La cancelación por parte del Departamento de Defensa del contrato JEDI de $10.000 millones de dólares muestra cómo la contratación militar puede conducir a la corrupción política.

Aprincipios de este mes, el Departamento de Defensa de Estados Unidos (DOD) canceló un contrato de $10.000 millones de dólares de Infraestructura de Defensa Empresarial Conjunta (JEDI por sus siglas en inglés) adjudicado a Microsoft en 2019. El objetivo del contrato era modernizar las operaciones informáticas del Departamento utilizando la nube computarizada.

La cancelación del JEDI se produjo tras una demanda de Amazon después de que se le negara el contrato. Amazon alega que fueron rechazados porque el Departamento de Defensa fue presionado por el entonces presidente Donald Trump para ” fastidiar a Amazon”. La motivación de esta medida, se afirmó, fue impulsada por la animadversión personal de Trump hacia el entonces CEO, Jeff Bezos, quien también es dueño de The Washington Post.

Amazon afirma que fuentes internas responsables del libro Holding The Line: Inside Trump’s Pentagon with Secretary Mattis aportan pruebas de la intención directa de Trump de “fastidiar a Amazon”, pero no es necesario confiar en otro libro publicado por personas con privilegiada información en Washington. Los problemas personales de Trump con Bezos, válidos o no, son extremadamente públicos. Los tuits dirigidos a Bezos incluyen:

“El @washingtonpost, que pierde una fortuna, es propiedad de @JeffBezos con el fin de mantener los impuestos bajos con su empresa sin fines de lucro, @amazon”. 7 de diciembre de 2015.

“Si @amazon tuviera que pagar alguna vez impuestos justos, sus acciones se estrellarían y se desmoronaría como una bolsa de papel. ¡La estafa del @washingtonpost la está salvando!”. 7 de diciembre de 2015.

“Realmente enfermizo ver las Noticias Falsas y totalmente Sesgadas(?) que salen de MSDNC y CNN. No tienen NINGUNA relación con la Verdad o los Hechos. No son más que vástagos del DNC, al igual que el @nytimes y el @washingtonpost de Amazon. Igual que en 2016, pero peor. Triste, pero ganaremos a lo grande”. 3 de junio de 2020.

“Amazon le está haciendo un gran daño a los minoristas que pagan impuestos. Pueblos, ciudades y estados de todo Estados Unidos están siendo perjudicados: ¡se están perdiendo muchos puestos de trabajo!” 16 de agosto de 2017.

Impulsado por la demanda de Amazon, el Departamento de Defensa puso en marcha una investigación que dio lugar a un informe de 317 páginas en el que se evaluaban las alegaciones de Amazon. Los autores afirmaron que la falta de cooperación de los funcionarios de la Casa Blanca les impidió llegar a conclusiones claras.

Más tarde, el Departamento de Defensa canceló el contrato JEDI argumentando que ya no se ajustaba a las necesidades del Departamento, y está buscando un nuevo contrato multiproveedor llamado “Joint Warfighter Cloud Capability” (JWCC). Como informó la CNBC, “la agencia dijo que tiene previsto solicitar propuestas tanto a Amazon como a Microsoft para el contrato, añadiendo que son los únicos proveedores de servicios en la nube que pueden satisfacer sus necesidades”.

Aunque la cancelación del contrato JEDI parece ser un caso único, saca a la luz un problema generalizado con el complejo industrial militar. La administración de Trump, inusualmente ruidosa, simplemente pone de manifiesto este problema, que está presente en todas las administraciones.

Política, adquisiciones y elección de ganadores y perdedores

Aunque otros presidentes son menos ruidosos en cuanto a sus opiniones sobre empresas y directores generales específicos, sus decisiones no son menos influyentes. Cada año, el Departamento de Defensa, bajo la dirección del presidente, consume miles de millones de dólares en bienes y servicios.

Esto supone un gran problema para el gobierno. ¿Cómo puede el ejército más caro del mundo convencer a alguien para que produzca lo que los burócratas militares exigen? Hay dos posibles soluciones a este problema. Los militares pueden contratar a alguien para que produzca bienes y servicios o pueden producirlos ellos mismos.

