El Departamento de Justicia precisó que los acusados desplegaron una campaña de intimidación contra votantes demócratas y republicanos con el objetivo de acentuar la polarización

El FBI había alertado sobre la interferencia de Irán en las elecciones presidenciales de 2020 y ya hay resultados. Dos hackers iraníes fueron acusados por el Departamento de Justicia por participar en una campaña cibernética para «intimidar e influir en los votantes estadounidenses, socavar la confianza y sembrar discordia» en dichos comicios.

Las dudas sobre la total transparencia de las elecciones en las que fue electo Joe Biden como presidente de EE. UU. han mermado pero no han desaparecido por completo. Menos aún cuando a mediados de octubre salió a la luz cómo el CEO de Facebook (ahora Meta), Mark Zuckerberg, habría financiado centros electorales para «la infiltración de las oficinas a nivel de la ciudad y el condado por parte de activistas de izquierda», según reseñó en ese momento el New York Post.

En el caso de los hackers iraníes, habrían usado todo tipo de técnicas para intentar influir en las elecciones. Desde enviar correos electrónicos amenazantes, pasando por la difusión de un video que contenía desinformación sobre supuestas vulnerabilidades de la infraestructura electoral, hasta intentar acceder, sin autorización, a los sitios web relacionados con la votación de varios estados.

Seyyed Mohammad Hossein Musa Kazemi, de 24 años, y Sajjad Kashian, de 27, lograron acceder con éxito a la red informática de una empresa de medios de EE. UU. «De no ser por los exitosos esfuerzos del FBI y de la empresa víctima, habrían proporcionado a los conspiradores otro vehículo para difundir afirmaciones falsas después de las elecciones», apuntó la instancia judicial en un comunicado.

Así actuaban

Los piratas informáticos iraníes enviaron en octubre de 2020 mensajes de Facebook y correos electrónicos a congresistas republicanos y miembros del equipo del entonces presidente Donald Trump. Se hicieron pasar por la organización de derecha Proud Boys.

Esos mensajes falsos afirmaban que el Partido Demócrata planeaba explotar «serias vulnerabilidades de seguridad» en los sitios web estatales de registro de votantes para «editar boletas por correo o incluso registrar votantes inexistentes».

Mientras tanto, los hackers iraníes también intimidaban a votantes demócratas con otros correos electrónicos amenazándolos con lesiones físicas si no cambiaban su afiliación partidaria y votaban por el presidente Trump.

 

La gran pregunta es: ¿Qué buscaban atacando a ambos bandos? Acentuar la polarización en el territorio estadounidense. Cuando se dio a conocer la advertencia del FBI en octubre, China y Rusia también salieron a relucir con actividades similares. Desde Pekín buscaban que el presidente Donald Trump perdiera la reelección y paralelamente Rusia buscó perjudicar al candidato demócrata, Joe Biden, según un artículo que publicó el Washington Examiner.

“Las acusaciones ilustran cómo operan las campañas de desinformación extranjeras y buscan influir en el público estadounidense», aseveró Matthew G. Olsen, secretario de Justicia auxiliar en la División de Seguridad Nacional del Departamento de Justicia.

Los cargos

Kazemi y Kashian están acusados ​​de un cargo de conspiración para cometer fraude y abusos informáticos, intimidar a los votantes y transmitir amenazas interestatales, lo que conlleva una sentencia máxima de cinco años de prisión.

Adicionalmente se les atribuyó un cargo de intimidación de votantes, que conlleva una pena máxima de un año de prisión; y un cargo de transmisión de amenazas interestatales, con una sentencia máxima de cinco años de cárcel. Kazemi también está acusado de un cargo de intrusión informática no autorizada; y un cargo de fraude informático.

Ahora bien, la manera en que ambos acusados lograron tal hazaña fue porque trabajaron como contratistas para una empresa con sede en Irán antes conocida como Eeleyanet Gostar, y que ahora tiene el nombre de Emennet Pasargad. El Departamento de Justicia apuntó que dicha compañía ha prestado servicios al gobierno iraní, incluido el Consejo de Guardianes, uno de los organismo más poderosos dentro del régimen.

Oriana Rivas – Panampost.com

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