Redacción BLes-La aplicación del “boicot” impulsado por la izquierda contra diversas expresiones culturales, empresas o personas ha tomado dimensiones que suelen resultar desastrosas para la reputación y el futuro de sus víctimas.

Partiendo de una manifestación de rechazo contra alguien un grupo de personas puede impulsar una ola de mensajes acusadores contra ella, llegando a causarle la ruina económica o moral en poco tiempo, al ser dinamizados por las tecnologías o lo medios de comunicación. 

“La cosa es que la tecnología es amoral; cualquiera puede usarla”, dijo Dennis Santiago, analista financiero y de riesgo global. “La cultura de la cancelación [boicot] no es más que otra forma de campaña publicitaria que utiliza estas plataformas con fines destructivos frente a los constructivos”, agregó Santiago de acuerdo con Fox News del 20 de julio.

Adicionalmente, las empresas de tecnología como Facebook y Twitter están interesadas en que los usuarios permanezcan en sus redes tanto tiempo como sea posible, no obstante, propician las llamadas “tormentas virales” que aparentemente no saben manejar. 

“La indignación es la emoción negativa perfecta para atraer la atención y el compromiso – y los algoritmos están preparados para saltar. Una persona que twitee su indignación normalmente caería en gran parte en oídos sordos”, comenta el medio The Conversation.  

“Pero si esa persona puede atraer suficiente compromiso inicial, los algoritmos [en las plataformas de las redes sociales] extenderán el alcance de ese individuo promoviéndolo a individuos con ideas similares. Se produce un efecto de bola de nieve, creando un bucle de retroalimentación que amplifica la indignación”, agrega el mismo medio.

“En lugar de tener un debate libre y abierto de ideas, la gente que apoya la cancelación tratará de que te investiguen, te despidan, te echen de la escuela y arruinen tu vida”, dijo Adam Weiss, CEO de la AMW Public Relations con sede en Nueva York. “La cultura de la cancelación continuará mientras los medios de comunicación sigan actuando como un socio dispuesto”.

“Estas cancelaciones le cuestan millones a las marcas, y cada vez que una pequeña empresa es cancelada [boicoteada], la probabilidad de que regresen es aún más difícil porque no tienen acceso a la misma fuente de capital para la reactivación”, según Kris Ruby, Consultor de Marca y CEO de Ruby Media Group, una agencia de relaciones públicas de Nueva York, citado por Fox News. 

Inclusive, la anterior circunstancia podría ser usada para la competencia desleal entre las empresas, que pueden terminar arruinando a sus víctimas, luego de campañas de desprestigio encubiertas. 

En Estados Unidos los efectos de la cultura de la cancelación mezclados con el movimiento Black Lives Matter, Antifa y los demócratas izquierdistas han causado un caos cultural que pugna hasta por cambiar el himno nacional, luego de destruir monumentos emblemáticos y pugnar por borrar hechos históricos incuestionables. 

Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump condenó la cultura de la cancelación como “una campaña despiadada para borrar nuestra historia”, en discurso del 3 de julio en el Monte Rushmore.

Así, la llamada cultura de la cancelación plantea serias preocupaciones sobre la protección de la libertad de expresión, y la manipulación de unos pocos que aliados con un hábil manejo de las tecnologías puedan causar daños irreparables.  

“El problema con la cultura de la cancelación es que es un blanco móvil y en constante cambio”, señaló Ruby., agregando: “Se basa en las opiniones individuales. Por lo tanto, es muy difícil predecir lo que se cancelará a continuación”, según Fox News.

José Hermosa-BLes.com