En la mayoría de los casos, los militares optan por la primera opción, ofreciendo a las empresas privadas la oportunidad de producir equipos y tecnología militar a cambio de miles de millones de dólares al año. Las empresas privadas presentan entonces “ofertas” en las que detallan cómo piensan completar el proyecto con los miles de millones que se les conceden.

El problema inherente a este proceso es que distorsiona la competencia del libre mercado. En el mercado libre, las empresas ganan proporcionando bienes que son más valiosos para los consumidores que lo que cuesta crearlos. Cuando una empresa hace esto, gana lo que los economistas llaman “beneficio económico”. Cualquier empresa que no lo haga tendrá pérdidas y, a menos que los propietarios cambien las cosas, quebrará.

Pero, cuando las empresas buscan contratos públicos, ya no buscan el favor de los consumidores. En su lugar, las empresas deben competir por el favor de los políticos y burócratas que gastan el dinero de los contribuyentes. En otras palabras, los políticos están en posición de elegir a los ganadores y a los perdedores. ¿Y cómo eligen?

Bueno, tal vez, como en el caso de Trump, los agravios personales subyacen a sus decisiones. Pero este es en realidad el método menos siniestro de competir por el favor político. Por otra parte, las empresas que buscan grandes adquisiciones pueden estar dispuestas a pagarle a los políticos y burócratas con contribuciones a sus campañas, lujosas cenas con grupos de presión o sobornos directos, por debajo de la mesa.

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Mientras la empresa gane más dinero con la contratación que el que se gaste en comprar los favores políticos, sale ganando. Los políticos y los burócratas también salen ganando al poder aceptar sobornos. Este proceso de compra de favores políticos es conocido por los economistas como “búsqueda de rentabilidad”.

Entonces, ¿quién sale peor parado? Los contribuyentes y los consumidores. El dinero de los contribuyentes se asigna ahora de forma que sirve al político y al burócrata, en lugar de al público. Además, estos dólares pueden ahora apuntalar a empresas que, de otro modo, fracasarían y seguirían utilizando los recursos de la sociedad de forma despilfarradora, ya que no están en deuda con los valores de los consumidores. Cuando una empresa derrochadora despilfarra escasos recursos, pero se le permite operar con las ganancias de los sobornos políticos, el consumidor promedio sale perdiendo.

Un defecto fundamental

La capacidad de las empresas para la búsqueda de rentabilidad es un defecto fundamental que surge del complejo militar-industrial. Un ejército con un presupuesto de miles de millones utilizará ese presupuesto, y cuando lo hace proporciona a los políticos y burócratas una oportunidad para solicitar sobornos y favores. Los militares no pueden realizar compras a gran escala sin encontrarse con este defecto porque los incentivos los genera el sistema.

Algunos pueden argumentar que el proceso podría arreglarse haciendo que los militares produzcan sus propios bienes. Esta sugerencia es similar a argumentar que la producción militar debería ser nacionalizada o socializada. Si la tecnología militar se produce internamente, no existe el problema de comprar a corporaciones con conexiones políticas, después de todo.

Sin embargo, esto no resuelve el problema en lo absoluto. Esta solución simplemente vuelve a trazar las líneas. En lugar de que una empresa tenga el privilegio de un contrato de adquisición excesivo, ahora se coloca a un burócrata interno en esa posición.

Si se espera que el gobierno nacionalice toda la producción de equipo militar, esto significará que habrá que contratar a varias personas muy bien pagadas. Después de ser contratados, tendrán que ir ante el Congreso y argumentar que su departamento necesita más dinero. Al final, el resultado es el mismo. El dinero de los contribuyentes se utiliza para subvencionar la competencia por el favor político, sin tener en cuenta lo que los consumidores valoren realmente.

Así que, aunque Trump sea inusualmente escandaloso, no hay nada de raro en que los políticos elijan a ganadores y a perdedores para que se adapten a lo que ellos quieran. De hecho, este tipo de comportamiento es característico del propio sistema.

Peter Jacobsen – Fee.org.es

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