Redacción BLesDos experimentados marineros partieron de las Islas Salomón el 2 de septiembre dispuestos a navegar los 200 kilómetros que los separaban de su destino, pero las tormentas convirtieron su travesía en una pesadilla que se extendió durante 29 días. 

Poco después de iniciado el viaje las nubes anunciaron el cambio de las condiciones atmosféricas, y bajo la tormenta que se desató los marineros, Livae Nanjikana y Junior Qoloni, perdieron de vista las islas que les servían de referencia a los lados, relató The Guardian el 8 de septiembre. 

El siguiente recurso al que acudieron fue el Sistema de Posicionamiento Global, (GPS, por la sigla en inglés) que se descompuso casi enseguida, dejándolos desamparados en su pequeña embarcación de fibra de vidrio impulsada con un motor de 60 caballos de fuerza. 

“Cuando llegó el mal tiempo, fue malo, pero fue peor y se convirtió en un susto cuando el GPS se apagó”, describió Nanjikana. 

Ante esta situación decidieron apagar el motor para ahorrar combustible, y cuando volvieron a tener visibilidad descubrieron que estaban perdidos. 

Así que mientras buscaban indicios de tierra firme consumieron durante nueve días las naranjas que llevaban consigo, y una vez agotadas su ración se redujo a los cocos que aparecían flotando y para alcanzarlos encendían el motor. 

Para obtener agua dulce se la ingeniaron para recolectarla con una lona. Después se ingeniaron un tipo de armazón que sostuviera lonas a modo de velas que impulsaran su pequeña nave. 

Finalmente divisaron una isla y otra pequeña canoa conducida por un pescador al que le hicieron señas, pero pasó de largo. En ese momento encendieron el motor para seguirlo y fue cuando se agotó el combustible. 

A continuación gritaron y le hicieron señas frenéticamente, ante lo cual el buen hombre remó hasta ellos y al ver el estado en el que se encontraban los remolcó hasta la isla. Una vez allí otros de los isleños ayudaron a trasladarlos hasta la casa del desde entonces se convirtió en su anfitrión. 

“El pescador era un hombre amable. Cuando llegamos a tierra, nuestros cuerpos se sentían débiles, así que los hombres nos llevaron a la casa. Después nos alimentaron con buenos alimentos como taro, papaya y otras verduras que nos hicieron recuperar las fuerzas”, dijo Nanjikana, según el medio local PNG Attitude. 

Y agregó: “No sabíamos dónde estábamos, pero no esperábamos estar en otro país”, dijo Nanjikana, cuando se enteró de que había llegado a Papúa Nueva Guinea a 400 kilómetros de su puerto de salida. 

“Estoy deseando volver a casa, pero supongo que ha sido un buen descanso de todo”, agregó, mientras la jefa de gabinete del Ministerio de Asuntos Exteriores y Comercio de las Islas Salomón, Mary Walenenea, con sede en Papúa Nueva Guinea, trataba de hacerlos llegar hasta su hogar. 

Al parecer, “una cosa que mantuvo a los dos hombres en pie fue un estado de ánimo fuerte y positivo, la esperanza y la fe en Dios. De hecho, vencieron increíbles probabilidades”, escribió PNG Attitude. 

José Hermosa – BLes.com

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