El Banco Central de Brasil confirmó que la economía se expandió un fuerte 1,7% en el pasado mes de febrero, acumulando un rebote sin interrupciones desde mayo de 2020. Brasil logró superar cómodamente los niveles de actividad que había antes de la pandemia.

La economía brasileña registró una recuperación económica sin precedentes, siendo el país de la región que más rápido logró salir del shock por la pandemia. El índice IBC-Br creció un 1,7% en febrero según la medición desestacionalizada que realiza el Banco Central de Brasil. 

Con este nuevo repunte, la economía de Brasil no solo logró recuperar todo lo perdido por la pandemia, sino que consiguió seguir creciendo y superar una suerte de estancamiento secular que vivía en los últimos años. 

La administración del PT, bajo el liderazgo de la ex mandataria Dilma Rousseff, había dejado al país en medio de una aguda recesión económica que no había podido ser superada bajo la administración de Temer. Brasil sufrió una profunda contracción del 11,06% entre 2014 y 2016, semejante a la que generó la pandemia entre marzo y abril de 2020. 

Por primera vez en cuatro años, Brasil volvió a registrar niveles de actividad económica similares a los que había en 2015, dando incididos de una recuperación formal que se propone superar los niveles de 2014 en los próximos años. 

Concretamente, el nivel del IBC-Br en febrero de 2021 fue el más elevado desde marzo de 2015, y fue un 1,9% más alto al nivel que había en febrero de 2020, el último mes antes de la llegada de la pandemia y la aplicación de restricciones a la circulación. 

De esta manera Brasil se convirtió en el principal foco de inversiones de la región a partir de una agenda reformista y “market-friendly” llevada a cabo por el ministro Paulo Guedes, designado por Jair Bolsonaro desde el inicio de su gestión. 

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Guedes se propuso como meta para el 2021 una amplia corrección sobre las finanzas públicas, la reorganización del sistema tributario y el avance con las reformas estructurales para la consolidación de una economía de mercado. 

La pandemia provocó un amplio deterioro en el resultado fiscal financiero del gobierno federal, que pasó del 5,48% al 13,88% en términos del Producto Bruto Interno (PBI) de Brasil. Los gastos federales pasaron de 27,6% a 33,5% del PBI en el mismo período, dejando como saldo un aumento considerable en la deuda de la administración central. 

A su vez, la inyección de liquidez comienza a mostrar señales de recalentamiento en el nivel de precios, pues la inflación interanual en Brasil llegó al 6,1% en el pasado mes de marzo, con una variación positiva del 0,93% en solo ese mes. 

En respuesta a la necesidad de estabilizar la economía Jair Bolsonaro y Paulo Guedes impulsaron un presupuesto para 2021 con austeridad fiscal. Se dictaminó un fuerte ajuste en la obra pública, subsidios y programas sociales, administración pública, ministerios, secretarías y salarios en el Estado, entre muchos otros rubros. 

Casi todas las partidas presupuestarias fueron corregidas a la baja para garantizar la disciplina fiscal y la sostenibilidad de la deuda. El ajuste programado alcanzaría una cifra en torno a los US$ 3.600 millones de dólares, lo que posibilitaría mantener la estabilidad macroeconómica. 

El ajuste fiscal fue bien recibido en la plaza financiera de Sao Paulo y la prima de riesgo brasileña se situó en los 282 puntos básicos. Además, el Ministro de economía aseguró que en 2021 se pondrá en marcha la aceleración del programa de privatizaciones y desregulación en amplios sectores de la economía. 

Guedes afirmó que la pandemia retrasó la agenda reformista y postergó la privatización de Eletrobras y Correios, pero estableció que buscará instalar el debate en el Congreso para facilitar la transferencia de estos servicios al sector privado, y sacarle un enorme peso financiero a la sociedad.  

Fuente: derechadiario.com.ar