Redacción BLes –En los últimos años, la agenda progresista ha intentado cambiar a la fuerza las bases sociales que acompañaron a la humanidad durante la mayor parte de la historia. Los vínculos de lo que aparenta ser una nueva línea de pensamiento con el comunismo son cada vez más evidentes, y hasta la manera de intentar imponerlo en la sociedad son las mismas que utilizaron el régimen soviético y el Khmer Rojo en Camboya y el régimen comunista chino.

La familia es uno de los objetivos principales en esta guerra ideológica, al ser el pilar fundamental en cualquier sociedad. El comunismo de la mano de Marx considera a la familia como una forma de propiedad privada que debe ser abolida. Y para desintegrarla, nada mejor que destruirla desde adentro.

El sueño de todo sistema totalitario es apoderarse de los niños, alejarlos de la influencia parental para poder adoctrinarlos a gusto y transformarlos en fieles seguidores del Estado.

El PCCh comienza desde la más temprana edad a inculcar el “amor” al Partido por sobre todas las cosas, incluso por delante de su familia, usando un falso sincretismo entre Partido- país para fomentar el sentimiento nacionalista. El lavado de cerebro se aplica también a la hora de defender los intereses del PCCh. En la campaña contra las religiones y creencias con el objetivo de imponer el ateísmo, los maestros en las escuelas incitan a los niños a denunciar a sus padres si son practicantes de alguna fe.

En Estados Unidos se repite el mismo patrón. Desde la protesta del 6 de enero en el Capitolio, que congregó a los partidarios de Trump tras descubrir serias irregularidades en el conteo de los votos, las diferencias políticas degeneraron en una cacería de brujas por parte del gobierno.  El FBI comenzó a animar a la población a espiar a sus allegados en busca de signos de “extremismo” Uno de los manifestantes fue denunciado por su hijo por asistir a la protesta y por sus opiniones políticas.

En las escuelas americanas la agenda progresista, con la ideología de género y la teoría crítica de la raza, se impone sin dar lugar a otras opiniones, y menos a su rechazo, por lo que son varios los profesores sancionados o despedidos por manifestarse en contra de esas ideas. Lo mismo ocurre con los alumnos, que hasta pueden llegar a ser denunciados legalmente por no dirigirse a alguna persona según la forma en que esta se percibe sexualmente, o por decir simplemente que las mujeres tienen “vagina”.

Muchos padres alzan la voz expresando su enojo al ver como sus hijos están expuestos a la normalización de la pornografía, la homosexualidad, el transgenerismo y al marxismo racial.

Pero sus inquietudes son rechazadas tanto por maestros como por funcionarios, tildándolos de ignorantes, supremacistas blancos, de ultraderecha o peor aún, de terroristas domésticos, como lo anunció por escrito la National School Board Association.  Una táctica bien conocida por los comunistas, la de demonizar y degradar a todo aquel que presente una amenaza al pensamiento único. Esta actitud también muestra cómo el poder de decisión de los padres se va socavando y pasa cada vez más a las manos del Estado.

Mientras tanto, en Xinjiang, el régimen chino se apodera de los niños cuyos padres están en los campos de “reeducación” para ser limpiados de todo trazo de cultura uighur y transformarlos en un “nuevo hombre socialista”, como lo expresa el Dr. Adrien Zenz, investigador:

La propaganda gubernamental ensalza las virtudes de los internados porque ayudan a “mantener la estabilidad y la paz social”, ya que la “escuela ocupa el lugar de los padres”. 

“Los internados proporcionan el contexto ideal para una reingeniería cultural sostenida de las sociedades minoritarias” 

La sexualidad como herramienta de destrucción social

La liberación sexual como medio de destrucción familiar, fue impulsado por varios pensadores comunistas. Friedrich Engels esperaba ver la generalización de las “relaciones sexuales sin restricciones”, mientras que el filósofo francés Charles Fourier aconsejaba las bacanales y las orgías, para liberar las pasiones internas del ser humano. Al mejor estilo “inclusivo progresista”, pensaba que se debía garantizar la gratificación sexual, incluso a los ancianos y poco agraciados, y que el incesto, la zoofilia o el sadomasoquismo debería ser permitida con consentimiento.

La imposición de la ideología de género y el colectivo LGBT en las escuelas, la hipersexualizacion de los niños, los intentos de normalización de la pedofilia, son el reflejo actualizado de ideas nacidas dentro de las filas del comunismo.

Espectáculos de drag queens con insinuaciones sexuales explícitas se exhiben delante de los alumnos, como ocurrió en el colegio Hempfield en Lancaster. 

Los maestros animan a niños de tan solo 5 años a decidir su género según sus sentimientos, ignorando su condición biológica. En Spreckels una niña de 12 años fue instruida por sus profesores para cambiar de sexo y de nombre, ocultándolo a su familia.

Los padres se encuentran cada vez más impotentes con un sistema entero apoyando estas políticas. En Canadá, un hombre fue arrestado por cuestionar la transición de género de su hija, llamándola “ella”, en lugar de “él” en la vía pública. El padre sostiene que el transgenerismo es una ilusión creada, y pregunta qué pasará cuando la ilusión se rompa.

La disforia de género representa solo un 0,6 % de la población adulta. Sin embargo, el Departamento de Educación de Maine informó que entre el 13% y el 18% de los alumnos de los institutos públicos se declaran “lesbianas, gays, bisexuales o inseguros” de su identidad sexual. El adoctrinamiento está funcionando.

Separando a la mujer del hombre

La idea de emancipar a la mujer de la maternidad y liberarla de las ataduras del hogar familiar son conceptos comunistas ampliamente difundidos en la actualidad. El divorcio, la igualdad entre hombre y mujer, el aborto, el intento de demostrar que cualquier responsabilidad o actividad dentro de la sociedad puede ser realizada de igual manera por mujeres como por hombres, sin considerar siquiera la características biológicas inherentes en cada género, ni hablar de las culturales y sociales que han mantenido funcionando a la humanidad por milenios. Todo esto dio lugar al nacimiento del feminismo, que si bien comenzó abogando por sus derechos como persona, terminó mutando en una guerra contra el hombre, la familia tradicional y las religiones. Políticos de izquierda, impulsados por la ola feminista, luchan por reescribir la Constitución y agregar al aborto como un “derecho humano”, mientras la ONU manifiesta el mismo deseo abiertamente. 

El régimen comunista chino fue aún más lejos, forzando a cometer aborto a millones de mujeres. Con su política de hijo único para controlar la natalidad, 13 millones de niños no nacidos morían anualmente, rompiendo con el balance natural y convirtiendo a la sociedad china en culpable de un horrendo crimen contra la humanidad.

Por Michael Mustapich – BLes.com

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