Redacción BLesEl FBI arrestó a un manifestante pacífico que ingresó al Capitolio el 6 de enero, Glenn Allen Brooks, desplegando numerosos agentes fuertemente protegidos con armaduras de cuerpo entero, y portando armas de asalto y arietes. 

“Había armas de asalto, armadura de cuerpo completo, como la parte superior e inferior, arietes, como parecía que iba a ser algo … se estaban preparando para algo. La verdad es que daba un poco de miedo. Pensé que era falso”, declaró uno de los vecinos de Brooks, según CBS Los Angeles del 2 de agosto.  

Brooks, de 61 años, residente de Huntington Beach, condado de Orange, California, EE. UU., es propietario de una empresa de remodelación de casas, y fue delatado ante el FBI por uno de los fieles de su iglesia que vio una de las selfies que Brooks tomó dentro del Capitolio. 

El ingreso de Brooks al edificio hizo que se le imputarán los cargos de entrada ilegal y conducta desordenada en terrenos restringidos, lo que junto con su comportamiento pacífico parece no justificar el aparentemente desproporcionado despliegue militar del FBI. 

Tras comparar las fotos enviadas por Brooks a los participantes de su grupo de oración, con las que podrían haber sido extraídas de las 14.000 horas de videos de las cámaras del Capitolio, se habría concluido que se trataba de la misma persona.

Aparentemente el FBI tendría acceso a las grabaciones, no obstante estas han sido vetadas para los congresistas, quienes consideran que de tener acceso a ellas se aclararía la verdad de los hechos ocurridos dentro del Capitolio. 

Todo el evento está rodeado de confusión y contradicciones, y esta situación estaría propiciando que los demócratas impulsen una persecución contra los seguidores del expresidente, Donald Trump. 

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De hecho, al igual que Brooks, unas 535 personas han sido encarceladas por lo ocurrido dentro del Capitolio el 6 de enero, causando indignación y cuestionamientos porque se les niega un juicio justo y hasta medidas de higiene elementales.

Adicionalmente, el mismo FBI ha sido acusado de participar activamente en la creación de los disturbios y facilitar el acceso de las personas a las edificaciones, al igual que la policía y los sargentos de armas de la Cámara y el Senado, quienes fueron calificados de  “cómplices”.

Así lo declaró el teniente general retirado del ejército, Russel L. Honoré, tras auditar el sistema de seguridad de las instalaciones invadidas. 

“Me sorprendió que el Pentágono no tuviera esas tropas en alerta”, dijo Honoré, agregando: “El FBI tuvo un gran fallo en su inteligencia” y: “Creo que una vez que se descubra todo esto, fue una acción cómplice de la Policía del Capitolio”, de acuerdo con Fox News del 19 de febrero.

No menos inquietante resulta el hecho de que al menos cuatro policías de los que estaban en el Capitolio se hayan ‘suicidado’, teniendo en cuenta que la casi totalidad de las personas que ingresaron al edificio se comportaron pacíficamente, como Brooks.

De hecho no se decomisó ningún arma de fuego, y la única persona que falleció fue por los disparos de un arma de fuego en poder de un agente de seguridad. La víctima fue la veterana del ejército, Ashli Babbitt, quien iba desarmada. 

El último de los ‘suicidados’ fue el agente Gunther Hashida, de 43 años, hallado sin vida el 29 de julio.

Antes que él, murieron los agentes de policía, Jeffrey Smith, y Howard Liebengood, quienes murieron en enero, mientras que Kyle DeFreytag murió el 10 de julio, según confirmó su madre de acuerdo con Fox5. 

José Hermosa – BLes.com