El presidente de Estados Unidos llega a la región intentando recuperar dos alianzas clave que tuvo Trump durante su mandato en Medio Oriente y que él, estupidamente, perdió ni bien llegó a la Casa Blanca.

En un nuevo papelón internacional, Joe Biden llegó a Medio Oriente con la misión de que Arabia Saudita aumente su producción de petróleo, y que Israel apoye el peligroso pacto nuclear con Irán.

El presidente estadounidense primero intentó convencer a Israel de la necesidad de retomar las negociaciones con la dirigencia palestina y aceptar el acuerdo nuclear con Irán, un proceso que la Casa Blanca entiende como fundamental para evitar el desarrollo atómico del régimen chiita.

El 14 de julio del 2015, Obama había firmado el Plan Comprensivo de Acción Conjunta (JCPOA), que acordaba con Irán que no desarrollaría más su plan nuclear y dejaría de refinar urania, a cambio de enormes cantidades de dinero en asistencia financiera.

Pero según demostró Israel en 2018, Irán nunca dejó de construir sus armas nucleares, solamente pasó a la clandestinidad y, lo que es peor, recibió una fuerte inyección de dinero que ayudó en su desarrollo: la asistencia financiera de Estados Unidos.

Al enterarse de esto, Trump retiró a Estados Unidos del JCPOA y empezó una serie de operaciones de las agencias de inteligencia de Estados Unidos y de Israel contra las figuras claves del programa nuclear de Irán.

Así, entre 2018 y 2020, varias de las figuras más importantes de la estrategia nuclear de Irán fueron asesinados. Entre ellos el principal científico encargado del programa, Mohsen Fakhrizadeh, quien fue asesinado en las afueras de Teherán, capital del país islámico.

Ahora, Biden busca volver al mismo acuerdo fallido que solo envalentonó a la dictadura chiíta, y no solo eso si no que quiere aprovechar el gobierno interino del izquierdista Yair Lapid para lograr su apoyo.

Lapid sin embargo tiene mandato solo hasta octubre, y si el próximo primer ministro es Benjamín Netanyahu como indican todas las encuestas, cualquier tratado que firme el actual mandatario en estos meses será derogado.

La gira presidencial también busca revitalizar la asociación energética con Arabia Saudita, el segundo destino de Biden después de Israel. Biden llegó este viernes en Riad, tal vez el punto más crucial del itinerario.

El plan es rogarle a la monarquía saudita incrementar la producción de petróleo para que la suba de la oferta contenga la disparada del precio internacional. La administración demócrata aspira a llegar a las elecciones de medio término de noviembre con menores precios en los combustibles, algo que históricamente definió las elecciones en Estados Unidos.

Trump mantuvo una importante alianza con el príncipe heredero Mohamed bin Salman, con quien siempre tuvo un canal de comunicación abierto y el nivel de producción siempre estuvo consensuado entre las partes.

Pero desde la llegada de Biden, la familia Salman volvió a sus prácticas de cartelización, y es que la economía saudita se está beneficiando de la suba de los precios del petróleo, siendo el principal productor mundial y con una Rusia vetada por las economías occidentales.

Se estima que el PBI de Arabia Saudita crecerá entre el 5 y el 7% este año solamente por los aumentos en las ventas de petróleo. Ahora, Biden quiere convencer a los sauditas que renieguen de ese enorme crecimiento sin darles nada sustancial a cambio.

Cabe recordar que recientemente Biden trató de “asesino” a Bin Salman por la muerte del espía iraní Jamal Khashoggi en Turquía, quien trabajaba de periodista para medios occidentales pero tenía contactos con el principal enemigo saudí.

Además, el demócrata dijo que el gobierno teocrático de Arabia Saudita “tiene que aprender que no son los dueños de Medio Oriente”, una clara crítica a su postura hegemónica del mundo árabe. Tras estas desafortunadas frases, Biden tiene poca capacidad de negociación.

Sin embargo, el presidente llega a una región que ya se acostumbró al repliegue de Estados Unidos. La salida catastrófica de Afganistán generó un impacto considerable entre los líderes regionales y la guerra en Ucrania subvirtió las dinámicas en esta parte del mundo.

Rusia es un mercado importante de armas y tiene una presencia clave en Siria. Con este viaje, Biden quiere asegurarles a Israel y a las monarquías sunitas que está con ellos contra Irán, agruparlos y también advertirles que no se acerquen tanto a Rusia.

Mientras tanto, el presidente iraní Ebrahim Raisi se prepara para recibir el próximo martes en Teherán a Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan. La estrategia de Biden es insólita, quiere mejorar relaciones con Arabia Saudita y con Irán al mismo tiempo, con Turquía y con Israel al mismo tiempo, claramente una estrategia diseñada por una persona con sus facultades cognitivas reducidas.

Fuente: La Derecha Diario

Suscríbete para recibir nuestras últimas noticias

Al enviar este formulario, acepto los términos.