La pobreza total en Venezuela trepó a 94,5 %, según la encuesta de ENCOVI. Este es el porcentaje más alto registrado desde 1975

Nicolás Maduro vociferó ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) que este año Venezuela pasó a una fase «de recuperación y crecimiento sostenido». Se vanaglorió de logros inexistentes de su régimen y habló de la construcción «de un nuevo mundo de paz» y «sin colonialismo, ni imperialismo». Pero su discurso débil y sin base se derrumbó. Ni siquiera la incipiente burbuja económica, producto de la dolarización de facto, puede ocultar la verdad.

La pobreza total en el país es de 94,5 %, reveló la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI). Es el porcentaje más alto desde el año 1975. Sin duda, un nuevo récord para la dictadura. Atrás quedó la promesa del fallecido Hugo Chávez de convertir al país en «potencia económica». Pero tampoco es necesario retroceder tanto para recordar los errores del régimen, porque en enero pasado, Maduro «comprometió» su palabra a la reactivación de la economía y del sector productivo. Lo mismo prometió en 2019, cuando aseguró que ese sería el año de la «estabilización definitiva».

Tanta habladuría quedó desenmascarada en el informe elaborado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). En el período 2014 – 2020, el PIB real muestra una reducción acumulada de 74 %. Además, el tamaño de la población se redujo a 28,7 millones. En otras palabras, el crecimiento demográfico en el último quinquenio fue negativo en -1,1 %. ¿Las razones? Porque poco más de cuatro millones de personas dejaron el país entre 2015 y 2020. Porque hay 340.000 nacimientos que no ocurrieron en Venezuela, debido a que migraron las potenciales madres. Y porque los riesgos de morir han aumentado. Esos son los logros de la revolución.

Paupérrima economía

No hay que esforzarse demasiado para presenciar en primera persona lo que plasma el informe. Basta hablar con una familia regular venezolana para entender las carencias que padece. Con salarios que aruñan la canasta básica, sin acceso a un sistema de salud decente y con escasez de agua y luz por días, semanas o meses.

Entre 2014 y 2021 se redujo el empleo formal 21,8 % (4,4. millones de empleos), 70 % son del sector público y apenas 30 % del privado. Si hablamos a modo general, hoy sólo 40 % de los ocupados lo están de manera formal. La pobreza también incita a la deserción escolar porque los hogares buscan aprovechar la fuerza de trabajo y así compensar la merma de los ingresos familiares.

El apartado sobre la pobreza hace una mención a la crisis de movilidad, ya que esta «afectó más a las ocupaciones y oportunidades de los pobres». El 20 % de los consultados ni siquiera pudo comprar combustible, el primer motivo fue el precio elevado. Y es que con 2,3 dólares de salario mínimo, el preciado bien se hace casi inaccesible.

La pregunta que prevalece entre quienes ven la crisis desde afuera es cómo hacen los venezolanos para sobrevivir. Muchos se mantienen con varios trabajos. Profesionales como profesores y enfermeras recurren a empleos que nada tienen que ver con su especialidad. En otros casos, reciben remesas de familiares del exterior. Sea como sea, los ingresos siempre son insuficientes en un país saqueado por años de corrupción chavista.

La mentira detrás de los bingos y bodegones

El informe repasa que el país ya atravesaba una semiparalización por la recesión económica prolongada, la escasez de combustible, la crisis de los servicios públicos, la baja movilidad internacional. Hasta que llegó la pandemia. Desde allí todo empeoró, impactando negativamente la economía, el empleo y la educación.

Sin embargo, en términos de salud, el COVID-19 no fue la mayor dolencia de los venezolanos. El primer puesto se lo llevaron problemas de tensión y circulatorios que los ciudadanos no pudieron atenderse correctamente. El 54 % hizo alguna consulta en un servicio de salud o farmacia. Mientras que 46 % no acudió a ningún tipo de consulta. Esto se debió a que decidió automedicarse, no tenía dinero para pagar el servicio, o no lo consideró. Respecto a niños menores de cinco años, el 39 % no recibió atención porque le fue suministrada alguna medicación en el hogar o no se tenía dinero.

Este es un breve repaso de la realidad de Venezuela. Una realidad que evidencia lo que se vive en las calles por más bingos, bodegones, nuevas construcciones o concesionarios con vehículos de lujo que haya. Más allá de la burbuja económica, los venezolanos en sus hogares luchan para comprar alimentos y para brindar a sus familiares enfermos la mejor atención médica que pueden conseguir, con esfuerzo y ayuda desde el exterior.

Oriana Rivas – Panam Post

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