Redacción BLesUna médica que sufrió graves lesiones neurológicas inmediatamente después de recibir la vacuna de Covid-19 (virus PCCh), expone todas las dificultades que atravesó y denuncia que los funcionarios de salud así como los principales medios de comunicación, están ignorando a todas las personas que como ella quedaron con secuelas.

Danice Hertz, una médica de 64 años, le contó a The Defender, que hay miles de personas como ella que sufrieron graves lesiones por la vacuna y que necesitan ayuda, pero, son pasadas por alto, mientras que se siguen implementando los mandatos de vacunación sin casi planteos sobre los riesgos.

Hertz inició un grupo de Facebook para unir a las personas que han experimentado problemas neurológicos después de una vacuna COVID y no han podido encontrar ayuda.

Contó que los principales medios de comunicación no quieren hablar con nadie de su grupo porque no se les permite publicar sobre lesiones por vacunas. 

Hertz, dijo que ha tomado contacto con varias agencias de salud, entre las que menciona a los Institutos Nacionales de Salud (NIH), la Administración de Drogas y Alimentos de los EE. UU. (FDA), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), así como con algunos expertos médicos, para buscar ayuda por las lesiones neurológicas que sufrió.

El 23 de diciembre de 2020, tras recibir su primera y única dosis de la vacuna de Pfizer, que estaba ofreciendo el hospital en el que trabajaba, la médica contó que en 30 minutos comenzó a experimentar efectos adversos. 

“Esperé los 15 minutos que debes esperar después de que lo recibas, y fui al auto y mi cara comenzó a arder”, dijo Hertz. “Manejé a casa a cinco minutos de distancia, y cuando entré por la puerta, le dije a mi esposo que llamara a los paramédicos”.

En las siguientes 24 horas, la médica desarrolló síntomas neurológicos que le paralizaron la cara, lengua, cuero cabelludo, pared torácica y extremidades, así como temblores, espasmos, debilidad, dolores de cabeza, tinnitus y desequilibrio.

Ella contó que llamó a su médico y tomó un esteroide por si se trataba de una reacción alérgica, y debido a los intensos síntomas que incluso le dificultaban la respiración, tuvo que quedarse en cama durante 7 días.

Visitó a seis neurólogos, cinco alergólogos, tres reumatólogos, ninguno pudo diagnosticarla según sus síntomas, a pesar de numerosos análisis que le practicaron.

“Hicieron análisis de sangre, biopsias de piel, una resonancia magnética y más, y realmente no surgió nada. Desafortunadamente, si un médico no sabe lo que te pasa, terminará contigo, aunque no es así como yo practico”, dijo Hertz.

El caso de Hertz fue aceptado en el Proyecto CISA (Proyecto de Evaluación de la seguridad de la inmunización clínica) del CDC. Se presentó en una junta de evaluación el 23 de marzo y tras la reunión, un médico envió una carta a Hertz sugiriendo que tenía un “trastorno de mastocitos”, una afección en la que un paciente experimenta episodios repetidos de los síntomas de la anafilaxia, con urticaria, hinchazón, presión arterial baja, dificultad para respirar.

“No creo que esa [la activación de los mastocitos] sea la explicación completa de lo que nos está sucediendo”, dijo Hertz. “Todavía estoy aquí nueve meses después. Todavía no sé qué me pasa”. 

Ella y su grupo, donde están nucleados a través de la página de Facebook, habían pactado una reunión con el Dr. Marks, un alto representante de la FDA, pero él no se presentó a la reunión, en su lugar envió al jefe de comunicaciones, quien no es un científico.

Además dijo que se comunicó con alguien del NIH que ocupa un puesto muy alto y le dijo que son ‘muy conscientes’ de estas reacciones adversas y que las están investigando.

“Sabían de estas reacciones adversas antes de que las vacunas salieran de los ensayos clínicos”, dijo Hertz.

Hertz le dijo a The Defender que cree que los NIH transmiten una posición diferente detrás de escena que la agencia presenta al público y que para ella es porque los NIH están financiados por la FDA.

También dijo que envió varios informes a VAERS, pero los CDC nunca dieron seguimiento.

El 2 de julio, Hertz se acercó nuevamente a uno de sus contactos en el NIH para saber si había alguien que estuviera estudiando reacciones adversas como la suya. 

Ella escribió: “El gobierno nos ha abandonado y la comunidad médica no sabe nada acerca de estas reacciones adversas. Necesitamos desesperadamente ayuda médica”.

No hubo respuesta, dijo Hertz.

Vanesa Catanzaro – BLes.com

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