Redacción BLes – El movimiento Black Lives Matter surgido en EE. UU. se promovió con la muerte del afroamericano George Floyd bajo custodia policial el pasado 25 de mayo, y exacerbó el sentimiento antiracista resultando en el boicot de las expresiones culturales que aludieran a la  esclavitud practicada en el pasado.

Además de destruir monumentos históricos, agredir a los ciudadanos y arruinar las tiendas de muchos estadounidenses, el boicot cultural se dirigió a las personas de manera incoherente y desordenada, castigando incluso a sus promotores izquierdistas.

Una de ellas fue la representante demócrata por Nueva York,  Alexandria Ocasio-Cortez, quien fue señalada por la utilización de argumentos confusos al tratar de definir el boicot del que se quejaban algunas personas que decían que, “uno es una víctima si la gente decide ignorarlos”. 

Por otra parte, Ocasio-Cortez incitó a sus seguidores a que dejaran de comprar los alimentos procesados marca Goya producidos en Estados Unidos, porque su presidente, de origen hispano, reconoció los beneficios de la gestión del presidente Trump en favor de su comunidad.  

El boicot promovido por Ocasio-Cortez motivó un apoyo tal a las compras de Goya que sus ventas se triplicaron en poco tiempo, demostrando que quienes desean la normalidad de la dinámica social son más numerosos.

Otro ejemplo de lo contraproducente de la aplicación del boicot como medida de represión, quedó demostrado con la renuncia de la periodista  Bari Weiss, al ser perseguida y maltratada por sus compañeros durante su trabajo en ese medio. 

Para Weiss resultaba inviable el periodismo imparcial en un medio en el que era calificada de Nazi y racista, por tratar de escuchar las voces y el sentir de personas con modos de pensar diferentes a los promovidos por ese periódico, fuertemente criticado por su tendencia izquierdista.

Otra de esas expresiones contradictorias que señalan las actuaciones de la izquierda que promueve el boicot, la manifestó una carta publicada en carta abierta de Harper’s Magazine, en la que 153 escritores promovían la libertad de expresión, la aceptación de opiniones divergentes y la apertura de la mente a las voces opuestas.

“Ese centenar de personas eran casi totalmente elitistas de izquierda, no es de extrañar, pero la velocidad con la que empezaron a comerse a los suyos fue notable”, y algunas de ellas se retiraron porque no aceptaban la amplia diversidad de opiniones representadas por las personas que firmaban la carta abierta, señala el periodista Brad Slager en Townhall el 15 de julio.

Así, lo que empezó en defensa de la libertad de expresión se convirtió en censura de esa forma de expresión.

Las huellas de destrucción dejadas por el movimiento BLM, iniciado en el 2013 por la muerte de otro afroamericano en EE. UU., el  boicot contra alimentos Goya y los enredos en los que se enzarzan los izquierdistas en Estados Unidos, generan un creciente rechazo entre la población que termina volviéndose contra sus promotores.

José Ignacio Hermosa – BLes