Redacción BLes – El autor Gordon Chang alerta que el régimen comunista chino está tratando de expandir sus “actividades malignas” a través de los organismos multilaterales atacando, así, “la libertad y la democracia” de Occidente. En este marco, el abogado estadounidense destaca que, desde su llegada a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump está impidiendo el avance de Beijing al tiempo que busca instaurar un nuevo equilibrio de poder global.

En una columna escrita para el Gatestone Institute, el autor de ‘The Coming Collapse of China’ (‘El próximo colapso de China’) describe algunos casos notables y “descarados” donde Beijing intenta dominar organismos internacionales tales como la OMC y la ONU.

Robo de propiedad intelectual

En marzo de 2020, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de la ONU eligirá a sus nuevas autoridades y, aunque parezca paradójico, el régimen chino, “el principal ciberatacador del mundo y maestro ladrón de la propiedad intelectual”, tiene ambiciones de colocar a una de sus personas de confianza al mando del organismo.

En efecto, en noviembre Beijing nominó a Wang Binyang, quien “podrá flexibilizar las normas internacionales para favorecer el asalto de su país a la tecnología de otros”, señala Chang.

“Su nominación revela la descarada ambición de Beijing de dominar las instituciones multilaterales”, agrega el experto.

Ciberataques

Las sospechas de Chang tienen antecedentes ya que anteriormente “la colocación de funcionarios de Beijing dentro de las instituciones multilaterales ha facilitado enormemente sus actividades malignas”.

Tal es el caso de Fang Liu, secretaria general de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), quien llegó al organismo de las Naciones Unidas tras comandar el ente regulador de aviación de China: la Administración de Aviación Civil de China.

En noviembre de 2016 la OACI sufrió el ciberataque “más grave” en la historia de la institución.

Según describe Chang, se cree que un grupo de hackers vinculado al régimen chino estaba detrás de los ataques.

En febrero de 2019, la Corporación Canadiense de Radiodifusión denunció que Liu había obstaculizado la investigación del ciberataque.

Es más, Liu protegió, entre otros, a James Wan, director adjunto de la OACI y jefe de tecnología de la información y la comunicación, quien repetidamente socavó la investigación de los ciberataques, apunta el experto.

Añade que Wan tiene actualmente vínculos con dos instituciones “asociadas con un conocido hacker”: el Ejército Popular de Liberación de China.

Falta de libertad de expresión

“Desde su posición en el Consejo de Seguridad de la ONU (…) Beijing se ha colocado en posición de atacar la libertad y la democracia”, indica Chang.

El experto pone como ejemplo que el régimen chino fue “la fuerza” detrás de una resolución de la Asamblea General, recién aprobada, para crear una nueva convención que, muchos temen, será utilizada para restringir la libertad de expresión en línea en todo el mundo.

Violación de los derechos humanos

Beijing también bloqueó intentos de la ONU por castigar a regímenes totalitarios como el de Corea del Norte.

Aún más, China actualmente controla el llamado Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Desde su creciente influencia en la ONU, los funcionarios chinos han intentado impedir que activistas, como el uigur Dolkun Isa, entren en las instalaciones del organismo.

Inclusive, describe Chang, funcionarios chinos han llegado a fotografiar y filmar a críticos del régimen que se encontraban en los terrenos de la ONU. Asimismo han intimidado, en ambientes privados, al personal de la ONU, a los expertos y a otros funcionarios.

Competencia desleal

Un caso notable que demuestra el avance de Beijing en las instituciones internacionales es el de la Organización Mundial del Comercio, “donde durante dos décadas ha abusado de sus normas y del mecanismo de resolución de disputas del organismo”, lamenta Chang.

Los excesos del régimen chino también quedaron expuestos en la Interpol, donde repentinamente “desapareció” el jefe de la institución, el ciudadano chino Meng Hongwei, en septiembre de 2018.

Financiamiento para perseguir

Las “actividades malignas” del Partido Comunista Chino (PCCh) han llegado hasta el Banco Mundial.

Por ejemplo, el organismo especializado en asistencia financiera había destinado millonarios recursos para la “formación profesional” de habitantes de la región de Xinjiang.

Sin embargo, describe Chang, Beijing desvío ese dinero y lo utilizó para comprar alambres de púas, chalecos antibalas y gases lacrimógenos, para reprimir a la minoría uigur que habita el lugar.

En otro caso de destinar recursos del Banco Mundial para perseguir a su población, funcionarios chinos intentaron, esta vez sin éxito, comprar tecnología de reconocimiento facial para usarla en Xinjiang.

La hipocresía del PCCh

Aunque ahora avanza sobre los organismos multilaterales, con las evidentes consecuencias, el régimen chino no siempre tuvo la misma estrategia.

Cuando llegó al poder en 1949, el PCCh rechazó las instituciones multilaterales.

Sin embargo, luego de los conflictos fronterizos con Rusia en 1969, el dictador Mao Zedong comenzó a establecer contactos con extranjeros.

En 1971 se unió a las Naciones Unidas para sacarle el lugar a Taiwán.

Con la llegada de Deng Xiaoping, el país estableció relaciones con otras naciones y se unió a instituciones multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, Chang aclara que el acercamiento de Deng a las organizaciones mundiales “fue sólo tentativo: temía que éstas frenaran su régimen”.

En la actualidad, avanzando en las instituciones y “socavándolas” desde adentro, Beijing elogia el multilateralismo.

“Las actividades malignas de China en las agencias multilaterales han significado que estas organizaciones han dejado de funcionar como deberían”, sostiene Chang.

Es más, las actividades de Beijing son tan penetrantes que un informe de Human Rights Watch afirma que no sólo ponen en duda la investigación de la ONU sobre el historial de China, sino que “plantean un desafío a largo plazo a la integridad del sistema en su conjunto”.

La llegada de Trump: ¿el comienzo del fin del avance del PCCh?

Chang sostiene que si bien el avance de Beijing produjo quejas de la comunidad internacional, estas no resultaron efectivas, hasta que llegó Donald J. Trump a la Casa Blanca.

En efecto, Trump deslegitimó rápidamente el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, retirando a Estados Unidos en junio de 2018.

Asimismo, puso fin al funcionamiento del Órgano de Apelación de la OMC, que se encontraba en la fase inicial de su creación.

También retiró a su país del Acuerdo de París.

Luego de criticar el trato preferencial de la OMC hacia China, Trump dejó en claro ante la última Asamblea General de la ONU que no permitirá que otros países se aprovechen de Estados Unidos y del sistema de comercio internacional.

Con respecto a los régimenes socialistas y comunistas fue contundente: “El socialismo y el comunismo no se tratan de justicia. No se trata de igualdad. No se trata de levantar a los pobres. Y ciertamente no se trata del bien de la nación. El socialismo y el comunismo son solo una cosa: el poder para la clase dominante”.

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