Todo es un caos en Kazajistán. Hay explosiones, disparos e incendios desde el domingo a raíz de las protestas por el aumento del gas licuado de petróleo que derivó en un estallido social contra el gobierno de Kasim-Yomart Tokaev.

Los reportes hablan de tragedia. Hay 2000 detenidos, 13 funcionarios de las fuerzas de seguridad caídos —dos de ellos decapitados— y 353 heridos. El comercio no funciona. Tampoco los bancos ni la bolsa de valores. Las redes sociales Facebook, WhatsApp, Telegram están bloqueadas así como la aplicación china WeChat por disposición del mandatario, que pidió ayuda militar a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) liderada por Rusia para contener las manifestaciones que claman por cambios políticos y económicos.

Tokaev paga hoy las consecuencias de que el precio de un litro de gas licuado del petróleo (GLP) en Zhanaozen pasara de costar 50 tenge (US$ 0,11) durante gran parte de 2021, a cotizarse entre 79 y 80 tenge (alrededor de US$ 0,19) a finales de año, para luego saltar a 120 tenge (alrededor de US$ 0,27) este 1 de enero de 2022.

En anarquía

El país colapsó. Las manifestaciones que comenzaron en Zhanaozen, una ciudad rica en petróleo, donde ya hubo disturbios y víctimas hace diez años por el aumento de combustible, se extienden hasta Almaty, la capital del país.

Frente a la ola de disturbios, el mandatario destituyó a su gabinete culpándolo de permitirlo y restauró los bajos precios del combustible «para asegurar la estabilidad en el país», según su último tuit publicado

Pero la medida no merma la tensión. Al contrario, “Kazajistán, país que tenía fama de ser una autocracia estable y moderada enfrenta la mayor crisis política de su historia. Es posible que las consecuencias de estas protestas se observen mucho más allá de sus fronteras”, asegura la agencia alemana DW.

Un desafío profundo

La conflictividad es un duro desafío para el presidente Tokaev, quien con menos de tres años en el gobierno sortea la volatilidad de una región, considerando que las protestas en su contra son el tercer levantamiento contra una nación autoritaria alineada con Rusia, después de las protestas a favor de la democracia en Ucrania en 2014 y en Bielorrusia en 2020.

Esta secuencia de disturbios enciende las alarmas en el Kremlin porque el caos socaba la pretensión de Vladimir Putin de ganar influencia geopolítica entre los antiguos miembros de la Unión Soviética —Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán, Tayikistán y Kazajistán— mediante “cooperación estratégica” para intentar competir con el orden internacional liderado por Estados Unidos.

A eso hay que agregar que Moscú tiene el control del cosmódromo de Baikonur, el complejo de lanzamiento de cohetes más antiguo y de mayor base espacial del mundo construido cerca de la localidad de Tiuratam en Kazajistán.

Al mismo tiempo, Kazajistán también es importante para Estados Unidos por los negocios energéticos que Exxon Mobil y Chevron mantienen en el oeste de la nación, la región donde comenzaron los disturbios.

El portavoz del Departamento de Estado de EE. UU., Ned Price, informó a través de su cuenta en Twitter que el secretario de Estado, Antony  Blinken, contactó al ministro de Relaciones Exteriores de Kazajstán, Mukhtar Tileuberdi para abogar por una “resolución pacífica y respetuosa de los derechos de la crisis”.

Lo clave

Lo clave de la situación es que los países de la ex Unión Soviética, según reseña Clarín, también observan los hechos en Kazajistán porque ayudarían a dinamizar las fuerzas de oposición en otros lugares.

Con todo ello, Tokaev tiene en este momento los reflectores sobre sí. Y no le conviene. Tantos focos exaltan la percepción de que es un “sucesor elegido a dedo” por Nursultan Nazarbayev, quien lo designó como primer mandatario después de gobernar entre 1989 y 2019 a cambio de presidir el Consejo de Seguridad del país, el mismo que ahora pierde el control en las calles.

Ese traspaso de mando generó que las demandas de los manifestantes pasaran de exigir precios más bajos del combustible a incluir una liberalización política que establezca la elección directa de los líderes regionales de Kazajstán, en lugar del sistema actual de nombramientos presidenciales, lo cual significaría el derrocamiento de las fuerzas políticas que han gobernado sin ninguna oposición sustancial desde que logró la independencia de la Unión Soviética en 1991.

Demandas claras

A esta petición se pliega la de un aumento del salario mínimo que cuyo promedio equivalente a 570 dólares al mes, retorno de la Constitución de 1993 que limitaba los términos y poderes del presidente, la no persecución de activistas de la sociedad civil y permitir que personas ajenas al régimen actual ocupen puestos de poder.

Sin embargo, el éxito de estas solicitudes luce lejano cuando las fuerzas de seguridad de Kazajistán lanzaron una «operación antiterrorista» en la ciudad de Almaty.

Según la OTSC, la principal misión de estas fuerzas será «la protección de importantes objetivos estatales y militares», así como el «apoyo a los agentes del orden de Kazajistán para estabilizar la situación y propiciar su retorno al marco de la legalidad», pero Rusia aprovecha la oportunidad de estrenar su “fuerza de paz” en tierra vecina.

Gabriela Moreno – Panampost.com

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