuro” de la próxima generación de estadounidenses y asimismo acusó a Beijing de estar involucrado en una guerra económica ‘relámpago’: “una campaña agresiva, orquestada, por el gobierno (de hecho, por toda la sociedad) para aprovechar las economías dominantes y superar a los Estados Unidos como la superpotencia dominante del mundo”.

“Para las compañías estadounidenses en el mercado global, la competencia libre y justa con China ha sido durante mucho tiempo una fantasía”, añadió.

En las últimas semanas el gobierno estadounidense viene tomando acciones concretas contra el régimen chino de cara a un aumento en las tensiones políticas, principalmente debido al manejo negligente de la pandemia por parte del PCCh, que afectó fuertemente a los Estados Unidos.

Pese a que ambos países aún mantienen vigente el acuerdo comercial firmado en el mes de enero, esta semana el presidente Donald Trump provocó el descontento de Beijing al revocar el ‘estatus especial’ para Hong Kong.

“No habrá más privilegios especiales, ni tratamiento económico especial ni exportación de material tecnológico sensible”, dijo Donald Trump en una conferencia de prensa.

Por otra parte, se aprobó una legislación bipartidista para imponer sanciones a los funcionarios chinos que se cree que están minando la autonomía de Hong Kong, de la que el régimen chino amenazó con represalias.

Respecto a las empresas que han sucumbido a las campañas de influencia china, Barr dio como ejemplo a Hollywood.

“Mira a Hollywood”, expresó Barr. “Los actores, productores y directores de Hollywood se enorgullecen de celebrar la libertad y el espíritu humano. Y cada año, en los Premios de la Academia, los estadounidenses reciben conferencias sobre cómo este país no cumple con los ideales de justicia social de Hollywood”, agregó.

“En lugar de que Estados Unidos cambie a China, China está aprovechando su poder económico para cambiar a Estados Unidos”, aseguró Barr.

En ese sentido se refirió a la censura que aplica la industria cinematográfica de Hollywood con el fin de no causar molestias al régimen chino, catalogándolo como “el violador de los derechos humanos más poderoso del mundo”.

Como ejemplo, el fiscal mencionó a Usa Today sobre la película de Marvel de 2016 “Dr. Strange”, donde los cineastas habían cambiado la nacionalidad de uno de los personajes principales conocido como ‘Ancient Ones’, un monje tibetano que fue presentado como de origen celta.

“La historia de la sumisión de la industria cinematográfica (al Partido Comunista Chino) es familiar. En las últimas dos décadas, China se ha convertido en la taquilla más grande del mundo. El PCCh ha controlado durante mucho tiempo el acceso a ese lucrativo mercado, tanto a través de cuotas de películas estadounidenses, impuestas en violación de las obligaciones de China ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), como de un estricto régimen de censura”, dijo Barr.

Respecto al avance de China y sus políticas globalizadoras, el funcionario estadounidense señaló: “La globalización no siempre apunta en la dirección de una mayor libertad. Un mundo que marcha al ritmo de los tambores de la China comunista no será hospitalario para las instituciones que dependen del libre mercado, el libre comercio o el libre intercambio de ideas”, concluyó el funcionario estadounidense.