Hasta el momento, los ferroviarios no llegan a un acuerdo con los empresarios pese a la mediación de Biden y amenazan con una huelga inédita para el próximo viernes.

La Unión de Trabajadores Ferroviarios de los Estados Unidos no llegó a un acuerdo con las compañías de transporte este miércoles y el país se prepara para una huelga ferroviaria que podría tener consecuencias catastróficas para la economía estadounidense.

El acuerdo fue rechazado por una parte del sindicato que agrupa a más de 5000 trabajadores, entre ellos maquinistas, mecánicos y personal de mantenimiento, luego de más de 12 horas de negociación con los empresarios del transporte y el gobierno de Biden.

Pese a que en campaña Biden había prometido un ambicioso plan de inversión para la infraestructura ferroviaria y que iba a ser un “amigo del sindicalismo”, los trabajadores vienen denunciando hace meses unas pésimas condiciones laborales y un aumento salarial que no llega hace 3 años.

En total, 3 de los 12 sindicatos ferroviarios más importantes del país, que representan a la mitad de los 115.000 trabajadores afectados por las negociaciones, están pidiendo mejores condiciones laborales y un aumento salarial, además de denunciar a los empresarios por sus ganancias desmedidas y al gobierno de Biden por faltar a su palabra.

Este miércoles, Amtrak, como se conoce al nombre comercial de la red estatal interurbana de trenes de pasajeros, informó que cancelaría todas las rutas de larga distancia a partir del jueves como anticipación a la huelga que se avecina. Se estima que entre 24 y 28 rutas se verán afectadas.

El pasado lunes, según fuentes demócratas, la Casa Blanca telefoneó desesperadamente a las partes para instarlas a que lleguen a un acuerdo por temor a las consecuencias que puede producir la huelga a la ya endeble economía estadounidense guiada por las políticas monetarias de Biden.

Se estima que el costo de la huelga podría ascender a los 2 mil millones de dólares por día, empujando así a la economía nacional al desastre, con faltante de productos esenciales y un aumento astronómico en el precio de los bienes.

Las charlas entre los sindicalistas y los empresarios están siendo mediadas sin éxito hasta el momento por el Secretario de Trabajo del gobierno, Marty Walsh, aunque los funcionarios de la Casa Blanca no descartan que Biden tome acciones ejecutivas para remediar la situación.

Actualmente, las partes se encuentran en un periodo de negociación de 60 días dictado por el gobierno el pasado 16 de julio que se extiende hasta el viernes próximo. Si las partes no logran llegar a un acuerdo, los trabajadores irán a huelga, aunque el gobierno puede convencer a los sindicatos para que no se tome inmediatamente esta acción.

Dado que el sector ferroviario es fundamental para la economía, el Congreso y la administración federal tienen una autoridad especial para intervenir en sus conflictos laborales. En virtud de la Ley de Trabajo Ferroviario, el presidente puede nombrar una junta de emergencia que haga recomendaciones para resolver estos conflictos.

Irónicamente, la primera huelga ferroviaria en décadas puede ocurrir durante el mandato de Biden, que durante toda su carrera se autodenominó como “el político más amigo de Amtrak y los sindicatos ferroviarios” y siempre exigió una mayor inversión en este tema a los gobiernos republicanos durante su etapa como senador dado que es su medio de transporte predilecto.

A poco más de un mes de las elecciones, el gobierno demócrata se enfrenta a una inflación galopante, el precio de los combustibles por las nubes, las consecuencias de la guerra ruso-ucraniana y una huelga ferroviaria que puede paralizar a todo el país.

Fuente: La Derecha Diario

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