Redacción BLesAnte la gran presión impuesta por los grupos ambientalistas el mundo está dando un fuerte giro al reemplazar la energía proveniente de los combustibles fósiles por la energía eléctrica en los vehículos. Especialistas advierten varios problemas asociados a este abrupto cambio en la industria, lo que podría generar fuertes colapsos de producción en el corto plazo y una enorme dependencia del régimen comunista chino quien posee el monopolio de las materias primas necesarias para la fabricación de las baterías utilizadas para almacenar la energía eléctrica. 

Según advierten los expertos, en muchos sentidos el mundo no está preparado para la revolución de los vehículos eléctricos tal como se pretende imponer. 

Por un lado, incluso en algunos de los países más desarrollados del mundo, las redes eléctricas envejecidas no están preparadas para abastecer la avalancha de una mayor demanda de energía eléctrica a medida que más y más países dejan atrás a sus consumidores de gasolina y se conectan a la red de electricidad, tal como informó en mayo de este año la revista especializada Oil Price.

Otra problemática destacada, es el uso obligado de baterías para almacenar la energía eléctrica que permite el funcionamiento de los vehículos. 

Si bien es cierto que la emisión de gases por vehículo con el consumo eléctrico se reduce notablemente, preocupa que es inevitable el abundante uso de recursos limitados para la fabricación de las baterías, las cuales requieren de una gran cantidad de metales y minerales de tierras raras finitos y muy costosos, en particular el cobalto y el litio.

La explotación de estos minerales provoca negociaciones complejas con las cadenas de suministro globales, las cuales no están exentas de factores ambientales negativos gracias a problemáticas operaciones mineras.

Según un reciente estudio de investigación global publicado por el Bank of America, la situación es realmente crítica, al punto tal que el suministro mundial de baterías para vehículos eléctricos corre el riesgo de agotarse por completo en 2025. 

“Nuestro modelo actualizado de oferta y demanda de baterías para vehículos eléctricos sugiere que el suministro global de baterías para vehículos eléctricos probablemente afectará a una situación de ‘agotamiento’ entre 2025-26, con tasas de operación globales que superan el 85%”, advierte el estudio.  

 

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Otro problema no menor, que involucra incluso la seguridad global y cómo se distribuirá la ecuación de poder en el mundo durante los próximos años, tiene que ver con que esta “revolución energética” genera inevitablemente una enorme dependencia del régimen comunista chino, quien monopoliza la explotación de los metales de tierras raras necesarios para la producción de baterías y paneles solares. 

El régimen chino controla alrededor del 90% del mercado de la mayoría de estos recursos. Y como es de público conocimiento, ha demostrado no dudar en usar su poder monopólico para influir en la política y la diplomacia internacional, tal como lo ha hecho en otras situaciones.

El informe concluye que la escasez de suministro se debe en gran parte a la creciente demanda en un mercado que simplemente no está preparado para los niveles en los que se pretende adoptar los vehículos eléctricos.

El presidente de los Estados Unidos Joe Biden, motivado por la agenda climática de izquierda, está impulsando el reemplazo de los combustibles fósiles por energías alternativas. 

En este sentido, el representante republicano Bill Johnson, en una dura publicación contra las políticas ambientalistas de Biden, afirmó que las medidas energéticas y el acuerdo de París, al cual se ha unido recientemente Estados Unidos, implican una colaboración implícita a la violación de los derechos humanos en China por parte del Partido Comunista Chino (PCCh), aparte de atentar contra el trabajo de millones de ciudadanos estadounidenses.

“Casi todos los paneles de energía solar vendidos en la Unión Europea tienen su origen en la oprimida región china de Xinjiang”, dijo Johnson.

Andrés Vacca – BLes.com