Redacción BLesEn un contexto de extrema violencia en la ciudad, Chicago anunció la implementación de un programa piloto, el cual apunta a reemplazar a personal policial por paramédicos y médicos de la salud mental en ciertas situaciones de emergencia relacionadas principalmente con situaciones violentas.

La iniciativa fue presentada como un “programa de respuesta alternativa” en un contexto de debate sobre el rol de la policía en la sociedad luego de la muerte de George Floyd por un oficial en Minneapolis.

Cuando el programa comience a implementarse, por primera vez algunas llamadas de emergencia al 911 no serán respondidas por agentes de policía, sino por profesionales de salud mental junto con paramédicos, reportó el Chicago Suntimes.

Los médicos de salud mental estarán disponibles en el centro 911 para monitorear las situaciones, pero quedan dudas sobre qué tan bien estos nuevos respondedores podrán reducir la violencia que puede surgir durante tales llamadas.

Uno de los argumentos utilizados para tomar esta decisión radica en que supuestamente gran parte de las situaciones de emergencia se generan a partir de que los involucrados se encuentran intoxicados con altas dosis de drogas o alcohol. En ese contexto un profesional de la salud podría ser más útil que un policía, según los defensores de la iniciativa. 

La realidad muestra que la implementación de la medida se produce cuando la ciudad padece un éxodo sin precedentes de policías, reduciendo considerablemente los oficiales disponibles para atender la creciente demanda de inseguridad. Según reportes policiales, por cada policía en la ciudad habría por lo menos 10 pandilleros. 

Acorde a lo reportado recientemente por Breitbart News, en total, 363 oficiales presentaron su retiro entre enero y junio en comparación con 339 en todo el 2018.

Este retiro masivo de uniformados se da cuando la ciudad está viviendo un aumento histórico de las tasas de violencia, enfrentamientos armados y homicidios.

Luego de tres años de caída en los totales de homicidios, 2020 terminó con 769 homicidios, 274 más que el año anterior y la mayor cantidad desde los 784 homicidios en 2016.

A pesar de esta difícil situación, a nivel nacional continúan las presiones de los grupos de los sectores de izquierda para retirar fondos de los departamentos de policía al mismo tiempo que se evidencia un aumento considerable de la delincuencia en las principales ciudades, entre ellas, Chicago es una de las más afectadas. 

Las políticas impuestas por la alcaldesa demócrata Lori Lightfoot, responden a estos reclamos izquierdistas que han logrado en gran parte desmoralizar a los oficiales y ahuyentar a posibles reclutas con una fuerte retórica anti-policial.

 

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Los médicos de salud mental sienten que los nuevos arreglos pueden compensar esas pérdidas y bajas de primera línea, ya que estarán disponibles en el centro 911 para monitorear situaciones.

Aún no se ha explicado ni demostrado qué tan bien estos nuevos socorristas podrán reducir la violencia que puede estallar durante tales llamadas.

Los equipos de salud comenzarán a responder a las llamadas en agosto y las autoridades evaluarán de acuerdo a los resultados obtenidos la incorporación de mayor cantidad de profesionales si es necesario. 

El lanzamiento se producirá luego de un reciente encuentro del superintendente de policía de Chicago, David Brown, con el presidente Joe Biden y otros líderes de la seguridad a comienzos de esta semana.

Luego de la reunión Brown tuiteó: “Necesitamos un sentido de urgencia en este momento para que podamos salvar vidas y las graves consecuencias para quienes conducen la violencia con armas de fuego en nuestras ciudades”.

La “urgencia” por lo visto será atendida por lo pronto con médicos y profesionales de la salud. Solo el tiempo permitirá evaluar los resultados y sacar conclusiones. Aunque a priori pareciera ser una medida impulsada por sectores de izquierda para justificar de algún modo la reducción del personal de seguridad en un contexto complejo cargado de violencia.

Andrés Vacca – BLes.com