Redacción BLes – Los vínculos del entramado comercial y económico con el trabajo forzado en los llamados “campos de reeducación” del régimen chino va más allá de lo esperado.

Después de comenzar los preparativos para la aplicación de la Ley de Prevención de Trabajo Forzoso Uigur promulgada el 21 de junio de 2021 en EEUU, un informe aparece detallando los casi 1 millón de empresas que estarían violando esta nueva ley.

La Ley de Prevención del Trabajo Forzoso Uigur estipula que todos los bienes fabricados en Xinjiang son fruto del trabajo forzoso, a menos que el comisionado de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos certifique que dichos bienes no se han fabricado de esta manera.

En el reporte “Iluminando el ecosistema del trabajo forzoso en Xinjiang” de Altana muestra “785 415 relaciones comerciales de primer nivel entre entidades relacionadas con el trabajo forzoso y otras economías de todo el mundo. En el siguiente nivel, esta cifra aumentó a 6 871 643 relaciones comerciales.”

Las empresas relacionadas abarcan las textiles, agrícolas, automotrices, de gas, farmacéuticas, etc. Todas ellas ayudan a que el flujo de productos provenientes del trabajo forzoso uigur entren en el circuito comercial mundial. Por ejemplo:

-De cada 5 prendas de algodón en el mercado mundial, una estaría ligada a trabajo forzado uigur.

-Casi la mitad del polisilicio para fabricar paneles solares proviene de la región Uigur.

Entre las compañías más reconocidas ligadas directa o indirectamente a esta mano de obra esclava encontramos a Nike, Coca Cola, Apple, BMW, Adidas, Bosch, Mercedes Benz, Amazon, Lacoste, Zara, Microsoft, Xiaomi, Huawei, Toshiba, Land Rover, Lenovo, Asus y otras.

El comercio de productos derivados del trabajo forzado uigur llegó a 183 países, incluidos Estados Unidos, Canadá, India, Reino Unido, Australia, Brasil y Francia.

Varios países están implementando leyes similares a la dictada en EEUU para terminar con el trabajo esclavo, como Australia y Francia.

 Según las estimaciones de la OIT en 2016, el número de personas víctimas de esclavitud moderna era de alrededor de 40,3 millones en todo el mundo, incluidos 24,9 millones en trabajos forzados.

Estados Unidos y varios países denunciaron al régimen chino por cometer crímenes contra la humanidad y genocidio, y además de utilizar campos de internamiento, trabajo forzado, esterilizaciones masivas y tortura contra los uigures y otras minorías étnicas.

En el infierno uigur

Turzunay Ziyawudun fue arrestada por la policía cerca de su aldea en la región de Xinjiang, China, y llevada a un campo de reeducación.

Allí la obligaron a cantar canciones comunistas y a negar su religión. Desarrolló problemas de salud y la internaron en un hospital donde se recuperó.

Al año de su arresto, la policía la citó para completar su reeducación y fue puesta en prisión nuevamente.Le cortan el pelo y le arrancan sus aretes.

Ziyawudun confesó: “Fui violada en grupo y mis partes privadas fueron torturadas con electricidad. Te quedan marcas en el cuerpo que hacen que no quieras mirarte”.

“Me dieron pastillas para esterilizar, estoy bastante segura de que es por eso que no puedo tener un bebé ahora”.

Con la sola amenaza de ser enviados al cuarto oscuro, el miedo paraliza a los prisioneros.

 Ziyawudun agrego: “Cualquier cosa que se te ocurra, incluida la violación, tiene lugar en esa habitación”.

Son miles los testimonios de personas que han sobrevivido a la brutalidad que se vive en estos campos de reeducación, y no solo los uigures son víctimas de esta barbarie.

Ming Yu, un empresario que fue puesto en prisión solo por practicar la disciplina espiritual Falun Gong, dijo que logró filmar un video encubierto dentro de un campo de trabajos forzados en 2008 durante los Juegos Olímpicos de Beijing.

El video muestra a practicantes de Falun Gong siendo forzados a trabajar jornadas extenuantes para hacer productos que se venden en todo el mundo.

A algunos se los ve exhaustos tirados debajo de las mesas donde trabajan.

Yu utilizó cámaras ocultas para filmar varios videos.

En otro de ellos se puede ver a un hombre consumido, encadenado a una cama y con heridas visibles. Según Yu era un practicante que resultó gravemente herido por los guardias del campamento.

Ming Yu es amigo de la familia Wang, cuya historia inspiró la realización del film “Finding courage”

Las hermanas Yifei y Kefei Wang fueron apresadas por la policía y puestas en un campo de trabajo forzado por manifestarse en contra de la persecución a los practicantes de Falun Gong. Yifei logró salir, pero su hermana permaneció 4 meses y murió dentro del campo.

Luego de ver su condición, su familia alega que fue torturada hasta la muerte. Aún luchan por recuperar sus restos.

Laogai

Los campos de reeducación en China tienen sus raíces en el denominado sistema Laogai, creado al poco tiempo del arribo al poder del PCCH de la mano de Mao.

Inspirado en los “Gulag” de la Unión Soviética, se basan en los ideales comunistas de reformar por medio del trabajo forzado a las personas que ellos consideran antisociales, o que no siguen los lineamientos del partido. El objetivo es convertirlos en “nuevos hombres socialistas”.

En estas prisiones se encarcelaban a criminales comunes, disidentes políticos, practicantes de religiones prohibidas y a integrantes de minorías étnicas consideradas en rebeldía. A los presos se les negaba un juicio y eran retenidos sin cargos específicos y por tiempo indefinido.

Constituyó una herramienta de represión y de control para mantener el poder del PCCH.

Luego de recibir presiones por parte de la comunidad internacional, el régimen chino puso fin al sistema Laogai, pero solo para cambiar su nombre y re bautizarlo como prisiones para delincuentes no criminales, centros correccionales comunitarios, o campos de reeducación.

Según la Fundación de Investigación Laogai hay más de 1000 centros de detención, en los que se encarcelan a millones de personas.

Los reclusos ofrecen una abundante mano de obra gratuita que ha sido utilizada para la manufactura de productos de todo tipo. Una enorme fuente de ganancias para quien se aprovecha de este sistema.

El poco control internacional, y los muchos intermediarios en la cadena de suministro, hace muy difícil detectar qué mercancía proviene de estos centros de detención.

Y gracias a los beneficios económicos que produce esta mano de obra esclava, muchos gobiernos prefieren mirar a un costado y no reconocer la tragedia humana detrás de este negocio.

Por Michael Mustapich – BLes.com

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