Philip Perry es socio de la firma de abogados Latham & Watkins, lugar de donantes del Partido Demócrata y representante del hijo del presidente de EEUU en una de las investigaciones en su contra.

Liz Cheney, la integrante por Wyoming en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, se enfrentará dentro de poco tiempo en las primarias del Partido Republicano para optar, en noviembre próximo, a la reelección para el Congreso. Puede que suene como un proceso sencillo para cualquier político que quiera medirse en las siguientes votaciones de medio término, pero no para Cheney, que se aseguró de aislarse a sí misma dentro de su bancada, cuando decidió votar a favor del último juicio político contra el expresidente Donald Trump.

Desde entonces, sobre la hija del exvicepresidente Dick Cheney, pesa la sombra de la traición. Dio la espalda al entonces mandatario republicano al punto que hoy dirige un comité de la Cámara baja que investiga a Trump usando como excusa el ataque al Capitolio en enero de 2021.

Sin embargo, no son sus andanzas las que llaman la atención por estos días, sino las de su esposo Philip Perry, por ser socio del bufete de abogados Latham & Watkins que a su vez representa a Hunter Biden, el hijo del actual presidente demócrata Joe Biden, en una investigación por «asuntos fiscales». Lo que hay detrás de esa conexión, deja claro qué tipo de intereses podría tener Cheney para comportarse como lo hace.

El bufete demócrata

Los casos que maneja Philip Perry en el mencionado bufete desde 2007 están enfocados en litigios comerciales y expedientes que involucran delitos de «cuello blanco», según una reseña de New York Post. Como compañero de oficinas, el esposo de Liz Cheney tiene a Christopher J. Clark, abogado de Hunter Biden.

Las conexiones no terminan ahí. La firma de abogados es el lugar de donantes de lo que fue la campaña presidencial de Joe Biden. De hecho J. Clark aparece como contribuyente dos veces en los registros de la Comisión Federal de Elecciones.

Otra prueba de la relación de Biden con el bufete de abogados detonó apenas llegó a la Casa Blanca y nombró, para dirigir la división penal del Departamento de Justicia, a otro socio de Latham & Watkins. Es decir a alguien dentro de la firma que defiende a su hijo. No hace falta pensar demasiado para entender todo el ambiente anti Trump que rodeaba en ese momento al esposo de Liz Cheney.

Conexiones con el comunismo chino

Lo que se espera para Liz Cheney no es nada menos que la derrota en las primarias del 16 de agosto. Ese futuro a corto plazo lo vaticinan medios demócratas, reconociendo que a pesar de oponerse al expresidente republicano, la representante por Wyoming no tiene mucho más para ofrecer a nivel político. En cambio, Harriet Hageman, una abogada de 59 años, se perfila como la ganadora al tener el apoyo de Trump.

A Cheney la hunde la traición a los republicanos, los señalamientos del exmandatario al tildarla de «desleal» y también los nexos que la firma —de la que su esposo es socio— tiene con el régimen comunista de China. Tal parece que el hijo de la líder del Congreso, Nancy Pelosi, y Hunter Biden no son los únicos que buscaban ocupar la plaza de las relaciones comerciales con empresas en ese país.

Lo que detalla un informe de Breitbart, es que la firma donde se desempeña el esposo de Liz Cheney, asesoró a Tencent Music Entertainment Group (TME) y a Exelon Corporation, dos compañías conectadas con el Partido Comunista Chino. En el caso de la segunda, dedicada a la generación y distribución de electricidad, acordó a su vez «prestar servicios de consultoría y formación a una rama de la Corporación Nacional Nuclear de China (CNNC), de propiedad estatal». Tanto el presidente como el vicepresidente son designados por el primer ministro de la República Popular China, ya que supervisa todos los programas nucleares del país asiático.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

Suscríbete para recibir nuestras últimas noticias

Al enviar este formulario, acepto los términos.