Redacción BLes – Con el pasar de los años los Estados Unidos de Norteamérica se han venido convirtiendo en una nación cada vez más dividida.

Esto en parte se puede ver reflejado en la manera cómo los principales medios de comunicación del país se esfuerzan cada día por malograr la imagen del presidente Donald Trump y dejar por fuera de su cobertura los principales hechos y logros de su administración.

De acuerdo una investigación reciente del Centro de Investigación PEW, los medios de comunicación al día de hoy han llevado a que la opinión pública de los estadounidenses se encuentre cada vez más dilatada y se divida entre quienes consideran que estos se han alejado de la ética que debería ser propia de la profesión, y quienes defienden la agenda informativa que hoy esgrimen.

En una columna de opinión, del Wall Street Journal, el editor ejecutivo Gerald F. Seib, expresa que las divisiones tanto en la sociedad estadounidense como en el sistema político se han “ampliado y endurecido”.

Como indica el columnista, las determinaciones de los dos partidos políticos que han representado los intereses conservadores y liberales en el país, así como también de quienes son afines a las políticas bipartidistas respectivamente, se han ido a un extremo posiblemente por las secuelas que dejó la última crisis financiera que vivió el país.

“Para los que están tanto a la izquierda como a la derecha, generó un profundo escepticismo sobre si los establecimientos financieros y políticos del país realmente están interesados ​​en dirigir los asuntos del país en beneficio de todos”, expresó el columnista.

“La opinión de la izquierda, representada por Obama no estaba a la altura del momento. (…) Y lo que estamos viendo en el centro-derecha fue casi la respuesta paralela: que el mensaje de crecimiento estándar del lado de la oferta que era la ortodoxia del centro-derecha tampoco estaba a la altura del momento”, según Oren Cass, citado académico conservador del Instituto Manhattan y director de política interna de la campaña presidencial de Mitt Romney para 2012.

Como señala el columnista, la izquierda liberal apuntó a construir un programa de recuperación del gobierno mucho más grande, lo que dio como resultado políticas aún más liberales con propuestas más ambiciosas como las de los demócratas Bernie Sanders, Elizabeth Warren o Alexandria Ocasio-Cortez.

“El trauma convirtió a algunas de las bases de ambas partes en contra de la globalización económica y la comunidad financiera, particularmente porque la dislocación económica en los Estados Unidos coincidió con el inquietante ascenso de China como una potencia económica competidora”, escribió el editor ejecutivo del Wall Street Journal.

Según indica en su columna, las divisiones actuales de la nación también tuvieron una raíz de origen en el extranjero, luego de que el malestar y el descontento de los estadounidenses comenzara a intensificarse debido al conflicto en Afganistán y en Irak, el cual se gestó a comienzos del siglo.

“El cansancio de guerra resultante profundizó el escepticismo sobre las élites que defendieron los conflictos. Eso ayudó a abrir el camino para que Trump ganara la nominación de un Partido Republicano cuyos líderes comenzaron y, en su mayor parte, habían defendido firmemente los largos conflictos”, expresó Seib.

William Galtson, miembro senior del Instituto Brookings, quien es citado por el columnista, expresó: “Recuerdo lo asombrado que estaba por cómo [Trump] salió balanceándose contra la guerra de Irak. (…) Creo que eso lo fortaleció entre la gente común, incluidos los veteranos que pensaron que estaba diciendo la verdad que ni los políticos ni los generales dirían”.

No obstante, Seib expresa que una gran parte de la división que hoy existe entre los estadounidenses radica en las presiones culturales más amplias que se han acumulado alrededor del sistema político.

“Muchos en el corazón del país, en gran parte conservador, se han rebelado contra lo que ven como la desaparición constante de los valores y las estructuras sociales estadounidenses tradicionales”.

“Mientras tanto, sus números opuestos en las costas en gran medida liberales han cruzado con creciente intensidad por lo que ven como paridad de género, racial y económica vencida”, señaló el editor del Wall Street Journal.

Seib escribió en su columna que mientras tanto las tensiones culturales han aumentado de la mano de los grandes debates sobre las relaciones raciales y la inmigración: “Al comenzar la década, el país acababa de terminar un período de rápido crecimiento en la población de inmigrantes indocumentados, que aumentó un 30% en los últimos 10 años”.

Así mismo indicó que dicho fenómeno alteró las dinámicas de comunidades en donde no estaban acostumbrados a grandes cambios, afirmando que se presentó justo cuando la fuerza laboral se enfrentaba a una “erosión del empleo estable y a largo plazo en las industrias tradicionales”.

Esto provocó un aumento en el sentimiento antiinmigrante, generando un malestar económico y cultural, dado que muchos de ellos tienen además antecedentes penales comprometedores. Sin embargo, por su parte la izquierda ha insertando en el imaginario colectivo la idea de que la antipatía hacia los inmigrantes provocaba un malestar racista generalizado, acorde con Seib.

Como indica el columnista, al ser el primer presidente afroamericano, Obama promovió la idea del progresismo de la mano con una propuesta en salud que para entonces parecía algo innovador, lo que impulsó a los demás líderes de izquierda y a la vez produjo el malestar en la opinión de los de derecha, quienes lo criticaron por sus posturas cada vez menos moderadas y más ubicadas en la izquierda.

Seib señala que muchos de ellos cuestionaron en esencia sus discursos, como cuando dijo durante una campaña que el declive económico en la región de Rust Belt (cinturón industrial) había obligado a la población de ese lugar a “aferrarse a las armas o a la religión o a la antipatía hacia la gente que no es como ellos”.

En cuanto a la llegada de Trump, el editor ejecutivo dijo que “alentó a los de la derecha populista, quienes pensaron que finalmente tenían un presidente que entendía sus quejas, pero enfureció a aquellos que pensaron que él rompió las normas sociales y políticas y usó la ira y la división como herramientas políticas para su propio beneficio”.

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